El acuerdo

El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez y el líder de Podemos, Pablo Iglesias.
El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez y el líder de Podemos, Pablo Iglesias.
Jesús Hellín - Europa Press

En abril de 1979, con nuestra democracia recién nacida, los partidos de izquierda que le habían dado sus dimensiones progresistas (era y es de las más avanzadas del mundo) ganaron por goleada las elecciones locales y desde entonces gobernaron juntos durante décadas, repartiéndose con naturalidad concejalías y alcaldías. 

Aquellos acuerdos contaron siempre con el respaldo de sus votantes. Las bases del PSOE no participaban del anticomunismo de sus dirigentes y las del PCE, luego de IU, no asumían el sorpasismo de los suyos: votaban mayorías progresistas, querían gobiernos progresistas y... santas pascuas. 

Lo mismo ha ocurrido en fechas más recientes, ya con Podemos y grupos afines en escena, en algunas autonomías y ayuntamientos. Quienes votan opciones progresistas quieren gobiernos progresistas sin complejos y más después de ver salir del armario a la derecha más feroz y menos acomplejada. Lo increíble es que esa derecha haya tenido que sacar 50 escaños para que Sánchez e Iglesias echen su firma, después de desperdiciar oportunidades históricas.

Pero a la fuerza ahorcan y las urnas se lo han dejado claro: ahora o nunca. No sabemos cómo les saldrá el acuerdo, pero sabemos cómo les ha salido el desacuerdo: con dos millones de votos menos y más escaños que nunca para la extrema derecha. 

Sabemos también que el mapa político actual exige pactos y los pactos exigen ‘digodiegos’ y cesiones. Las que están haciendo no hay que apuntárselas en el debe sino en el haber, por más que alimenten la maldita hemeroteca. Hay algo que nadie puede poner en cuestión: ese pacto cuenta con el aplauso de sus votantes, incluidos los que el 10-N se quedaron en casa porque no entendían nada de nada.

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