Señor ministro de Industria:

Tal vez le sorprenda que me dirija a usted por su segundo apellido ministerial, porque se habrá acostumbrado a ser llamado por su primer patronímico administrativo: ministro de Economía. Quizá por eso sus responsabilidades relativas a la industria le pesen un poco menos en sus anchas espaldas y le provoquen cierto descuido.

Por ejemplo, en el preocupante asunto de la contaminación por el tráfico. Ya ve, se le han adelantado en eso Barcelona y Madrid.

Los vehículos más contaminantes tendrán prohibida la circulación de lunes a viernes por 40 municipios del área metropolitana de Barcelona a partir de 2019, y desde el 1 de diciembre de este año se aplicará ya la medida en episodios de gran contaminación. Este acuerdo, anunciado la semana pasada, está apoyado por los municipios afectados, la Diputación y la Generalitat.

La contaminación urbana es peligrosa, y ha estado tolerada como antes lo fueron los cigarrillos

En Madrid se comunicó ayer que en la circunvalación M-30 y las vías de acceso a la ciudad se limitará la velocidad a 70 km/hora desde 2018, y que los vehículos antiguos no podrán circular a partir de 2025, entre otras medidas.

Señor ministro, no sé si los municipios barceloneses y madrileño se le están adelantado en el manejo y la repercusión de este asunto. Pero me da esa impresión. Ellos se han mostrado muy firmes ante la contaminación que producen los automóviles, y a usted le noto un poco relajado. Ya ve, me viene a la cabeza que, por fas o por nefas, Volkswagen no ha sido sancionada todavía en España por el fraude en el control de las emisiones contaminantes de sus coches; que a su Gobierno le advirtió al respecto la Comisión Europea en diciembre de 2016, y que los vericuetos administrativos y penales de nuestro país están procurando un aplazamiento del asunto que ya quisieran muchos autónomos para las multas de Hacienda. Todo ello, sin que uno le recuerde a usted ni una iniciativa que permita acelerar estos procedimientos ni un mal gesto de enfado. Educado como es, no esperaba de su persona ningún exabrupto, claro, pero sí algún leve gruñido. Como mínimo.

La contaminación urbana es peligrosa para la salud, y ha estado protegida y tolerada como antes lo fueron los cigarrillos, quizás por el poder de las respectivas industrias. Hacen falta, pues, medidas enérgicas y sin embargo sensatas como las emprendidas en Barcelona y Madrid; y como las que se adoptaron contra el tabaco.

Señor ministro, necesitamos su implicación en esto. Tal vez en algún momento debería poner su segundo apellido delante del primero.

Es gracia que espera obtener usted, Alex Grijelmo