Borja Terán  Periodista

Rigoberta Bandini: una oportunidad perdida para España y un triunfo musical más allá de 'Eurovisión'

Rigoberta Bandini en la final del Benidorm Fest
Rigoberta Bandini en la final del Benidorm Fest.
RTVE
Rigoberta Bandini en la final del Benidorm Fest.
EFE

Ay mamá lo tenía todo para brillar en Eurovisión, pero tampoco le hacía falta Eurovisión. Ay mamá combina la filosofía de todo lo que funciona en un buen prime time: Abba, Mocedades, Cecilia y hasta un punto de Chikilicuatre. En el buen sentido de la palabra Chikilicuatre, claro.

La inteligencia de Bandini y su núcleo familiar ha sido convertir su himno en una celebración de la reivindicación. Sin trascendentalidad, con carisma. La propuesta escénica tiene la inteligencia de la ironía unida con la seguridad de creer en uno mismo. No han intentado emular fórmulas de tópicos eurovisivos, directamente han elegido el camino de un performance made in Bandini. Con mucho humor, hasta con cierta socarronería. Socarronería que ya utilizó Chikilicuatre como personaje paródico ligero. Era una situación diferente, pero caló porque la propuesta era una idea concreta. Rigoberta también llevaba una idea concreta y encima con trasfondo de compromiso real con la sociedad. Una tarareable canción, hables el idioma que hables, compuesta con mimbres que sobrevivirán más allá del festival.

Ay, mamá es un tema consciente de su tiempo. Pero que, además, se ha sabido mostrar en el escenario del Benidorm Fest a tono con la personalidad de Rigoberta y su entorno. Con todos los riesgos que eso conllevaba, porque no todos los jurados lo entenderán. Viva la osadía. Un viaje que va de quitarse el velo para dar la vuelta al hooliganismo patriarcal del que venimos. Una historia con evolución en crescendo para terminar con la apoteosis de danzar entorno al globo terráqueo que es la teta de la que todos venimos. Todo un ritual. Aunque matizado con más detalles:  

Como Abba, la coreografía ha logrado un punto pegadizamente excéntrico que destaca por auténtico entre la multitud de propuestas del show. No se parece a nada. Y, por eso mismo, será recordada por la audiencia. Más que la de la ganadora Chanel. Paradojas.

Como Mocedades, Rigoberta controla la mirada a cámara. No canta al aire de un concierto, interpreta con mensaje dirigiéndose al espectador. Busca la comunicación bidireccional, busca constantemente que te entiendan aunque no entiendan tu idioma, que es vital en televisión: no olvidar la comunicación verbal y no verbal con el público. Y el Benidorm Fest, al igual que Eurovisión, es un programa para ser visto por la pantalla. Del tamaño que sea, ya sea la tele o el teléfono móvil.

El baile a cuatro de la aparición del estribillo del mamamamama crea una estampa única. Ellas, vestidas con el arte de los tapetes que bordaban las mamás de antaño. Ellas, bailando unidas. Pero con una elocuencia de estar disfrutando más que estar compitiendo o luchando. Bandini no necesita sorprender con una perfección coreográfica. Porque Rigoberta no representa la perfección, representa la expresividad con valores. La letra no es vacía. Narra realidades importantes. Cuenta la manera en la que las mujeres nos han salvado desde una cotidianidad con unas condescendientes reglas del juego que invisibilizan. La letra de la canción nos moviliza porque no está colocada para rellenar una melodía prefabricada, característica que empezaba a ser habitual en nuestras candidaturas al eurofestival

Ay mamá es una canción con sentido y sentimiento. Pone a la sociedad a moverse a través de ideales. Ideales que no es lo mismo que ideología o marketing. No, ideales que ponen el foco en cómo somos como sociedad, que nos hacen pensar a la vez que nos permiten intentar abrazar libertades reales mientras bailamos. Quizá Ay mamá sería un antes y un después en la participación de España en Eurovisión. Pero irá Chanel al festival. Tal vez Ay mamá llegó demasiado pronto, demasiado revolucionaria. Una pena, pues divas perfectas en Eurovisión hay y habrá muchas, pero mamá sólo hay una. 

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