Villarejo dice ser víctima de un "código rojo" con el que el CNI quiso "silenciarlo" por denunciar ilegalidades

El excomisario de la Policía, José Manuel Villarejo
El excomisario de la Policía, José Manuel Villarejo
Europa Press

José Manuel Villarejo ha puesto el broche al primer juicio celebrado por 'Tándem', la macrocausa donde se investigan sus negocios privados, incidiendo en el "origen chusco" de un caso que asegura que fabricó el ex jefe del CNI Félix Sanz Roldán para "silenciarlo", con la supuesta ayuda de policías y fiscales "confabulados", a modo de "venganza" por las denuncias que el ahora comisario jubilado había hecho sobre el "uso y abuso de las instituciones del Estado".

Villarejo, ataviado con toga y parche, ha tomado la palabra en la sesión de este martes para terminar el informe iniciado el día anterior por su abogado defensor, Antonio José García Cabrera, para alicatar la tesis que ha dominado su estrategia de defensa a lo largo de los casi doce meses que suma ya esta vista oral por tres encargos: 'Iron', 'Land' y 'Pintor', por los que se enfrenta a 83 años de cárcel.

"La causa Villarejo es un código rojo", ha arrancado, aludiendo a la película 'Algunos hombres buenos', donde "se ordenó eliminar" a uno de ellos y, aunque "todos lo negaron" porque hacerlo era "ilegal", en el juicio se descubrió la verdad. "No puede haber más coincidencias (...) Siguiendo las órdenes del jefe del CNI, aplicaron ese código rojo a uno de los suyos porque creían que con su conducta ponía en peligro los pactos y componendas con los que se mantenía el equilibrio de las instituciones", ha completado.

El supuesto odio de Roldán a Villarejo

El supuesto odio de Sanz Roldán hacia su persona, ha explicado, obedece a las múltiples denuncias que desde los años 90 y hasta 2015 formuló contra el propio general, Asuntos Internos, fiscales anticorrupción y otros "tantos poderosos" para alertar sobre "el atropello" de "quien ha permitido que se usara y abusara de las instituciones". Por todo ello, él mismo se ha descrito como "un temerario".

Al margen de las 'vendettas' personales, el comisario ha enfatizado que Sanz Roldán tenía en mente otro objetivo: el "botín" de su "archivo personal" de audios, los de las conversaciones que ha ido grabando durante años de todos con los que se ha reunido. "Lo que le importaba, lo que le obsesionaba, lo que le preocupaba eran los audios", ha aseverado.

Especialmente duro se ha mostrado con el Ministerio Público, llegando a hablar de "fiscal insultador" por el contundente informe presentado por Miguel Serrano, en el que habló de "partido paraprocesal" y pintó a Villarejo como un "policía corrupto" ayudado por sus secuaces", unas palabras que en opinión del comisario revelan "una animadversión personal, porque no acusa, se venga".

"Un estatus especial"

Asimismo, el comisario ha vuelto a manifestar que desde 1995 disfrutaba de un "estatus especial" por el cual podía "actuar sin que nadie de su propio cuerpo lo supiera" para obtener información de interés para el Estado usando CENYT como tapadera. En este punto, ha afirmado que todos los gobiernos desde entonces "emplearon sus servicios durante años y le ordenaron actuar en numerosas operaciones". "¿Abrimos ese melón?", ha retado.

"¿Si no hubiera tenido la convicción de estar actuando como servidor del Estado, me habría atrevido a denunciar?; ¿de no haber contado con la autorización de los gobiernos, habría arriesgado la singular situación que tenía?", ha planteado.

Asimismo, ha llamado la atención sobre lo que considera una evidente "utilización política" de su causa. En este sentido, ha preguntado qué pasará "cuándo gobierne el PP" y cambien las tornas: "¿Aparecerán los encargos del PSOE?".

"Todo es mentira"

En este contexto, ha indicado que, a pesar de que los fiscales Serrano y César de Rivas le han perfilado como "un sujeto abominable y ávido de dinero" que ha usado CENYT para llenarse los bolsillos con investigaciones privadas valiéndose de los medios policiales a su alcance, "todo es mentira". Al hilo, ha reiterado que CENYT facturaba porque era la única forma de mantener viva la "tapadera", cuestionando si había otra forma de sostenerla cuando "el Estado no la financiaba de ninguna manera".

A ello ha añadido que como se habría hecho "verdaderamente de oro" es vendiendo al mejor postor la información obtenida de sus tratos con terroristas y narcotraficantes o por su conocimiento sobre casos de corrupción. "Se sorprenderían de lo que me han llegado a ofrecer", ha apostillado.

El conjunto de la investigación, desde los registros efectuados en 2017 y 2020 en las casas y oficinas de Villarejo y su socio Rafael Redondo --que ha recordado como el "asalto a la casa de un jubilado"--, al análisis del material obtenido, pasando por la cadena de custodia, ha sido "una chapuza a modo de 'Dora, la exploradora'", ha resumido.

Un profundo quebranto

Todas estas "maniobras parafiscales" le han causado un "profundo quebranto" tras el cual dice que "difícilmente podrá restituirse una reputación personal y profesional, que era intachable hasta que Sanz Roldán decidió aplicar el código rojo".

Para Villarejo, "es justo" que el tribunal valore sus décadas de trabajo "jugándose la vida", algo que entiende incomparable con el hecho de determinar si estaba autorizado o no para usar CENYT a título personal.

En consecuencia, ha instado al tribunal a hacer Justicia frente a la orden de "vale todo con tal de eliminar a un elemento problemático para el 'establishment'". 

El juicio no quedará visto para sentencia hasta este miércoles, cuando se espera que hable el ex policía Constancio Riaño, señalado como uno de los colaboradores del comisario.

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