Joaquim Coll  Historiador y articulista

El doble error de Merkel

La excanciller alemana, Angela Merkel.
La excanciller alemana, Angela Merkel.
DPA / Europa Press

Cuando hace unas semanas Angela Merkel abandonó la cancillería tras 16 años en el cargo, todo fueron elogios. Hizo una gira de despedida por Europa en la que cosechó grandes aplausos. Su forma calmada de tomar decisiones le dio un liderazgo que fue creciendo con el tiempo, también como firme europeísta. Pero su mandato no estuvo exento de errores, empezando por las políticas de austeridad y siguiendo con el tema energético que ahora tanto nos preocupa.

En 2011 tuvo lugar la catástrofe nuclear de Fukushima por un tsunami, no por culpa del reactor, y Merkel tomó una decisión precipitada, emocional: se dejó arrastrar por las manifestaciones ecologistas y dictó el apagón nuclear, cuando en la campaña de 2005 había asegurado que las centrales alemanas eran las más seguras del mundo. Prometió que el 23% de la electricidad que generaban se supliría con renovables, pero desde entonces Alemania ha quemado más carbón polaco y comprado más gas ruso que nunca. Aunque el salto en renovables ha sido espectacular, es insuficiente para compensar el cierre de las nucleares. Una decisión que, además, ha ido encareciendo el precio de la energía desde mucho antes de la actual subida.

Si el primer error de Merkel fue sumarse al apagón nuclear, el segundo fue elegir al gas como energía de acompañamiento en la transición energética por tres razones: a diferencia de la nuclear, el gas emite CO2, es más caro y ha creado una fatal dependencia de Rusia. La construcción del gasoducto Nord Stream II ha profundizado en ese error. EEUU está negociando ahora mismo con Qatar para enviar gas licuado a Europa por si Putin invade Ucrania y hay guerra. Pero Alemania no puede vivir sin el gas ruso, y por eso la Unión Europea tiene ahora una posición débil frente al nuevo órdago del Kremlin. En el otro lado, Francia, abastecida en un 70% con energía atómica, es independiente y nadie allí cuestiona que se redoble esa apuesta construyendo minirreactores. Mientras Francia exporta energía, Alemania compra.

Merkel se equivocó en 2011 porque si hoy su país tuviera nucleares sería más libre y no pagaría tan cara la energía. Pero lo más sorprendente es que criticar el apagón nuclear se ha vuelto un tabú en Alemania, pues solo la extrema derecha lo cuestiona abiertamente. Por fortuna, la posición antinuclear germana es minoritaria en Europa. Se opone a la propuesta de Bruselas de catalogarla como energía "verde", pero en cambio propone incluir al gas, que contribuye al cambio climático.

Para el objetivo de emisiones cero en 2050 la incongruencia alemana es absoluta. En España la posición del Gobierno Sánchez también es incoherente: no apoya a las nucleares, pero no puede cerrar las que quedan ni dejar de comprar energía atómica a Francia.

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