Espido Freire  Escritora

Nuevos veranos

Un estudiante se prepara estudiando online desde casa.
Un estudiante se prepara estudiando online desde casa.
PIXABAY

Que la educación de adultos estaba experimentando un cambio sin regreso lo sabíamos, y que el confinamiento aceleró ese confuso proceso era una verdad universalmente reconocida, como la de que un soltero en posesión de una gran fortuna necesita una esposa. Para quien no reconociera a primera vista la primera frase de Orgullo y prejuicio, de Jane Austen, se abrían de pronto en su ordenador opciones de enseñanza que iban de la literatura a la creación literaria, la historia del cine, o los seminarios sobre la autora inglesa. Lo online ha permitido que proliferaran desde talleres a clases altamente especializadas en cualquier tema inimaginable.

Pero la insaciable sed de saber y de entretenimiento, de formación a veces imprescindible o impuesta y otras puramente gozosa, parece haber llegado a su punto de saturación. De hecho, han fagocitado parte del nicho que tradicionalmente ocupaban los cursos de verano universitarios, que ya sufrían su particular adaptación a unas generaciones y a un modo de entender el ocio y la formación completamente diferentes. 

Algunos cursos decanos han sido cancelados durante los dos últimos años, otros han pasado a formato digital, y otros ni siquiera han completado el número mínimo de inscripciones en materias que antaño requerían de salas mayores o de pruebas de acceso. Con gran pesar, han sido cancelados. Los jóvenes, antes habituales, huyen del formato. Prefieren continuar su formación a través de otras vías, muchas de ellas autodidactas. Los adultos, siempre bienvenidos, conforman ahora gran parte del alumnado.

Los viajes son la nueva formación: ¿qué programar, qué no programar? Qué gran oportunidad para conocer las nuevas necesidades y demandas, para una rápida adaptación que quizás pueda luego extenderse a otros entornos… ¿sabrán las universidades aprovecharla?

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