La suerte de la Constitución

Imagen de un ejemplar de la Constitución española.
Imagen de un ejemplar de la Constitución española.
ARCHIVO

Nadie valora la suerte de tener una buena Constitución regulando nuestras vidas en sociedad como los que vivieron algún tiempo sin ella. Los españoles somos un ejemplo. Costó muchos sacrificios conseguirla y tenemos muchas pruebas de lo que hemos ganado con sui creación, empezando por la estabilidad que proporciona, pasando por el desarrollo experimentado y acabando por el prestigio internacional que nos ha devuelto.

Hay personas que no lo entienden así y se olvidan de que gracias a la Constitución que tenemos pueden expresar su descontento y reclamar su reforma y hasta su supresión. Somos 47 millones de españoles y es imposible una Constitución al gusto o interés de todos. En realidad, lo más normal es que no está al cien por cien de los deseos de cada uno. Su éxito precisamente es que nos ofrezca un marco amplio de libertad e igualdad a todos.

Y para eso siempre se imponen renuncias. Hay ciudadanos que quieren instrumentalizarla en su beneficio. Y eso se impone evitarlo. Una Constitución no puede estar cerrada herméticamente a actualizaciones puntuales, pero si inamovible frente a quienes exigen que legitime sus ambiciones políticas o ideológicos. Muchos de estos son los que pretenden cambar la unidad territorial o el eje que, es la Monarquía.

La Monarquía garantiza una continuidad democrática que no aseguran otros sistemas. Creen que con ellos en la estructura del Estado van a poder conseguir mejor lo que ambicionan. Por eso se impone defender la Constitución que hoy celebramos, mantener viva su imagen pública, y, eso también, cuando sea necesario y cuente con el respaldo mayoritario, darle algún retoque para mantenerla siempre joven.

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