Borja Terán  Periodista
OPINIÓN

Mediafest: los errores que debe aprender Telecinco de su último traspiés 

Inicio del tercer programa del Mediafest, talent show con el que Telecinco ha intentado competir sin éxito con La Voz
Inicio del tercer programa del Mediafest, talent show con el que Telecinco ha intentado competir sin éxito con La Voz
Mediaset

La música vuelve a ganar con facilidad al género del reality show del corazón, en horas bajas tras años de sobreexposición. Así que en Telecinco decidieron apartar el Deluxe de los viernes y dieron luz verde al talent show Mediaset Night Fever. El objetivo: intentar frenar a La Voz con el mismo contenido. Aunque introduciendo a algunos de sus reclamos habituales: Ana María Aldón, Lydia Lozano... Tal vez pensando que la varieté puede debilitar a otra varieté. Pero para hacer una buen musical debe existir una base de talento musical, claro.  

Esta vez, la propuesta ha consistido en evolucionar el sarao entre empleados que destacó en verano, Sálvame Mediafest, cuando apenas había competencia televisiva, y en el que se ponía a personajes de Sálvame y trabajadores del canal a vivir su propio festival indi. Con tiendas de campaña incluidas a las puertas del estudio 6 de Telecinco.

Ahora, el Mediafest se ha sofisticado con ocho personajes populares que, en las dos primeras semanas, han competido en distintas materias. Que si baile, que si cantar, que si ser drags, que si monólogos. Aunque este viernes, en la tercera entrega, ya se ha modificado la dinámica y se ha centrado en canciones. Mejor intentar que el espectador directamente cante versiones de éxitos reconocibles y no se pierda entre tantas disciplinas artísticas.  Algunas horripilantes, como los monólogos que sólo producían silencios incómodos. 

El problema es que se nota que el formato se ha producido a tal velocidad que no hay demasiado tiempo a pensar cómo congeniar con el interés de la audiencia. El repertorio musical suena a visto mil veces (escoger el topicazo de la primera canción que se te ocurre está bien para un karaoke, no para un prime time). Tampoco ayuda la puesta en escena, que es tan desordenadamente tópica que ni se la espera y encima la realización va a pillar sin haber tenido margen para ensayar lo suficiente y poder mostrar lo que pretenden las actuaciones con actitud y armonía.

Y en un musical todo falla si la imagen no va al ritmo de la música e incluso si se impide ver al protagonista justo cuando va a realizar un gesto clave en el número porque la realización se va a un plano general sin ton ni son o a un plano de reacción del público o jurado, que despista en vez de enriquecer el relato. Entonces, la audiencia se frustra y se esfuma. Siente que se queda a medias y tampoco es conquistada por la fantasía televisiva: el plató se ve como esa discoteca que va a cerrar a las tantas de la madrugada, cuando se encienden las luces y se ven todos los restos decadentes de la fiesta.

Como consecuencia, las tres semanas del Mediafest Night Fever no han destacado en audiencias. Cada entrega, menos interés. Imposible competir con la amplitud, fotografía, escenografía y buen sonido de La Voz. El buen musical crea expectación cuando entra por los ojos porque se transmite bien una motivación artística. Las actuaciones deben descubrir, asombrar, emocionar y no sonar a repetitivas. Difícil cuando el escenario es el mismo que acoge a 'Pesadilla en el paraíso', 'En el nombre de Rocío', 'Quién es mi padre', 'Supervivientes', 'La isla de las tentaciones'...

Por suerte, en La fábrica de la tele son expertos en disimular la precipitación con espontaneidad. El directo efervescente es lo que distingue a Telecinco de sus rivales. Y la cadena lo lleva hasta las últimas consecuencias con la gracia de una fiesta de amigos que se atreven a compartir sus grandezas y frustraciones con generosidad. Maravillosos los creativos rótulos que han intentado hacer virtud de la debilidad durante las actuaciones. En la travesura, es en donde se hace fuerte Telecinco. Ahí deben seguir indagando. Porque en la celebración de la picaresca Mediaset no tiene rival.

Pero un talent show nunca atraerá a públicos masivos si se plantea a matacaballo. El espectáculo televisivo requiere dedicación e inversión para que luzca espontáneo aquello que está muy ensayado. De lo contrario, el espectador no se entera de la historia que se pretende contar y se va allí donde puede evadirse soñando más que viendo las costuras.

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