No funciona la centrifugadora

Iñaki Ortega  Doctor en Economía y profesor de la Universidad Internacional de La Rioja UNIROPINIÓN
Varias personas con cita previa esperan para entrar en una oficina del SEPE (antiguo INEM), en Valencia, Comunidad Valenciana (España), a 12 de febrero de 2021.
Varias personas con cita previa esperan para entrar en una oficina del SEPE (antiguo INEM), en Valencia, Comunidad Valenciana (España), a 12 de febrero de 2021.
Rober Solsona - Europa Press

Igual todavía te acuerdas de cuando estudiábamos la fuerza centrípeta. Las leyes de Newton demostraban que existía una fuerza hacía el centro en la trayectoria circular de un objeto. La pandemia no ha hecho más que consolidar una potente tendencia socioeconómica de situar todo el protagonismo en las cohortes centrales de edad, es decir entre los 25 y los 55 años. Una fuerza centrípeta imparable que deja fuera del foco a los jóvenes de la generación Z y a los seniors. Me explicaré.

Acaban de conocerse los datos de desempleo juvenil y España lidera esta estadística en Europa con más de un 40%, casi triplicando la media de los países desarrollados (14% en la OCDE). Somos el peor país de nuestro continente para encontrar trabajo entre los 16 y 24 años. Al mismo tiempo 2020 terminó como uno de los peores de la historia para el talento senior. Trabajar y tener más de 55 años es casi ya una utopía en nuestro país con la tasa de actividad en esta cohorte de edad más baja de Europa.

La crisis social que ha traído la Covid-19 también ha seguido fielmente esta fuerza centrípeta. La población que está en la edad central, por debajo de los 50 años, asiste cómodamente al espectáculo de criticar todos los fines de semana a los inconscientes jóvenes que hacen lo que todos hicimos a su edad. De la misma forma que con un miope paternalismo defienden medidas más estrictas para los que superan los 55 años y así protegerles del virus. Simple y llanamente edadismo o discriminación por edad lo han bautizado los expertos. 

25 millones de españoles quedan fuera
de las prioridades de las autoridades
y de la lógica de la economía

¿Cómo es posible que la mitad de la población quede fuera de las prioridades de nuestras autoridades y de la lógica de la economía? No se entiende, pero así es. Más de 25 millones de españoles que no están en esa franja de edad central, de entre los 25 y los 55 años, y por tanto no diseñan las políticas públicas, no elaboran los presupuestos ni tampoco las campañas de publicidad y por supuesto no participan de las estrategias empresariales.

Junto a la fuerza centrípeta, en el colegio nos enseñaban la centrífuga. La fuerza centrífuga como su etimología indica –huir del centro– es la tendencia a alejarse del eje sobre el cual gira. Las aplicaciones de esta fuerza son muchas, pero la que más usamos es la función de su mismo nombre en las lavadoras. Las rápidas vueltas del tambor permiten eliminar la humedad y por tanto secar la ropa.

A la luz de los tristes datos económicos y sociales de los más jóvenes y los adultos mayores, tenemos que gritar que la centrifugadora en España no funciona. No hay planes, políticas ni actuaciones público-privadas para luchar con esa fuerza que prioriza las edades centrales y que discrimina a la generación Z y a los conocidos como silvers. No nos queda otra que arreglar la centrifugadora en nuestro país, lograr una fuerza que nos saque de la inercia y así tener en cuenta a los jóvenes y los seniors.

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