Sobre víctimas del terrorismo en el Parlamento

María Guijarro  Diputada del PSOE en el CongresoOPINIÓN
Miembros del Congreso sentados en el hemiciclo durante una sesión plenaria celebrada en el Congreso de los Diputados.
Miembros del Congreso sentados en el hemiciclo durante una sesión plenaria celebrada en el Congreso de los Diputados.
Europa Press

Desde hace varios meses en el Congreso uno de los temas recurrentes, además de la pandemia y sus devastadores efectos, es el de las víctimas del terrorismo. Un asunto doloroso para la mayor parte del hemiciclo que suscita debates realmente duros y en ocasiones llevados a los límites de la ética partidista.

Creo sinceramente que aunque derrotamos a ETA hace 10 años, que la derrotamos desde el Estado de Derecho y desde la democracia, queda mucho camino por recorrer. Mucho por reconstruir y mucho por deslegitimar. Y por eso es imprescindible que, aunque en las encuestas sobre los temas que más preocupan a la ciudadanía éste no esté entre los primeros, se lleve a la Cámara de Representantes la memoria de las más de 850 víctimas mortales del terrorismo de ETA y que se hable sobre la situación de sus familias.

Desgraciadamente además de los asesinatos, la violencia terrorista tuvo muchos más efectos: secuestros, extorsión, violencia de persecución y tantos sufrimientos que padecimos la sociedad vasca y española.

"Las víctimas son tan plurales y diversas como nuestra sociedad. Por eso no deberíamos caer en el juego de quien pretende enfrentar a unas con otras"

Pero que en el Parlamento se hable y se dialogue de este tema no debería implicar un uso torticero y partidista de las víctimas. Las víctimas, lo dicen muchas de ellas, a muchas conozco, son tan plurales y diversas como nuestra sociedad. Cada una con sus planteamientos políticos y su manera de ver el futuro. Con su forma de sentir, pensar o ser. Por eso no deberíamos caer en el juego de quien pretende enfrentar unas víctimas con otras. Porque todas, todas merecen respeto y consideración. Solidaridad. Una palabra que contrasta con los exabruptos que escuchamos en ocasiones en el Hemiciclo. 

Decía el otro día el lehendakari Patxi López que "la inmensa mayoría reconocemos que las víctimas y su memoria tienen que formar parte de los cimientos sobre los que construir una sociedad de valores éticos y morales, porque si olvidamos lo que construimos será inmoral y no podemos olvidar".

Y ésa debería ser una de las grandes reflexiones prepolíticas y prepartidistas que nos hiciera trabajar, también en el Parlamento, en la construcción de una memoria deslegitimadora de la violencia. Y para eso, deberíamos dejar fuera del juego parlamentario insultos y gritos en un tema tan doloroso para tantísimas personas.

Aprovechemos el debate parlamentario para reconocer el injustificable daño que el terror ha causado a las víctimas, a todas, para mostrar un inmenso respeto por el sufrimiento engendrado, y reconocer también el dolor que la propia sociedad ha ocasionado a las víctimas, al darles la espalda durante años, buscando inmorales y falsas explicaciones. 

Y desarrollemos una profunda solidaridad con ellas, solidaridad que, más allá de todo tipo de reconocimientos públicos y privados, que también, se debe centrar en el conocimiento de la verdad y el ejercicio de la justicia.

Ofrezcámosles el respeto que se merecen, el respeto que implica no enaltecer ni homenajear a las personas que les han causado ese daño y exijamos, con toda contundencia, a quienes lo hacen o lo justifican que abandonen esas prácticas. Pero no hagamos de esto un espectáculo partidista. Duele demasiado.

La educación de las futuras generaciones en el respeto, el diálogo constructivo, la justicia y la solidaridad está en juego. Como decía Patxi López, es parte indispensable de la construcción de nuestro futuro de justicia, paz y libertad.

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