Borja Terán Periodista
OPINIÓN

'El Grand Prix del Verano' vuelve a TVE: debilidades y fortalezas de un nostálgico retorno

El verano de 1995 Televisión Española nos alegró las noches estivales con uno de los concursos que más ha enganchado a la audiencia española. Se estrenaba entonces el ‘Grand Prix’ (1995-2009), presentado por Ramón García, uno de los rostros míticos de la casa y que regresará a nuestros hogares el próximo verano con él al frente y el youtuber Ibai Llanos. ¡Imperdible!
Imagen de archivo de El Grand Prix
RTVE
El verano de 1995 Televisión Española nos alegró las noches estivales con uno de los concursos que más ha enganchado a la audiencia española. Se estrenaba entonces el ‘Grand Prix’ (1995-2009), presentado por Ramón García, uno de los rostros míticos de la casa y que regresará a nuestros hogares el próximo verano con él al frente y el youtuber Ibai Llanos. ¡Imperdible!

Vuelve El Grand Prix del Verano a Televisión Española, la cadena donde triunfó durante diez años, entre 1995 y 2005. Una década en la que creó un todopoderoso vínculo con aquellas generaciones de niños que crecían disfrutando con los traviesos trompazos de las coloristas pruebas del parque de atracciones de Ramón García. El espacio desprendía una emoción tan especial que, desde que fue cancelado -a pesar de que seguía triunfando en audiencias-, se ha pedido su retorno. Una y otra vez. Tal vez porque todos queremos regresar a aquellos veranos más despreocupados, en los que para distraernos sólo bastaba la carcajada de ver cómo explotaba un globo hiperhinchado en la cara de un famoso.  

Y, al final, los deseos de las redes se han hecho realidad. Quizá, a veces, hacemos demasiado caso a las redes... Casi veinte años después, TVE se ha atrevido a aprobar en su consejo de administración el retorno del formato. Con la nostalgia que produce en la audiencia, la cadena se asegura que el programa se visibilice solo. El recuerdo apasionado de varias generaciones lo autopromocionará.  Pero, ¿de verdad hoy verán el Grand Prix? La sociedad está en otro punto. Sucedió en 2004 con el retorno de Un, dos, tres... responda otra vez. El público asistió en masa a la primera emisión. Sin embargo, el efecto morriña se esfumó rápido. El emblemático concurso se desmoronó.  Ya había pasado su momento.

El hándicap de El Grand Prix está en que ya no somos niños y ya no puede tener vaquilla, que era lo que hacía diferente a esta competición, que es una mezcla entre Humor Amarillo y Juegos sin fronteras. De hecho, en su primera temporada en emisión, bajo el nombre de Cuando calienta el Sol, el show no destacó lo suficiente. Faltaba la vaquilla que se incorporaría al año siguiente y ayudó a convertir a la idea de Europroducciones en un fenómeno. La vaquilla corriendo frente a los participantes aportaba un elemento icónico de emoción, tensión y disrupción que, además, entroncaba con la cultura española del momento.  Y se le podía poner nombre, con rima. Cosa que hoy parecería una horterada retro, pero entonces tenía su gracia infantil.

Tampoco TVE cuenta ya con su gran plató en los Estudios Buñuel, donde producir en el corazón de la corporación un formato fusionando la experiencia de los realizadores de la cadena pública con la creatividad de la productora del show. No es un punto baladí, pues el sólido bagaje de la casa siempre daba el toque maestro a los rimbombantes formatos de los 90. Hasta el exitoso delirio de Noche de Fiesta perdió ese punto profesional que hacía brillar al caos cuando se recuperó con el título de 'Alfombra Roja Palace' y se hizo fuera de RTVE. En este sentido, la actualización del Grand Prix no puede quedarse a medias tintas o parecerá cutre. Ya de por sí, aunque esté bien hecho, deberá luchar contra los recuerdos mitificados en la memoria colectiva. Porque ya no tenemos los ojos de los años noventa.  

Aunque, sobre todo, lo que debe seguir intacto y, así, El Grand Prix del Verano mantendrá parte de su esencia es su habilidad para celebrar los pueblos de España con la travesura que nos une, representada en unos concursantes con los que eran fácil identificarse porque eran vecinos reales de los pueblos que sólo iban a jugar orgullosos de su villa. Nada de castings prefabricados con guapos y otros prototipos de manual, eran gente como nosotros, representaban la sociedad plural de la calle. Esa que no se pelea como en Twitter. 

Gentes con sus timideces, con sus naturalidades que se lanzaban a los troncos locos o sufrían las manos musicales. Juegos que no pueden faltar, al igual que la pegadiza y larga sintonía que nos despertaba la percepción de imperdible verbena-acontecimiento: "en el campo y en la playa hace calor. Y la gente se pasea en bañador" . Como, por supuesto, tampoco debería faltar en este retorno Ramón García, que era alma y parte esencial del triunfo del formato por su habilidad de narrar y humanizar las largas pruebas con un humor que perfilaba las particularidades de los participantes en cada programa y explicaba con empatía la vicisitudes de cada pueblo. Quizá para renovar el espectáculo, sea el momento de incorporar la participación de las nuevas pantallas. ¿Ibai se apuntará finalmente a la reinvención del Grand Prix con el que creció?

Lo que está claro es que en tiempos de tecnología que arrasa con todo, la televisión de éxito siempre va unida a la verdad. Es el éxito de Ibai, es el éxito de Ramontxu, es el éxito de la ingenuidad de los pueblos que iban, ilusionados, a mostrarse en El Grand Prix, el programa del abuelo y del niño. 

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