Borja Terán Periodista
OPINIÓN

Así delata la Navidad por qué los jóvenes no se identifican con la tele tradicional

¿Los jóvenes no ven la tele? o ¿La tele no ve a los jóvenes?
Ana Obregón, cabeza de cartel de Telepasión 2022
Ana Obregón, cabeza de cartel de Telepasión 2022
RTVE
Ana Obregón, cabeza de cartel de Telepasión 2022

"¿De qué año es este programa?", pregunta mi madre cuando empieza Telepasión 2022. Es un colorista espectáculo de estreno, pero, a priori, piensa que es otra reposición de aquellas galas conducidas antaño por la espontaneidad de Ana García Obregón. Pero no, es la Ana García Obregón del presente que ha vuelto a TVE por Nochebuena y que, de nuevo, presentará las doce campanadas en Nochevieja, encargo que realizó por primera vez en la despedida del año 1994 junto al mítico Joaquín Prat, que fallecería sólo unos meses después.

Entonces, el prime time televisivo cuidaba la importancia del intercambio generacional para acudir a audiencias transversales, lo veterano se mezclaba con la mirada más joven. El aprendizaje de la experiencia y la osadía de la ilusión se estimulaban mutuamente.  Incluso la televisión sabía que en la disrupción con lo que se espera de ella estaba la fuerza para seguir siendo influyente. Ahora, sin embargo, cuesta más. Se ha interiorizado tanto que la tele tradicional es sobre todo vista por mayores de cincuenta, que los programas se plantean con cabezas de cartel con el suficiente tirón para ser reconocidos por los más veteranos de la casa. Porque han crecido con ellos y su fama. 

Pero la televisión no sólo es reconocer, sobre todo es descubrir. Y uno de los problemas clave de los canales de siempre puede estar en repetir siempre mismas dinámicas de personajes ya que, supuestamente, son los que llaman la atención del recuerdo de la mayor parte de la audiencia. Para lograr este objetivo, en principio, parece que no queda otra que tirar casi exclusivamente de rostros que cimentaron su popularidad en épocas en las que los contenidos audiovisuales no estaban tan fragmentados. Y, entre tanto, la tele clásica se está perdiendo creadores en la ebullición de la juventud que se dejan, en el mejor de los casos, para las plataformas de las cadenas. Como una cosa menor, como si no formaran parte intrínseca de la sociedad.

De esta forma, las cadenas más tradicionales entran en un particular bucle: se ofuscan en centrarse en un supuesto perfil de público más mayor porque se insiste en que es el que sigue consumiendo la televisión tradicional y sustenta sus audiencias. Y, claro, a la vez, se produce un efecto colateral: los jóvenes no es que no acudan a la televisión de siempre, es que sienten que esas cadenas no piensan lo suficiente en ellos. La pescadilla que se muerde la cola. ¿Los jóvenes no ven la tele? o ¿La tele no ve a los jóvenes? 

Al final, es mentira que los jóvenes no estén interesados por la televisión de masas como tampoco es cierto que los mayores de sesenta rechacen descubrir nuevas propuestas. Nadie dijo que fuera fácil romper con las rutinas, pero en la tele debemos caber todos y se devalúa cuando se acomoda en la repetición de roles hasta dejar de tomar el pulso a su tiempo. Un tiempo que construyen todas y cada una de las generaciones.

Y lo que es peor, a veces, parece que se diseñan programas intentando camelar a los abuelos de 1997. Se calca aquel patrón que tenemos mitificado en la cabeza y ninguno caemos en que ese público ya no está entre nosotros. Los abuelos de hoy no son los de 1997. La sociedad, tampoco. La televisión, en cambio, en Navidad se ve muy parecida a la de 1997. En vestidos, en canciones, en reclamos, en guiones. Todo en alta definición, sí, pues la inercia también se puede grabar en alta definición.

Mostrar comentarios

Códigos Descuento