Encarna Samitier  Directora de '20minutos'

¿Cómo escuchar a Zelenski?

El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski.
El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski.
PRESIDENCIA DE UCRANIA

Va a ser difícil escuchar a Volodimir Zelenski, el hombre que viene de pisar la tierra ensangrentada de Bucha, en los asientos del Congreso de los Diputados sin resistir la tentación de ponerse en pie y seguir así su intervención.

Le pasó al poeta Aleksandr Tvardovski, director de la revista literaria ‘Novy Mir’, cuando se dispuso a leer el manuscrito de ‘Un día en la vida de Ivan Denísovich’, de Alexander Solzhenitsyn. A principios de los años sesenta del siglo pasado, la apertura de Kruschev facilitó la edición de la novela, que narra la durísima jornada ‘normal’ de un preso en un campo de concentración. Era de noche y el director de la revista estaba en su casa, en pijama. Avanzada la lectura del texto, y como homenaje al autor y al sufrimiento que describía, un impulso le llevó a vestirse y a continuar leyendo esas páginas en pie.

El presidente de Ucrania hablará hoy ante la Cámara española a las cuatro de la tarde. Acaba de visitar Bucha, escenario de una matanza que ha estremecido al mundo. Zelenski sabe que, tarde o temprano, acabará sentado frente a Vladimir Putin, negociando con el hombre que está ordenando arrasar las ciudades de su país en una escalada que incluye la ejecución de civiles, ancianos, mujeres y niños. El presidente ruso, lector de filosofía e historia paneslavista, forjado en el KGB y nostálgico de la antigua Unión Soviética, entiende la violencia como un instrumento para doblegar al enemigo.

Las atrocidades que deberían llevarlo a ser juzgado por crímenes de guerra quizás no le quiten ni un minuto de sueño. Pero sí que le está perturbando la resistencia de un país dirigido por un actor que pasó de un día para otro a convertirse en un presidente que desmonta la propaganda de Putin. Es un judío al frente del pueblo al que hay que ‘desnazificar’; es el nieto de un soldado que sirvió al ejército ruso en la Segunda Guerra Mundial; un hombre que aprendió ucraniano después de ruso.

En estos cuarenta días, Zelenski ha perdido la ingenuidad populista que le hizo meter la pata en la campaña de 2019 y que le llevó a sostener que conseguiría fácilmente un alto el fuego en el Donbás cuando fuera presidente: “Nadie quiere la guerra”, sostuvo. En vísperas de las elecciones, un diplomático europeo explicó así sus altas posibilidades de éxito en un país harto de políticos corruptos: “Como en la antigua Roma, si se presentara un caballo, ganaría al resto”.

Putin tiene una fuerza militar superior a la de su rival, pero no contaba con la valentía de Zelenski. “No necesito un taxi”, respondió horas después de la invasión, cuando Estados Unidos le ofreció sacarlo del país para librarlo de un atentado.

Europa no puede dar a Zelenski una intervención militar directa. Pero sí puede endurecer las sanciones. Trabajar para llevar a Putin ante la Justicia. Y escuchar, con respeto y atención, el alegato en favor de la libertad y la democracia que nos despierta de esa clase de letargo en el que se da todo por hecho.

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