Melisa Tuya Redactora jefe de '20minutos'
OPINIÓN

Derrapando

Un perro se refresca en una fuente.
Un perro se refresca en una fuente.
Ricardo Rubio / Europa Press
Un perro se refresca en una fuente.

Tener un gato o un perro es una responsabilidad enorme en muchos sentidos, también respecto al resto de la sociedad. Sobre uno de esos sentidos trata un artículo que hemos publicado esta semana en Animaleros; ese "tranquilo, no muerde" que demasiadas veces esconde una falta absoluta de control sobre el animal

Está genial poder llevar suelto a nuestro perro, que tanto él como nosotros disfrutemos del camino en libertad, pero solo es posible si tenemos una buena llamada; si hemos trabajado, como bien apunta la educadora canina y colaboradora de Animaleros Sonia Losada, que regrese a nuestro lado incluso derrapando si así se lo pedimos.

Es importante en primer lugar por su seguridad: un coche que llega por un camino inesperado, un conejo que propicia una persecución o un petardo a destiempo pueden desencadenar una tragedia. Si estamos en un entorno o situación en la que pueda haber riesgo de que salga corriendo y no regrese a nuestro lado si le llamamos, no quedará más remedio que tirar de correa. Las hay muy largas, que le permiten disfrutar del paseo olfateando a su antojo. Y no, no me refiero a las extensibles.

Es importante también por los demás: personas con perros que, por el motivo que sean, no quieran acercamientos de otros canes; otros paseantes con miedo a los perros; ciclistas o corredores que no tienen por qué alterar su ritmo...  

Con constancia, evitando regañinas y con premios apetitosos, no es complicado ejercer ese control. Nuestra libertad no puede importunar al resto.

Mostrar comentarios

Códigos Descuento