Melisa Tuya  Redactora jefe de '20minutos'

El covid sigue matando

Una sanitaria vigila a una paciente en la UCI del Ramón y Cajal.
Una sanitaria vigila a una paciente en la UCI del Ramón y Cajal.
JORGE PARÍS/ARCHIVO

El covid sigue matando. Lo hemos olvidado. Hemos querido olvidarlo. Necesitamos arrinconarlo para vivir cuerdos. Comprensible, por supuesto. Y mientras el covid sigue matando. Ayer se llevó a mi padre. Tenía 71 años y un sistema inmunitario deprimido por un trasplante de riñón que le salvó la vida hace más de una década. “Vamos a acabar pillándolo todos y cuando me toque a mí va a ser algo serio”, comentaba, quejándose de la falta de cuidado que veía en muchos mientras él se protegía hasta el extremo.

Tenía razón. Y sentada en el tanatorio ante su féretro pienso en todos aquellos que, como él, pertenecen a grupos de alto riesgo. Personas trasplantadas, con tratamientos oncológicos o con sida y otras enfermedades que atacan el sistema inmune. Es lógico que queramos recuperar nuestras vidas, es obligado aparcar el miedo, pero eso no debería franquear el paso a la irresponsabilidad. Pensar en el otro, en aquellos con todas las papeletas para pasarlo muy mal, para quedar con secuelas para siempre o incluso de perder la vida, debería primar por encima de los deseos de disfrutar, de no ver frustrados nuestros planes o deseos, de la inconsciencia nacida de creerse invulnerables.

Ahí siguen los que son como mi padre, los que rumian en alto o en silencio “yo soy de esos que no lo cuentan si pillan el bicho”, seres amados o completos desconocidos, cuidándose y temiendo, con sus viejas rutinas previas a la pandemia pérdidas. Personas valiosas y valientes a las que no tendríamos que poner en riesgo por no querer hacernos una prueba que nos puede encerrar en casa medias vacaciones. Si total es solo un catarrillo.

Tenemos que sospechar. Tenemos que confirmar o descartar las sospechas. Tenemos que llevar mascarilla cuando haya riesgo. Tenemos que seguir vacunándonos.

Tenemos que vivir, por supuesto. Pero también que salvar vidas en el proceso. Porque no se puede vivir sin miedo, pero el covid sigue matando

El covid sigue matando y los fallecidos no son solo números. Mi foto preferida de mi padre le muestra dirigiendo una orquesta imaginaria, con su sonrisa de hombre honesto y la barba color cobre. Acabábamos de instalar mi primera minicadena y le encantaba trastear con aparatos electrónicos.

Tengo tantos recuerdos suyos que me resulta imposible destacar unos pocos. Era el amor al mar, a su familia, al Gijón verde y azul, a la risa fácil y el trabajo duro. Era mi padre, el mejor que podría hacer tenido, los mimbres de los que estoy yo tejida, mi sangre y mis huesos.

Crecí viéndole vivir de forma consecuente, sin hacer daño a nadie, con la bondad por brújula. Siempre valiente, sobre todo cuando encaró la pelea más difícil, la de cuando la salud te falla. Tan fuerte por dentro como los viejos robles de Deva que le vieron nacer.

Siempre le recordaremos. Yo lo haré cuando escuche a Los bravos, cuando coma oricios, cuando mire a mi hijo, tan parecido en todo a su abuelo. Y así siempre estará conmigo, porque yo soy él y porque parte de él está en todos los que le quisimos.

Descansa papá, te prometo que seguiremos persiguiendo la felicidad en tu nombre.

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