Borja Terán Periodista
OPINIÓN

Blanca Paloma arrasa: su lección televisiva (incluso más allá del 'Eaea')

Blanca Paloma en la segunda semifinal del Benidorm Fest
Blanca Paloma en la segunda semifinal del Benidorm Fest
RTVE
Blanca Paloma en la segunda semifinal del Benidorm Fest

Casi nunca gana el tópico de Eurovisión en Eurovisión. Los clichés son sólo clichés. Y, en la noche de la semifinal del Benidorm Fest, Blanca Paloma removió las expectativas del público fiel y fan del festival. Su canción creció con la interpretación en directo. Tanto que ya no sólo los eurofans la valoran como gran favorita, el marcador de Youtube contabiliza la vertiginosa cifra de más de 300.000 visionados en menos de 24 horas. La fuerza de Eaea está en que representa al folclore exportable, pues atesora el magnetismo del flamenco con el que es identificada España por el mundo. Pero, a la vez, de ganar, la propuesta contará con el aliciente de no parecerse a nada en la noche eurovisiva. 

En Eaea, la voz manda sobre todo lo demás. Es el espectáculo de la voz interpretada de frente al espectador, pues Blanca Paloma baila con el público a través de la mirada. Busca la cámara. Y la quiere. Entiende que no basta con realizar una coreografía, hay que habitar la historia.

Algunos dirán que su puesta en escena es sencilla. Casi desnuda. Unos flecos, abrazados por una luz roja que se rompe en blanco para crear un punto de inflexión en medio de la actuación. Aunque de escenografía desnuda, nada. La candidatura de Blanca Paloma está llena de golpes de efecto y fuegos de artificio que intentan que el Eaea no se haga largo y, por la tele, enganche con un comienzo emocional en primer plano, quebrante con un giro cenital que busca propulsar la sensación de sensibilidad en el ojo del público y acabe en alto con un desenlace cómplice. Apoteosis, subrayada con fundido en negro incluido. 

La historia presentada en escenario se puede perfilar y mejorar. Pero los flecos envuelven, los flecos acarician. Los flecos, junto a la luz, centran la atención en una hipnótica Blanca Paloma que revuelve al público con la seguridad escénica del flamenco que ha venido para no ser como el resto. De ahí que sea una buena propuesta para Eurovisión: porque plasma ese arrebato cultural que representa a la reconocible marca España pero sin ser lo que se presupone ansían de nosotros. La actuación deja pensando. Hasta desconcierta.  Quizá alguno diga: "igual no se entiende fuera". Pero ahí sigues reviviéndola en la cabeza. Espabila los sentidos. 

Aunque hubo otro momento que fue crucial para que Blanca Paloma se llevara de calle la noche de la segunda semifinal del Benidorm Fest. Y no sucedió durante la actuación. En el instante del discurso de animar al televoto, la mayoría de los participantes propician la desconexión mental de la audiencia, ya que se aturullan en frases hechas que nadie escucha porque suelen ser tan manidas como vacías. Blanca Paloma, en cambio, fue directa al epicentro de lo que es la tele: dar contenido desde tu autenticidad. Y se puso a pedir el voto lanzándose al cante. Creó una postal para recordar, compartir y enviar. Creó historia hasta cuando ya no se esperaba una historia. Eso es la televisión: aporta o aparta.

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