'Médico de Familia' y la culpa del trasnochado prime time español

Elenco de la ficción 'Médico de Familia'
Elenco de la ficción 'Médico de Familia'
Telecinco

Médico de Familia tiene parte de la culpa de la televisión con horarios tan trasnochados que hemos sufrido en España en los últimos tiempos. El gran éxito de la serie del Doctor Martín hizo que Telecinco decidiera estirar unos minutos la duración de cada capítulo para ganar una pausa publicitaria más a precio de prime time, el horario de máxima audiencia.

Con esta táctica, no sólo consiguieron más publicidad: se percataron de que la cuota de pantalla crecía al alargarse la ficción a franjas más nocturnas en las que se emitían ofertas menos competitivas en los canales rivales. Por tanto, ese tramo final hacía crecer la media de gente sentada frente al televisor que conectaba con la ficción de Globomedia.

Era sólo el comienzo. Poco a poco, las cadenas se fueron percatando que podían rellenar toda su noche alargando el mismo producto y que, así, encima, lograban un mejor titular de media de audiencias. Resultado: los programas y series iban cada vez retrasando más su comienzo y su final hasta la desaparición de los shows de late night en abierto. La publicidad más floja en ese horario tardío hacía supuestamente menos rentable un 'Crónicas Marcianas' y salía más a cuenta llenar toda la franja de noche con prácticamente el mismo formato de televisión. Sólo una inversión en una emisión cuando en los noventa se producían hasta tres programas diferentes para completar ese horario. 

Al mismo tiempo, esta estrategia también fue obligando a retrasar el comienzo de los programas estelares. Cada vez más tarde. De arrancar a las 9 de la noche hace treinta años a empezar prácticamente a las once. Y este método coló. Durante años. Sin embargo, ahora, una circunstancia ya ha cambiado: tras la pandemia nos acostamos antes y, además, la audiencia ya se ha acostumbrado a ver las series en las plataformas bajo demanda sin tener que acostarse demasiado tarde.

El público quiere conciliar mejor horarios y los grandes consumos televisivos se vuelven a agrupar en franjas más tempranas. De 8 a 11 de la noche es el verdadero prime time. Lo fue antaño y lo vuelve a ser ahora. Las cadenas tienen que resetear sus viejos trucos para ganar más share y vender más publicidad. O perderán la fidelidad de las audiencias de masas.

Para recuperar públicos en la televisión clásica, en cierta forma, hay que regresar al origen. Los programas son más fáciles de consumir cuando son más cortos, cuando su duración va unida a lo que determina su contenido. El público pierde interés de los espacios que se estiran gratuitamente para llegar hasta las dos de la mañana y, de esta forma, tener mejor media de cuota de pantalla. Se prima un promedio numérico de personas sentadas frente al televisor, cuando quizá se debería cuidar más el número total de personas reales que siguen viendo el programa en cuestión porque les está interesando.

Pero, cuando los programas trasnochan, gran parte de esa audiencia se queda dormida por el camino y termina perdiendo el hilo de la historia que se narra. Así no se enganchan, se van y no vuelven. Así programas que podrían ser un superéxito lo son menos, pues su duración invita a tirar la toalla y desconfiar de la tele. Porque no piensa en la experiencia de visionado del público, piensa en un frío promedio de audiencia. 

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