La igualdad vista por cuatro jóvenes: "No se busca culpar a los hombres. Nosotras también somos hijas del patriarcado"

Natalia Díaz, Ana Ortega, Lidia Guzmán y Noor Ammar Lamarty.
Natalia y Ana (detrás y de izq. a dcha.) y delante, Lidia y Noor.
Jorge París

Ana Ortega es psicóloga y vive en Madrid. Lidia Guzmán estudia un máster de Políticas Públicas y, aunque es madrileña, lleva desde que tenía 16 años residiendo fuera: Gran Bretaña, Barcelona, Francia y ahora EE UU. Natalia Díaz es bióloga e impulsora de una explotación de apicultura ecológica y agroturismo en Tenerife. Y Noor Ammar Lamarty, de origen marroquí, es activista jurídica en género e infancia. 

Con motivo del 8-M, 20minutos reúne a estas cuatro jóvenes, de perfiles tan distintos, para que intercambien impresiones sobre la situación de la mujer y sobre cómo ven el futuro. Parte de una misma generación, esa que denominan millennial, y criadas en ámbitos sociales muy diferentes, coinciden en que España ha avanzado en igualdad, pero que aún queda mucho camino por recorrer, afirman haber sufrido situaciones machistas, reconocen que las mujeres, y ellas mismas, también tienen conductas que deben corregir y creen que el feminismo no debe suponer una confrontación entre géneros. 

¿Cómo veis el papel de la mujer?

Ana: Hemos evolucionado mucho pero tenemos que hacerlo más. Tanto en el ámbito privado como en el público seguimos bastante estancadas y cohibidas.

Natalia: Estoy de acuerdo. En el mundo rural sí nos veo a las mujeres con una fuerza inmensa. No sé si es porque siempre me rodeo de emprendedoras. Con nuestros sueños, que al final se traducen en proyectos, estamos cambiando un montón de cosas. Vamos por buen camino, aunque nos queda... No se ve ni el final del túnel.

Lidia: Si nos comparamos por ejemplo con la generación de mi madre hemos mejorado. Pero queda trabajo y aun con 25 años pienso que si tienes una pareja quizás seas tú la que en el futuro tenga que sacrificarse, tenga que ocuparse de los niños, o si hay una oportunidad laboral sea él el que la aproveche.

Noor: Queda y se nota en cómo a veces tenemos que esforzamos muchísimo más que nuestros compañeros, porque tenemos el complejo de que no es suficiente con lo que hacemos. Cuando hagamos lo mismo sin preocuparnos por si no llegamos a obtener el mismo resultado la balanza se habrá equilibrado en cierto modo. Pero por supuesto que a mi alrededor hay mujeres empoderadas, muy felices con el camino que están haciendo. Todas, incluida yo, tenemos incongruencias, como mujeres y como feministas. Es un camino a largo plazo. 

¿Sentís el síndrome de la impostora?

AO: Absolutamente, en prácticamente todo. Tenemos la misma ambición, pero la sociedad ha hecho que nos creamos menos de lo que somos. De cara a un hombre con la misma formación, las mismas cualidades, técnicamente en la misma situación, por presión no nos sentimos iguales. He trabajado en Recursos Humanos y en las entrevistas laborales notas que nosotras estamos un poco más cohibidas y pensando ‘no sé si encajó del todo en esta posición’. Un hombre va con mucha más confianza. 

ND: En el mundo rural se nota especialmente sobre todo porque está liderado todavía por hombres. En la apicultura, por ejemplo, somos muy poquitas mujeres y noto que siempre tenemos a alguien detrás mirando a ver cómo lo hacemos. A ver cómo va a llevar esta chica 200 colmenas ella sola.

Natalia Díaz, bióloga y apicultora de Tenerife.

NATALIA DÍAZ, 30 años

  • Mi pasión es la naturaleza y el mundo rural y mi obsesión, las abejas. Soy licenciada en Biología e impulsora de Ecoalpispa, una explotación de apicultura ecológica y agroturismo en Icod de los Vinos, un pueblo del norte de Tenerife. Pertenezco a la Federación de Asociaciones de Mujeres Rurales (Fademur)
Lidia Guzmán, estudiante de Políticas Públicas.

lidia guzmán, 27 años

  • Nací en Madrid pero desde los 16 no he vivido en la ciudad. Estudié cinco años en Gran Bretaña, trabajé casi tres años en Barcelona, y otros tres en París. Desde agosto de 2021 resido en Washington D.C donde curso un máster en Políticas Públicas en la Universidad de Georgetown, con foco en emprendimiento femenino.
Ana Ortega, psicóloga.

ana ortega, 26 años

  • Soy psicóloga y estudiante del Máster Universitario de Psicología General Sanitaria. Estoy trabajando en un programa de investigación de Violencia Obstétrica. He estado en un grupo no mixto en la universidad y he hecho algo de activismo feminista, pero principalmente, tratando de llevarlo a mí día a día y a mi entorno.
Noor Ammar Lamarty, fundadora de la revista 'WomenByWomen'.

NOOR AMMAR LAMARTY, 24 AÑOS

  • Fundadora de la revista 'WomenByWomen', soy activista jurídica en género e infancia en Medio Oriente y Norte de África. También estoy especializada en Derecho Internacional Público y en Derecho Penal Internacional.

LG: Sobre el tema de la ambición yo a veces siento que el problema es que no estamos empoderadas para tenerla. Casi es raro que haya gente que quiera intentar llegar a ciertas posiciones de liderazgo. Cuando estaba en España en alguna asociación de neetworking y nos reuníamos con dueños de empresas, políticos… éramos dos chicas en la mesa. En este sentido he visto bastantes diferencias entre ser española a ser de otros países. Fuera hay muchas más mujeres que quieren formar parte de esas asociaciones y me da pena.

NA: En España las mujeres, una vez que han adquirido los derechos básicos, se plantean por qué siguen arrastrando una mochila. Esa mochila ha pasado de generación en generación. Plantearnos el síndrome de la impostora supone darnos cuenta de que no tenemos herramientas heredadas para ser mujeres poderosas y nos sorprende hasta puntos que entran en conflicto con otras facetas de nuestra vida. Hay que hacer una llamada a que no hay necesidad de ser extraordinarias. Parece que o somos las mejores en todo lo que hacemos o no nos sentimos bien con nosotras mismas. Nos faltan herramientas emocionales para caminar hacia la igualdad, porque no solo es un camino hacia la educación, el trabajo, la conciliación laboral, romper el techo de cristal... También es un trabajo interno de saber vernos con buenos ojos y de desechar esa mirada que nos juzga. 

¿Qué es lo que más os sorprende de lo que cuentan otras generaciones?

LG: Mi hermano y yo nos llevamos un año y mi madre de alguna manera perdió dos años de su carrera porque en aquel momento, aunque mi padre hubiese querido, no se habría podido coger una baja de paternidad. Eso provocó un techo de cristal por el que ella no llegó a ciertos puestos que quizás él sí. Ahora a veces tienes miedo de que el reparto de tareas no vaya a ser al 50%, pero al menos en Europa tienes el apoyo legal para que se pueda hacer.

AO: Estoy de acuerdo pero el 50/50 no lo veo. De hecho se aplaude al hombre que lleva a los niños al parque, les da de cenar… Nadie aplaudió nunca a nuestras madres y nuestras abuelas, a las mujeres que lo hacen día a día. Estamos más respaldadas legalmente y tenemos una visión diferente, pero estamos súper lejos de lograrlo plenamente. A mi alrededor veo padres que "ayudan en casa". ¿Cómo que ayudan? La casa y los hijos también son suyos. El lenguaje construye la realidad. A mí lo que más me sorprende era la resiliencia que tenían en momentos en los que por ejemplo no podías abrir una cuenta bancaria. Mi madre no pudo hacerlo, la abrió su marido. En la educación también tenían menos posibilidades. En mi familia las mujeres han tenido acceso a la universidad, pero muchas madres de amigas mías, no. O tienen incluso más estudios que el marido, pero dejaron sus carreras por dar a luz a sus hijos.

NA: En el choque de generaciones yo noto mucho la cuestión de cómo se plantea la pareja en nuestras vidas. Nuestras madres, nuestras tías, nuestras abuelas, se veían obligadas a una forma de completarse ellas mismas a través de consolidar un matrimonio, algo que a nosotras no nos pasa. Eso hace que podamos generar relaciones sanas. Hay muchas cosas que nosotras estamos deconstruyendo. Si queremos escoger a la persona con la que queremos estar lo hacemos desde otra perspectiva que nos da una relación más igualitaria. Cuando dependes económicamente dependes emocionalmente y en muchos otros sentidos. 

"La igualdad también es un trabajo interno de saber vernos con buenos ojos y de desechar esa mirada que nos juzga"

ND: A mí también me sorprendía cuando me contaban mi abuela o mi bisabuela cómo aguantaban. Y me encanta la sororidad que había en los pueblos. Las mujeres siempre estaban juntas, se reunían... Ahora nos hemos vuelto más individualistas pero empezamos a regresar a ello, las mujeres nos volvemos a encontrar y es una cosa que me gusta mucho. Hay una frase de una escritora noruega que dice que nuestras abuelas y nuestras bisabuelas están reunidas alrededor de una hoguera tomando un té y riéndose viendo cómo, después de lo que ellas lucharon, somos la primera generación que estamos empezando a ser un poco libres y que estamos empezando a cuestionarnos las cosas.

LG: Retomando lo que decía Noor, ¿cuántas veces te preguntan si tienes novio o cuándo te vas a casar? A mi hermano no se lo han preguntado nunca.

NA: O lo contrario. Cada vez también vemos más cómo se asocia el tema de la maternidad a un castigo y no a una elección, cuando por fin somos una generación que puede escoger la maternidad en cierto modo. Pero también ha supuesto una barrera para nuestro ascenso profesional. A las que queremos ser madres jóvenes también se nos cuestiona. Porque se da por sentado que la conciliación no puede existir y que tu vida va a estar afectada en un porcentaje muy alto por tu decisión de ser madre. Sin embargo, cuando es el hombre el va a tener un hijo, nadie se pregunta cómo eso va a afectar en su carrera profesional.

ND: Estoy totalmente de acuerdo, pero ahí me sale la vena de ecologista, de bióloga, y todo esto pasa porque estamos desnaturalizándonos y totalmente desconectados de todo. Estamos pensando en tener hijos y en cómo conciliarlo con el trabajo cuando estamos dando vida. Hay una parte del ecofeminismo que conecta esas partes. La desigualdad, el machismo… son producto de la desconexión total con la naturaleza, con la vida.

LG: Cuando trabajaba aquí las personas que tenían un empleo a tiempo parcial eran mujeres porque luego se encargaban de cuidar a los hijos. No había hombres con contratos a tiempo parcial. 

AO: He trabajado en recolocación de ERE y de 600 personas ni un solo hombre me ha dicho que quería jornada parcial porque tenía hijos. Mujeres, una cantidad infinita.

'20minutos' reúne a jóvenes de diferentes ámbitos para que intercambien opiniones sobre la situación de las mujeres

¿Tienen los chicos de vuestra generación asumida la igualdad?

NA: Yo creo que están en el camino. Sí que tienen una cultura adquirida en la que les han enseñado que la masculinidad es relacionarse con cierta violencia con su entorno. A veces esa violencia no es necesariamente explícita, está en comentarios, y a veces también tiene que ver con no querer mostrar lo que sienten. Y todo eso crea una cultura de la separación entre hombres y mujeres muy triste. Yo los veo a veces muy perdidos con su emocionalidad. Creo que sí está siendo una generación cada vez más consciente, aunque noto también que el discurso de extrema derecha ha calado muchísimo en la juventud. La semana pasada estuve dando una conferencia en un instituto de Alicante y había chicos de 18 años muy convencidos de que la violencia machista no existe. Evolucionamos pero se están poniendo también en tela de juicio muchas cosas que la generación anterior daba por sentadas.

LG: Hay que progresar todavía, pero yo sí siento que esta generación de hombres se expresa más que la anterior, en la que a veces siento que algunos van a morir de un infarto por todo lo que se guardan dentro. Hay libros y publicaciones que les enseñan a abrirse, a escuchar y a comprender lo que pasa. Espero que siga habiendo más. El padre de Malala [Yousafzai, premio Nobel de la Paz] ha escrito un libro, se lo he regalado a mi padre y está dispuesto a entenderlo. Muchas amigas están regalando libros de ese estilo a sus padres y están notando cambios.

AO: Estoy de acuerdo con lo que han dicho, pero creo que más que la igualdad tienen, y tenemos, asumida la desigualdad. Tengo amigos de diferentes ideologías pero que no están muy politizados y hablando con ellos me doy cuenta de que hemos mejorado un montón y sí tienen asumido que la mujer tendría que estar igual que el hombre, pero por ejemplo, se acogen muchísimo a que tenemos más leyes que nos protegen. Eso en base teórica está muy bien, pero a nivel práctico muchas veces no se está ejerciendo. Y no tienen asumido que exista el machismo. Consideran que hay personas machistas, personas que violan... pero que son enfermos. No tienen claro que son hijos sanos del patriarcado. No creen que vivamos en una sociedad machista. Y todos, incluida yo misma, tenemos conductas machistas porque vivimos bajo un velo machista.

"Todos, incluida yo misma, tenemos conductas machistas porque vivimos bajo el patriarcado"

NA: Comprendo que cuando eres un hombre que no ejerce la violencia no entiendes que haya tantos hombres a tu alrededor que sí lo hagan, pero es porque en el fondo no eres capaz de ver que en ti no se manifiesta pero que tu educación en parte es muy parecida a la que han recibido ellos. Y creo que hay un punto conflictivo en el que muchos hombres se sienten interpelados cuando se habla del machismo y cuando se habla del feminismo. Se ven señalados, con toda la presión social y es duro. Tenemos que centralizarnos en explicar que no es una cuestión de señalamientos ni de culpas, sino que es un sistema del que nosotras mismas somos hijas. Somos hijas del patriarcado y también nos seguimos deconstruyendo. Pero al final del día las que cruzamos de calle cuando vemos a un señor somos nosotras y las tasas de violencia de género demuestran que el 90% de la violencia doméstica la sufren mujeres. Mientras no debatamos sobre si el feminismo es necesario o no, porque para mí no es un debate a tener, el resto de cosas se pueden hablar. La conciencia común entre ambos sexos es imprescindible, porque si no remamos en una dirección mientras los que están al otro lado reman en la contraria.

AO: Absolutamente, pero es un tema básicamente educacional. Hay que trabajar muchísimo en educación emocional y que entiendan la sociedad en la que vivimos. Yo también pienso que sentirte atacado es muy duro, pero tienen que entender que no es un señalamiento individual, sino hacia una sociedad en la que muchas personas están ejerciendo esa violencia.

ND: Para mí nos estamos yendo a extremos, que obviamente ocurren, pero yo veo el machismo en cosas más pequeñas. Ahora mismo el feminismo lo hemos capitalizado y por llevar una camiseta con un lema o una mascarilla violeta no somos feministas. Yo tengo un montón de comentarios machistas que hago sin querer. Todavía estoy en proceso de deconstrucción. Y estoy rodeada de muchos hombres que me dicen "ni machismo, ni feminismo". La típica frase.

Chicas de ámbitos muy diferentes intercambian puntos de vista sobre igualdad en un coloquio organizado por '20minutos'.

¿Habéis sufrido situaciones machistas?

ND: Es una cosa que no quiero contar, pero sí que he tenido problemas hace poco. Con la impotencia de decir: ¿Cómo podemos estar viviendo estas cosas todavía?

NA: Yo en mi etapa de estudios de Secundaria y universitarios no me he encontrado con ejemplos flagrantes de machismo por parte de compañeros. No he sufrido machismo institucionalizado. Pero en la vida personal, emocional, el machismo está a la orden del día en todos los aspectos. Inconscientemente, y creo que es lo más pena da, porque parecen dinámicas que se han normalizado cuando son súper enfermizas. Yo he tenido la sensación de ser mujer trofeo. Para eso mis orígenes también influyen un montón. Marroquí, hablo castellano, respondo al canon de mujer árabe… y resulta exótica una mujer intelectual, independiente, trabajadora, emprendedora… Hay tanto machismo en eso. Nosotras no exhibimos a los hombres con los que estamos.

"Cuando me mudé y dejé mi pareja aquí me decían que por qué le abandonaba. Tengo amigos que se han ido y jamás se les ha cuestionado eso"

LG: Cuando yo me mudé a otro país y dejaba a la que entonces era mi pareja aquí me decían que por qué le abandonaba. Tengo amigos que se han ido y jamás se les ha cuestionado que estuvieran abandonando a nadie. Y tengo compañeras que han estado en la oficina y había un ranking de Excel con notas del culo de las chicas, de la vestimenta… Y pensad en las expresiones que utilizamos: lloras como una niña, corres como una niña, quién lleva los pantalones en la relación… Mucha gente lo hace inconscientemente y tienes que cuestionarte si es correcto. Como Ana decía, es un tema de educación, pero ¿quién va a implementar esa educación? ¿Cuál es el porcentaje de mujeres haciendo políticas públicas? En mi carrera hay una gran mayoría de mujeres, pero las que llegan a los puestos de decisión, ¿cuántas son?

AO: En mi carrera pasa lo mismo. En una clase de 70 personas, 60 o 65 éramos chicas, pero el 90% del profesorado estaba compuesto por hombres. Me pasa igual en el máster y en cualquier ámbito de Psicología al que voy. En el top siempre hay hombres y luego están las mujeres, que tienen cosas que aportar, pero se considera que puede que no tan interesantes. 

NA: Y en Derecho, las cúpulas de poder de los grandes despachos que dirigen el país están constituidas por hombres y encima responden a un mismo patrón. No es que sean hombres de 40 años gays. Son hombres de 65 o 70 años, heterosexuales, blancos y de familias conservadoras. Eso también hace que muchas mujeres decidamos emprender.

'20minutos' junta por el 8-M a chicas de diferentes ámbitos para conversar sobre igualdad y sus perspectivas de futuro.

¿Qué expectativas de futuro tenéis?

ND: El feminismo es una cosa de conflicto e incomodidad conmigo misma y con las raíces que tengo del patriarcado. Cuestionarme todo eso y poder decir que estoy mejorando me parece algo muy positivo. Será porque soy emprendedora. Ese es el mensaje. Hay que cuestionárselo todo para ir mejorando. Si vamos a morir igual que cuando llegamos, ¿para qué hemos venido a la vida?

AO: Yo he visto un cambio muy grande desde que tenía 16 años a las chicas que tienen ahora 16 años. Respecto a sus iguales varones y respecto a cómo se tratan entre ellas. También tienen referentes diferentes. El nuestro era Física o Química por ejemplo. Ahora tienen series como Skam, mucho más feministas y mucho más concienciadas. Lanzó un mensaje de esperanza. El cambio es posible y estamos haciéndolo muy bien. Pero queda mucho por trabajar y básicamente consiste en pararte a analizar tu entorno y hacer autocrítica. No se está señalando directamente a nadie.

"Hay que cuestionárselo todo para ir mejorando Si vamos a morir igual que llegamos, ¿para qué vinimos a la vida?"

NA: Aquí somos de entornos diferentes y eso es muy bonito. A mí me da la vida no estar solo rodeada de mujeres de mi ámbito y entender las necesidades y complicaciones de mujeres diferentes. Poder hablar de feminismo, con todo lo que sufren las mujeres todos los días, es un privilegio. No desconectar de todas esas realidades nos va a permitir que no dejemos a ninguna por el camino. Creo que ese es el mayor error que podríamos cometer como feministas. Hay esperanza, pero hace falta mucha humildad y generosidad. Repartir carnés de quién es más feminista no nos va a hacer construir nada en común y desgraciadamente es lo que se hace en diversos entornos. Soy optimista, y alucino con las nuevas generaciones porque creo que tienen unas expectativas de futuro que yo no tenía. Tuve que educarme a mí misma para poder creer como ellas hoy sí creen en sí mismas. 

LG: Creo que gracias a la tecnología tenemos grandes plataformas que hacen que la información se comparta a un nivel que antes no se podía. Es verdad que Instagram también puede hacer daño pero a veces pienso en mi yo de 12 o 13 años y, a lo mejor no veía tanta publicidad como ahora, pero toda la que tenía era extremadamente retocada. Era siempre el mismo tipo de mujer delgadita, súper mona. Creo que también los hombres están más abiertos a entender y a leer, incluso los de generaciones anteriores. Tenemos que seguir dando ese contenido. Mientras sigamos haciéndolo las cosas mejorarán.

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