Desde el circo al poder

Boris Johnson
Boris Johnson durante las elecciones.
EFE/EPA/WILL OLIVER

Muchos británicos y buen número de extranjeros han venido considerando que Boris Johnson tenía más vocación y aptitudes de payaso que de político. Pero acaba de ratificar que ambas condiciones no son incompatibles: desde que en Italia el Movimiento 5 Estrellas cobró máximo protagonismo en la política y en Guatemala y Ucrania, los presidentes ejercieron entes la noble y divertida profesión de payaso, esta coincidencia pintoresca ha cobrado ya cierta tradición que ayer se vio reforzada en el Reino Unido.

Boris Jonhson nunca fue payaso de profesión, en sus años mozos fue periodista y látigo contra la Unión Europea desde su corresponsalía en Londres. Pero siempre se le reconoció una habilidad y predisposición al esperpento en el ámbito de la política. Unos meses atrás pocos apostaban un chelín por su éxito en las elecciones y su empeño firme de ejecutar el Brexit que desde hace tres años venía flotando entre negociaciones, aplazamientos, tiras y aflojas entre Londres y Bruselas.

Pero quienes expresaban verbalmente y por escrito sus dudas sobre el líder que cada mañana sorprendía con alguna declaración más propia de un Donald Trump que de un líder torie británico, se equivocaron. Primero logró desplazar a la endeble Theresa May, imponerse a sus fieros rivales en Westminster y para allanar el terreno a sus planes convocar elecciones anticipadas y ganarlas, de una manera aplastante. Serán unas elecciones que harán historia, sentenció un veterano comentarista de la BBC.

Ha revalidado la mayoría absoluta en la Cámara de los Comunes con 364 escaños de un total de 650, ha infligido una derrota sin precedente al eterno partido rival, el Laborismo, a su adversario directo Jeremy Corbyn, que ya ha anunciado que abandonará la política, y ha dejado fuera de juego a los demócrata liberales – el partido bisagra pro europeo – y a su líder, Jo Swinson, que en cuanto vio que su escaño se volatilizaba, dimitió en el acto. Fue, ya digo, una victoria sin reservas que le permitirá ejecutar el Brexit, ya sin más discusión ni dilación, el 31 enero.

Trump y Johnson algo nos harán reír, seguro; pero también amenazan con hacernos llorar, así que ya veremos si compensa

Quienes albergaban esperanzas de que un nuevo referéndum revirtiera la ruptura, ya no tienen argumentos para asirse. El propio Jonhson se apresuró a recordar anoche que el Brexit será una realidad plena dentro de seis semanas. Para ello se ejecutará el último acuerdo, ya el tercero, concertado con Bruselas. Claro que el abandono aún tiene que cerrar cuentas y afrontar algunas cuestiones que no están bien amarradas como el futuro del Ulster o la reacción de los escoceses dispuestos de celebrar un nuevo referéndum independentista el próximo año.

El resto de los problemas tendrán que afrontarlo los ciudadanos, que verán como la economía se resiente y, por supuesto, los extranjeros residentes en el Reino Unido cuyo futuro inmediato tropezará con dificultades e incertidumbre. Y, por el contrario, los británicos que residen fuera – millones de jubilados, en buena parte en España – que perderán ventajas al quedar fuera de los servicios de los países en que residen. Aunque estaba bastante cantada, la victoria de Johnson reforzará las relaciones entre el Reino Unido y los Estados Unidos.

Trump y Johnson, actuando en sintonía con su vis cómica en el ámbito internacional, algo nos harán reír, seguro; pero también amenazan con hacernos llorar, así que ya veremos si compensa.

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