Mensaje desde Le Mans: los 'haters' de Alonso, a la cueva

DAVID SÁNCHEZ DE CASTRO
David Sánchez de Castro.
David Sánchez de Castro.
Sportyou

Seguir como aficionado y como periodista el Mundial de Resistencia y las 24 horas de Le Mans se convirtió en una de mis 'pedradas' hace años. Cuando casi nadie seguía esta carrera, el que suscribe y unos cuantos locos se enganchaban a las retransmisiones de Javier Rubio, Tomás Saldaña y Santi Ayala en Eurosport para ver lo que ocurría en unas carreras de coches que se tiraban un día entero dando vueltas al mismo circuito.

Quién iba a pensar que años después, yo iba a acompañar a esos gigantes en la cabina de retransmisión del mismísimo circuito de la Sarthe para contar la victoria con Toyota, un equipo que ha sufrido y caído al barro tantas veces que no se podía hacer otra cosa sino desear que conquistaran la carrera más grande del mundo con una autoridad sin igual.

Convivir día a día en un paddock tan distinto al de la Fórmula 1, en el que todo está tan separado que compensa más seguirlo desde casa, ha supuesto un gran cambio. Han sido unos días memorables, coronados en un podio que no se me va a olvidar jamás y que me ha hecho reafirmarme en una idea que parece que molesta: Fernando Alonso es uno de los deportistas más grandes que ha dado España en su historia. Quizá esos que lo dicen no se dan cuenta de que pasarán muchísimos años hasta que se vuelva a ver a alguien como el asturiano llevar la bandera de España atada a la espalda o a la cintura como lo hizo tras conquistar Le Mans, una prueba llamada a separar a las leyendas de los simples pilotos.

A Alonso se le pueden criticar muchas cosas. ¿Que es seco? Lo es con quienes no conoce. ¿Desconfiado? Lógico: no siempre recibe el cariño que otros sí tienen. ¿Demasiado franco? Eso no es siquiera algo criticable. Pero lo que no se puede decir, ni se podrá decir nunca, es que es un perdedor. Que no lo da todo, jamás. Que no sabe jugar en equipo, imposible: y para muestra su memorable manera de tirar del carro en una noche que ya es historia del automovilismo.

Después de ganar Le Mans, sus críticos, sus 'haters', se pueden ir metiendo en la cueva. Alonso se ha ganado el derecho de levantar la mirada por encima del hombro, ya que muy pocos hombres en la historia han sido campeones del mundo de Fórmula 1 y, después, fueron ganadores en el circuito de la Sarthe. De hecho, sólo tres: Phil Hill, Graham Hill y él.

Espero que la cueva sea cómoda.

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