Manuel Mostaza Barrios  Politólogo y Director de Asuntos Públicos de ATREVIA
OPINIÓN

El voto directo a La Moncloa

Feijóo asegura que se ha demostrado que Andalucía no estaba "condenada a ser de izquierdas"
Feijóo durante unas declaraciones 
Europa Press

Por primera vez en los últimos meses, el Partido Popular no solo supera en intención de voto al PSOE, sino que lo sobrepasa también en voto directo: es decir, el que se recoge en bruto en la encuesta antes de pasar por la cocina del demóscopo. Es un dato importante: por vez primera desde hace casi un año hay más ciudadanos que declaran que van a votar a los de Núñez Feijóo que al Partido Socialista. Además, a diferencia de lo que ocurría la primavera pasada, el dato puede marcar tendencia en tanto que viene avalado por la imagen que el líder de los populares tiene entre los votantes del centro y en buena parte de los del Partido Socialista. No en vano, y en un escenario al que nunca se acercó Pablo Casado, los votantes del PSOE otorgan a Núñez Feijóo una valoración similar a la que le dan a Íñigo Errejón, cerca ya del aprobado. Es una situación impensable a la inversa, habida cuenta de la mala imagen que el presidente proyecta entre los votantes ubicados desde el centro hacia la derecha. El hecho de que casi un 18% de las personas que votaron a Pedro Sánchez en 2019 prefieran ahora al orensano de Los Peares como presidente del gobierno debería de hacer saltar todas las alarmas en Moncloa, porque las elecciones se empiezan a perder cuando los tuyos dejan de ver al rival como una amenaza y la sombra de la abstención empieza a cubrir a la parte más importante de tu electorado, la que se ubica en el entorno del centro.

Otro detalle interesante de la encuesta que publicaba este periódico es que demuestra que hay debates que la sociedad tiene más superados que el ecosistema mediático en el que nos movemos: los españoles consideran normal que los servicios de inteligencia vigilen a los partidos secesionistas; como consideran también peligroso para la seguridad del Estado que este tipo de formaciones –de muy escasa lealtad constitucional– tenga acceso a los secretos oficiales. Malos datos para un gobierno al que tampoco ayudan las previsiones económicas. Fue Ortega y Gasset quien nos enseñó que el romanticismo era «por excelencia el estilo popular» de la modernidad. Quizá la epopeya del héroe romántico que se enfrentaba a los poderosos en nombre de los débiles y que comenzó a fraguarse en el otoño de 2016, esté llegando a su fin. La demoscopia, como siempre, no es más que un reflejo de lo que pasa en la calle… l

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