Somos de plástico. Lo consumimos. Lo acumulamos. Le damos forma. Creamos continentes flotantes. Lo vemos barato y nos lo venden tirado. Ni reutilizamos, ni aprendemos. Hemos tenido que retratarnos una vez más como crápulas de mil demonios para que por fin se pidan cuentas también al productor de la cadena y no solo al consumidor. Reciclemos de una vez.

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