¿Prohibido divertirse?

Joan Ferran Historiador y articulistaOPINIÓN
Cartel de "Prohit Divertirse" en Barcelona.
Cartel de "Prohit Divertirse" en Barcelona.
J.F.

Que el ocio, la diversión y el 'dolce farniente' contribuyen al relajo y a hacernos la vida más agradable no lo discute nadie. Pero de ahí a idolatrar el esparcimiento irresponsable va un abismo. Jugar con la salud colectiva a cambio de unas horas de desahogo no tiene justificación alguna. 

Observo con perplejidad un cartel pegado en un muro de mi ciudad donde destaca la quejosa frase: Prohibido divertirse. Me disgusta porque nadie ha pedido que dejáramos de divertirnos, gozar o reír; tan solo nos reclaman, por nuestro propio bien, máxima precaución y medidas de seguridad

Con enojo contemplé, en televisión, como en Euskadi un grupo de jóvenes se resistía a abandonar una fiesta ilegal con gritos de "¡Libertad, libertad!". Mi disgusto siguió en aumento al observar, en Madrid, como trescientas personas eran desalojadas de una sauna y futbolistas profesionales participaban en fiestas inseguras y multitudinarias. La tolerancia policial con la ‘rave’ de Llinars, o la cabalgata ‘okupa’ de Gracia, me ha abrumado. 

El derecho al ocio y la diversión no puede, ni debe, estar reñido con las exigencias sanitarias que demanda la lucha contra la pandemia. Las medidas y restricciones aplicadas al respecto no son un capricho de las autoridades sanitarias. 

Contaba el filosofo estadounidense, Irwin Edman, que la mejor prueba de la calidad de una civilización era la calidad de su ocio. No se si el ilustre pensador pudo llegar a mesurar el nivel de estupidez de algunos ‘civilizados’.

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