Borja Terán  Periodista
OPINIÓN

Pedro Piqueras a contracorriente

Pedro Piqueras y su eterno decorado.
Pedro Piqueras y su eterno decorado.
Mediaset

Vivimos la época en la que el espectador llega a los informativos más impaciente que nunca, pues siente que ya se sabe todas las noticias: ha accedido a ellas durante el día a través del flujo constante de impactos que recibe por todas las pantallas. Incluida la del teléfono móvil, compañía inseparable.

Como consecuencia, los Telediarios se han ido reinventando. Ya no basta con su costumbre de contrastar, resumir y ordenar el flujo informativo del día, ahora para atraer el interés del público hay que aportar un plus de calidad o de efectismo. O los dos elementos juntos. De ahí que los informativos ya lleven años poniendo a sus presentadores a caminar entre gigantes paredes de led donde proyectar la vida y espectaculares realidades virtuales donde recrearla. Además de narrar lo que acontece, necesitan explicarlo de tal forma que el espectador sienta que está viviéndolo en directo. Porque se ha ido asentando la percepción de que al público no le vale con una noticia grabada clásica. Entonces, tal vez se aburra y cambie de canal. Así que hay que movilizar los sentidos de una audiencia que, dicen, acude a la tele en masa si cree estar asistiendo en tiempo real a un acontecimiento histórico.

"La audiencia acude a la tele en masa si siente estar viviendo en tiempo real un acontecimiento histórico"

De esta forma, la mesa de los informativos de las diferentes cadenas se ha ido haciendo más pequeña para dar paso a espacios más versátiles en los que se pueda recrear cualquier tipo de situación como golpe de efecto que atraiga y que debería hacer más fácil de entender la noticia en cuestión. Para ello, los decorados se han simplificado a gigantes paredes de vídeo y un suelo brillante, ideado para que se refleje bien cualquier animación de realidad aumentada. Esas que, de repente, consiguen que aterrice un avión dentro del plató. Un avión de mentira, claro.

Sin embargo, con tanta pantalla y suelo brillante, el resultado es que todos los platós empiezan a parecer el mismo. Las cadenas van perdiendo sus señas de identidad. Todas, menos Telecinco. Ahí sigue Pedro Piqueras sentado en una mesa situada delante de su característico skyline de cartón-piedra. Informativos Telecinco no ha caído todavía en las grandes pantallas intercambiables. Su escenografía es clásica. Es más, lleva 15 años con el mismo decorado. Lo que produce mucha guasa entre los fans de la tele.

En estos 15 años, las dinámicas de Informativos Telecinco sí que han evolucionado. Aunque no lo parezca. Como el resto de las cadenas, su sintonía cada vez es más breve. El programa directamente abre su emisión con un impacto informativo para retener la curiosidad del espectador y que no cambie de canal en ese rato que suenan las fanfarrias de apertura.

Y justo ahí estriba parte de la fuerza de Pedro Piqueras: va al grano. No necesita levantarse de la mesa y regodearse en cómo 'deconstruir' sus rascacielos de fondo y que muten en gráficos e imágenes que subrayan lo que está contando. El periodista de Mediaset construye su relato con un concreto ir y venir de conexiones con los lugares de la noticia. Su plató es como un epicentro desde el que se va conectando con la calle y reporteros desplazados, enviados especiales siempre con un código de vestuario unitario que busca cierta elegancia asociada a la credibilidad.

La mejor realidad aumentada no es otra que salir del plató y plasmar la calle. El espectador de Telecinco no se distrae con elementos accesorios y siente que si ocurre algo el canal estará allí, in situ, ya que el informativo se basa en dar paso a puntos de directo desde un universo propio y hasta parodiable. Porque el decorado de Informativos Telecinco es cutre, sí, pero ahora mismo y paradójicamente es de lo más reconocible de todas las cadenas. Es distinto, tiene un azulón sello propio. Piqueras puede parecer que se está quedando atrás, pero para contar bien la actualidad es más necesaria la mirada propia contracorriente que quedarse magnetizado por esa tendencia general que, al final, te puede poner a caminar como un dibujo animado hacia ninguna parte. 

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