"Haremos lo que haga falta..."

El primer secretario del PSC, Miquel Iceta, este domingo en el 14 Congreso del partido
El primer secretario del PSC, Miquel Iceta, este domingo en el 14 Congreso del partido
PAU VENTEO (EUROPA PRESS)

No se le puede negar su buena voluntad. Miquel Iceta está entregado a la causa de solucionar eso que Pedro consideraba un «problema de convivencia entre catalanes», hasta que Sánchez decidió definirlo como un «conflicto político». La lengua evoluciona. Iceta no necesita hacerlo. Más que evolucionar, el líder de los socialistas catalanes modula sus movimientos en función del viento reinante, así para no renegar del 155 como para pedir un referéndum sobre aquello que se acuerde con los independentistas, sea lo que sea. Porque, como ha dicho con entusiasmo ante los suyos: «Haremos lo que haga falta para que se logre un acuerdo con Esquerra».

Con afirmaciones como esta, quien se sienta al otro lado de la mesa puede estar tranquilo: si tu rival se desarma unilateralmente, la victoria es tuya. De hecho, no parece descabellado preguntarse en qué lado de la mesa se sentará el representante del PSC, Salvador Illa, en la próxima reunión de los socialistas con Esquerra.

Casi cuarenta días después de las elecciones, la sucesión de acontecimientos ha derivado en una paradoja que ya no lo es tanto, por repetirse a menudo: que los socialistas catalanes parezcan estar tan cerca del discurso de Esquerra, que destacados dirigentes del PSOE se agiten perturbados ante el efecto bumerán que ese discurso filonacionalista pueda tener en sus territorios y en el conjunto del país. Hacer buenas migas con un partido cuyo presidente es un sedicioso es poco recomendable, por mucho que estemos en un acelerado proceso de normalización de aquello que ni de lejos es normal.

No es algo nuevo. Hace ya décadas, cuando era el presidente de Castilla-La Mancha, José Bono se quejaba con esa media vuelta maléfica tan suya de que el pacto de hermandad entre el PSC y el PSOE estableciera que los socialistas catalanes tuvieran dos representantes permanentes en la Ejecutiva federal del PSOE, y se preguntaba por qué el PSOE no podía tener dos representantes permanentes en la ejecutiva del PSC. Nunca obtuvo respuesta, y nadie ha cambiado esa inequidad. Siendo el PSOE el partido mayor de los dos, el PSC es muy consciente, sin embargo, de su fuerza, porque el socialismo español nunca gobierna si no es gracias a los graneros de voto que tiene en Andalucía y en Cataluña. Si uno de esos territorios falla, el PSOE pierde.

Los socialistas catalanes encontraron lo que necesitaban en Zapatero, cuando se soltó la coleta y prometió apoyar «la reforma del Estatuto que apruebe el Parlamento catalán». Así, sin red. Y dieciséis años después, Pedro Sánchez negocia su investidura con un partido que proclamó la independencia de Cataluña en 2017, que tiene a su presidente en prisión y a su número dos fugada en Suiza.

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