Borja Terán  Periodista

'Sálvame' y los contenedores de Rocío Jurado: el morbo disfrazado de homenaje

Rocío Carrasco tras abrir un contenedor.
Rocío Carrasco tras abrir un contenedor.
Mediaset

En el último año, la factoría de 'Sálvame' ha logrado envolver el espectáculo de las miserias ajenas en una especie de imagen de ONG con buenas intenciones. Y bien cierto es que la primera parte del documental de Rocío Carrasco ha servido para concienciar sobre la violencia machista desde un programa de entretenimiento masivo. Incluso esta docuserie, llamada 'Rocío Carrasco: contar la verdad para seguir viva', ha realizado un valioso ejercicio de autocrítica para desaprender estigmas habituales en los espacios de corazón y sucesos, donde es habitual que se realicen juicios paralelos con ese paternalismo social en el que las mujeres suelen ser infieles y los hombres galanes de oro.

La docuserie de Carrasco ha sido un éxito en audiencia. Y, como consecuencia, ya está en marcha una secuela. Lleva meses en marcha. Pero el espectador tiene el ojo más crítico que hace un año. Ha quedado al descubierto el modus operandi de los depredadores del corazón. De hecho, 'Rocío: contar la verdad para seguir viva' ha plasmado ese machismo que era el sustento de las noticias de determinados programas en los que la mujer siempre está en desventaja, pues se la sentencia como 'mala madre' si no actúa públicamente como la sociedad patriarcal espera de ella. Aunque esa sociedad no sepa ni quiera saber las circunstancias de sus acciones. 

Ahora la audiencia ya entiende a Rocío Carrasco. Su voz ha sido escuchada y ha podido rebatir todo aquello que se juzgó de ella durante dos décadas en horas y horas de espacios dedicados al corazón y otras vísceras. Pero la segunda tanda de capítulos entorno a Rocío Carrasco en Telecinco ya puede chirriar más. Ya no hay trasfondo social claro, directamente va a hablar de su vida, su madre y, probablemente, conflictos familiares. Resultado: no hay justificación aparente para escarbar en el pasado, es cotilleo puro y duro. Primero se anunció esta secuela con el reclamo de que se iban sacar a la luz unos diarios de la cantante. Sin embargo, la premisa se ha ido reconfigurando para que la trama atraiga sin indignar al personal. Y la transición ha sido el especial de 'Sálvame' de este martes, con la retransmisión del recorrido de los contenedores que cobijan pertenencias de Rocío Jurado desde el almacén en el que se encontraban al plató en el que se grabará la secuela del serial. Así, incorporando una buena dosis de liturgia televisiva al momento logístico, se ha creado un evento épico que ha pretendido remarcar la sensación en el público de estar ante un homenaje único y no ante una exclusiva indiscreta. De esta forma, se intenta justificar una producción que no hubiera gustado nada a la propia Rocío Jurado.  

"Todos vestidos de gala de Nochevieja para ver unos camiones ir de un polígono a otro polígono"

Su intimidad retransmitida en unos contenedores de camino hacia su apertura pública y televisada en 2021 es lo que es: morbo. Pero la tele crea con destreza el evento. Aunque el contenido del programa no cuente nada realmente novedoso. 'Sálvame' se ha vestido de noche en la tarde para intentar remover los sentidos de la audiencia. Y artistas, como Marta Sánchez, cantan canciones de Jurado.  Aunque, en realidad, esto no irá de cantar sus canciones. Esto, más bien, irá de cantar de otra forma. Sin embargo, el ritual escénico de todos vestidos de gala de Nochevieja para ver unos camiones ir de un polígono a otro polígono busca sugestionar en el espectador un clima de día "histórico" para que, tal vez, nada parezca una exclusiva sensacionalista que pueda enturbiar la buena imagen cosechada por la primera parte de la docuserie, 'Rocío: contar la verdad para seguir viva'. Pero esta segunda parte es otra historia, más cercana a la 'Tómbola' televisiva clásica de ver si se saldan cuentas familiares frente a la audiencia. Ahí está el interés mediático. Así que, de momento, en Telecinco repiten mucho, mucho, mucho lo de que es un bonito homenaje. Por si cuela, aunque la audiencia ya intuye el truco. Por qué lo llaman homenaje cuando quieren el espectáculo del morbo nacional. 

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