¿Es el cannabis compatible con la salud mental? Cuadros psicóticos, adicción, problemas cognitivos...

Una persona sostiene un porro.
Una persona sostiene un porro.
PIXABAY

Casi a la vez que el Gobierno ha multiplicado por diez en su proyecto de Presupuestos el dinero para mejorar la salud mental de los jóvenes, el Congreso de los Diputados ha debatido sobre la posibilidad dar amparo legal al uso de la marihuana. En ambos casos, las propuestas han recibido bastantes críticas. En cuanto a la inversión en salud mental, porque la mayoría de los partidos la han considerado insuficiente; mientras, respecto a regularizar el uso de la marihuana, el Congreso votó en contra. PSOE, PP y Vox rechazaron la proposición de ley de Más País —buscaba legalizar el uso integral del cannabis, desde el consumo recreativo hasta el uso medicinal, regular las asociaciones profesionales y el cultivo personal de esta planta— por sus "potenciales efectos psicológicos perjudiciales". En ambas propuestas, precisamente el objetivo es la población más joven. 

"Lega-legalización, cannabis, de calidad y barato". Es la reivindicación que abanderó Ska-P en 1995 y que, durante años, ha atronado en las discotecas de todo el país, mientras las autoridades españolas hacían caso omiso de una canción que pedía el fin de la "prohibición" de la marihuana

Los socialistas reprochan al partido de Íñigo Errejón que quiera legalizar el cannabis al mismo tiempo que defiende a capa y espada la necesidad de unas políticas públicas más activas para preservar la salud mental de la población, con especial énfasis entre los jóvenes, en los que el consumo regular de marihuana puede causar estragos, según los expertos.

Cuadros psicóticos, dificultades cognitivas o adicción son algunos de los problemas más graves relativos a la salud mental ligados al consumo regular de cannabis, así como un peor funcionamiento general y un menor bienestar. Estos efectos marcan el día a día de quienes recurren a esta sustancia -3,2 millones de ciudadanos de entre 15 y 64 años lo consumen de forma habitual en España- y pueden redundar en un desempeño escolar, laboral y social menos efectivo y una inferior calidad de vida, de acuerdo con los psiquiatras.

"Cuando los menores de 18 años consumen cannabis tienen un riesgo incrementado de psicosis"

"El área que más nos preocupa a nosotros es la infantojuvenil. Cuando los menores de 18 años consumen cannabis tienen un riesgo incrementado de psicosis, que es la cara más grave de esta sustancia. También hay otros aspectos, como el riesgo de adicción y, por tanto, la búsqueda de la sustancia y el abandono de otras tareas. Eso va a afectar a los niños y adolescentes con síndromes 'amotivacionales' y otros trastornos", explica a 20minutos la presidenta de la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental (FEPSM), Ana González-Pinto.

¿Qué problemas produce entre los más jóvenes?

Si bien los efectos más graves, como los cuadros de psicosis -con ansiedad, delirios y vivencias paranoides-, se dan en un porcentaje pequeño de los consumidores jóvenes, muchos sufren problemas cognitivos, subraya el presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y el Adolescente (SEPYPNA), Fernando González Serrano. Se trata de alteraciones en la atención, la concentración, la memoria, la interpretación de lo que dicen los demás -como los profesores-, es decir, dificultades escolares. 

"Un adolescente tiene un cerebro que se está formando y lo hará de forma distinta si está consumiendo una sustancia que interactúa con sus neuronas"

En consecuencia, alguien que fuma marihuana a diario puede estar desempeñándose a un nivel intelectual disminuido constantemente o la mayor parte del tiempo, con la consiguiente merma en su rendimiento escolar. En este sentido, un estudio realizado en Nueva Zelanda halló que el consumo frecuente iniciado en la adolescencia puede provocar una pérdida en promedio de 6 y hasta 8 puntos de coeficiente intelectual a mitad de la etapa adulta.

Desde el punto de vista de la cognición, los efectos de la marihuana en adultos y menores pueden ser "parecidos", pero el riesgo que representa en mayores y "en un sistema nervioso central que no está todavía maduro no tiene nada que ver". "Un adolescente es un ser humano con un cerebro que se está formando y lo va a hacer de manera distinta si está consumiendo una sustancia que interactúa con las propias neuronas. Se produce una 'disregulación' general", señala la psiquiatra. 

En cuanto a la penetración de la utilización de la marihuana entre los más jóvenes, González-Prieto indica que se ha producido una leve disminución. "No hemos visto un incremento en el consumo de los chicos, ya había mucho antes y sigue habiéndolo. Estamos en el mismo nivel o, en todo caso, hemos notado un ligero descenso", afirma. Y, del mismo modo, añade que ha bajado el porcentaje de jóvenes que ingresan con cuadros psicóticos a causa del cannabis: "Antes representaban dos tercios y ahora es el 58%. No obstante, la cantidad sigue siendo enorme".

Factores genéticos y sociales

Especialmente perjudicial es el consumo entre los púberes y adolescentes más jóvenes, de entre 12 y 14 años, debido a la inmadurez biológica y cerebral. Asimismo, existen ciertos factores genéticos que pueden favorecer la aparición de cuadros graves, apunta el presidente de SEPYPNA. En esta línea, investigaciones recientes han descubierto que personas que fuman marihuana y tienen una variante específica del gen AKT1 presentan un riesgo mayor de sufrir de psicosis.

Además, González Serrano alerta de la existencia de una vulnerabilidad psicosocial, que engloba a jóvenes que ya han tenido problemas a lo largo de su infancia -como inestabilidad psíquica, emocional o comportamental- y aquellos que viven en ambientes socioeconómicos en riesgo. En estos casos, comienzan a consumir como "una vía de escape" y el cannabis actúa como "una especie de estabilizador aparente, una compensación, y les da una sensación de control y evasión, que puede acabar en una adicción".

"Hemos visto que hay una asociación entre consumo de cannabis y depresión, pero es compleja. Se asocian y no se ayudan"

No está clara todavía la relación entre marihuana y depresión. "Hemos visto que hay una asociación entre ambos, pero es compleja. Quienes tienen síntomas depresivos consumen más y, entonces, dejarlo es más difícil; pero no se trata de que, si una persona normal consume cannabis, se deprime. A eso no hemos llegado, aunque sí nos parece que son muy malos amigos. Se asocian y no se ayudan. Esta sustancia no produce una mejoría ni va a favorecer que el individuo tenga un mayor bienestar, si bien mucha gente piensa que sí", considera González-Prieto.

¿Estos efectos son reversibles?

En cuanto a la duración de los efectos, la presidenta de la FEPSM detalla que, hasta donde han visto, "son reversibles", aunque reconoce que no saben durante cuánto tiempo se puede fumar marihuana para que no haya marcha atrás en las secuelas. Asimismo, destaca que muchas veces este consumo se produce asociado al de otras sustancias, como alcohol y tabaco, y se acompaña de hábitos poco saludables, en cuanto a alimentación y estilo de vida.

"Cuanto más tiempo consumas, peor pronóstico tendrás y más tardarás en recuperarte. Hicimos un estudio y vimos que el abandono del cannabis conseguía revertir los efectos, pero requería años volver a estar normal", dice. 

Con ella coincide González Serrano, que relata que normalmente el uso de esta sustancia tiene unos efectos agudos limitados durante unas horas, pero el consumo crónico puede provocar "una especie de tolerancia y los efectos son mantenidos". "Se ve en chicos cuya forma de estar es bajo los efectos del cannabis: pasivizados, ni sienten ni padecen. Es un porcentaje pequeño, pero hay una afectación de su funcionamiento cerebral. Si se prolonga durante dos o tres años, tiene efectos más perdurables que son difíciles de tratar", remarca.

Dificultades para dejarlo

Otro de los grandes peligros del consumo de cannabis es que genere adicción. Diversos estudios sugieren que el 9% de las personas que fuman marihuana desarrollarán dependencia, un porcentaje que aumenta al 17% en quienes comienzan su relación con esta sustancia en la adolescencia. Aunque no todo el mundo se engancha, resalta la presidenta de la FEPSM, no resulta fácil dejarlo para quien sí lo hace.

Con la mejora en las terapias de desintoxicación, los expertos han logrado duplicar la eficacia del tratamiento habitual entre los jóvenes, ahonda González-Prieto, pero siguen trabajando para conseguir nuevos avances. En el caso de los cuadros más graves, han probado a alargar la psicoterapia y están investigando el uso del cannabidiol -un componente del cannabis- y los antipsicóticos.

Sin embargo, para no promover el consumo de marihuana entre los jóvenes y evitar llegar a esta dependencia, la psiquiatra realiza un llamamiento: "no hacer propaganda del cannabis". "Si salen personas relevantes diciendo que es buenísimo para la salud, qué mas quiere un chico adolescente que consume. Si se dan noticias de ese tipo, que no son verdad, la credibilidad del sistema sanitario es menor. Y esa es la pena, que no son verdad", lamenta.

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