Helena Resano  Periodista
OPINIÓN

Tamara

Tamara Falcó, en 'El Hormiguero'.
Tamara Falcó, en 'El Hormiguero'.
20minutos | CARLOS LÓPEZ ÁLVAREZ/ATRESMEDIA

Podríamos hablar del triunfo de la extrema derecha en Italia, analizar por qué la abstención ha sido realmente el partido más votado allí y qué lecturas deberíamos aplicarnos aquí. Podríamos. Podríamos también hablar de la guerra fiscal que el nuevo curso nos ha traído entre las comunidades autónomas y cómo esa guerra nos demuestra que, de aquí a mayo, vamos a estar en una campaña electoral perpetua. Podríamos. Y podríamos también hablar largo y tendido de qué está pasando en Rusia, si la amenaza de Putin de apretar el botón es real o no y de las deserciones que se abren en su país, como signo de debilidad de un régimen que necesitamos que haga aguas cuanto antes para desactivar definitivamente esa amenaza nuclear. Podríamos, sí, pero siendo sinceros, de lo único que se habla estos días es de la traición retransmitida en redes y en teles de Íñigo Onieva a Tamara Falcó.

La hija de Isabel Preysler pasó en menos de 24 horas de acaparar titulares y pensar a lo grande en una boda –y en todos sus preparativos– que íbamos a vivir en directo a través de sus perfiles, su documental y sus revistas de cabecera, a ser víctima de una traición también narrada y vista casi en directo por millones de personas. El famoso vídeo de él siendo él en esencia pura, lo vimos todos, sin querer o queriendo. Se filtró a última hora de la mañana y rápidamente se hizo viral. Yo estaba celebrando el cumpleaños de una amiga ese viernes por la noche cuando alguien me lo enseñó. Y pensé, "buf", es exactamente lo que cualquier persona puede temer cuando está enamorada: que tu pareja te traicione y que, encima, te enteres así, con un vídeo que va de teléfono en teléfono. Es la doble traición, la de serle infiel y que lo vea todo el mundo. Es la trampa de las nuevas tecnologías.

Hay que reconocer que el tipo tiene cara, mucha cara. En medio de la tormenta fue capaz de salir en público, agarrando su mano, para seguir haciendo lo que llevaba haciendo tiempo, que es básicamente mentir: "Todo es un montaje". Mejor haberte quedado calladito, majo. Pero te pudo la soberbia, uno de tus muchos pecados. Me imagino que, en muy poco, te veremos desfilar por los programas del corazón, contando con pelos y señales cómo ha sido todo, quién te ha traicionado y ha filtrado el vídeo, dando detalles de tu vida con, y siendo carne de cañón de nuevos amoríos de esos que duran una exclusiva y ya. Te veías haciendo caja con tu matrimonio y al final harás caja con tu infidelidad, al tiempo.

Y a ti Tamara, tiempo. El tiempo lo cura todo. Y no dejes de creer en el amor. Es lo que nos salvará de todo esto: de la traición, de la soberbia, de las guerras partidistas, de la desconfianza, de sentir que vivimos en tiempos locos llenos de incertidumbre. Solo con amor podremos aceptar que, a pesar del sinsentido que parece haber cobrado todo últimamente, merece la pena salir de la cama y volver a sonreír.

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