Fernando Sánchez Dragó dijo haber guardado pelo, muelas y semen en una caja fuerte para evitar ser exhumado como Dalí

Fernándo Sánchez Dragó.
Fernándo Sánchez Dragó.
ÓSCAR GONZÁLEZ / GETTY
Fernándo Sánchez Dragó.

El recientemente fallecido Fernando Sánchez Dragó no tenía problemas en autoreconocerse como una celebridad y de ahí compararse con genios del arte como Salvador Dalí, con el que se encontró ciertas similitudes que le llevaron a tomar estrafalarias precauciones. 

En 2017 un juzgado ordenó la exhumación del cadáver de Dalí para poder extraer muestras de ADN, a causa de la demanda de paternidad planteada por la supuesta hija del pintor, la figuerense Pilar Abel, que finalmente no fue reconocida como tal. 

Aquello hizo reflexionar a Sánchez Dragó, que presumía de una vida sexual disoluta, por lo que en la columna que escribía en el diario El Mundo, aseguró que había tomado medidas para que el día que él muriese su descanso no fuera perturbado. 

"Mi situación, en teoría, es de alto riesgo, pues he vivido en una decena de países, he recorrido más de cien y en buena parte de ellos he tenido frecuente trato carnal, aunque casi nunca venal (las putas me gustan sólo para charlar), con las amables señoritas -muy rara vez señoras- que andaban por allí, cedían a mis halagos y me honraban con sus favores. Tengo cuatro hijos de otras tantas mujeres. Todos llevan mi apellido", decía el escritor en aquel texto. 

"Como el mundo se ha llenado de vivales y pitonisos ansiosos de pasta o de brillantina genealógica y de jueces locuelos que con tal de salir en la tele están dispuestos a tomarse en serio cualquier majadería, más vale dejarlo todo mejor atado de lo que Franco lo dejó para que no profanen mi sepultura como acaban de profanar la de Dalí, dicho sea salvando todas las distancias existentes", decía. 

Para eso aseguró haber dejado muestras de su pelo, muelas, uñas, saliva, sudor y semen en una caja fuerte, para que en caso de que alguien presentara una demanda de paternidad se pudieran sacar de ahí las muestras de ADN, sin necesidad de exhumarle. 

Esto es lo que le preocupaba al escritor: "No vaya a ser que a título póstumo, metidito ya en mi féretro y sepultado éste en el rincón del cementerio de Castilfrío donde yacerán mis despojos", alguien "ansioso de notoriedad y de arrebatar a mis herederos parte del magro patrimonio", provocara su exhumación. 

Cabe destacar que esa medida tendría una dudosa validez legal, pues sin una cadena de custodia cualquier demandante podría alegar que esas muestras podrían estar contaminadas o haber sido alteradas y reclamar por tanto que las muestras se tomaran del cadáver. 

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