Melisa Tuya  Redactora jefe de '20minutos'
OPINIÓN

Vivir de alquiler, vivir sin animales

Un gato en una caja.
Un gato en una caja.
Melisa Tuya

Hace unos años coqueteé con la idea de buscar una vivienda unifamiliar pensando en mi hijo, con autismodiscapacidad. Con un patio podría tener su propio columpio, incluso una piscina desmontable en verano, y sus saltos o sus gritos de alegría no llegarían tan fácilmente a los vecinos. Los precios me disuadieron y hubo quien me sugirió alquilar mi piso y buscar casa de alquiler. Jamás fue una opción teniendo un niño que roba nocilla con las manos, gusta de hacer música golpeando el cabecero de la cama o necesita rejas en todas las ventanas; pero nunca lo fue, sobre todo, porque convivíamos con dos gatos y una perra de más de veinte kilos. Perros y gatos siempre han formado parte de mi vida y siempre lo harán, así que siempre he sabido que arrendar no era una opción viable para mí.  

 Solo un 4% de los alquileres aceptan expresamente perros o gatos, y encontrar techo es un verdadero reto que en ocasiones se traduce en familias rotas, porque nuestros animales son nuestra familia y la quebramos si nos vemos obligados a separarnos de ellos. También se traduce en animales abandonados, por supuesto. Nunca faltan los desaprensivos para los que complicarse la vida por un animal no es una opción. Y vemos acuerdos de palabra y sujetos al prejuicio que producen determinadas razas o tamaños; así como animales viviendo a escondidas, ocultos a los ojos del propietario de la vivienda. 

"En muchos contratos se incluye la cláusula de 'no se aceptan animales' por defecto y queremos mover a la reflexión sobre este tema. Convivir con un animal de compañía no es sinónimo de problemas", cuenta Isabel Buil, directora de Fundación Affinity, que quiere lanzarse a esta arena y visibilizar de los quebraderos de cabeza que afrontan los propietarios de animales que quieren o necesitan vivir de alquiler.

Vivir mancha, vivir rompe. Nada es impoluto ni indestructible. Suponer que un animal es fuente de suciedad y destrucción es un error tan grande como imaginar que un adulto sin pareja, niños o animales no lo va a ser. Hay mecanismos de sobra para asegurar la relación entre arrendador y arrendatario, para evitar dejar sin esa opción a las familias multiespecie o sin animales a aquellos a los que haría más felices la convivencia con ellos.

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