Líbano, al borde de un nuevo conflicto tras el asesinato de siete civiles: "La situación recuerda a la Guerra Civil"

El Líbano, al borde de una nueva guerra civil.
El Líbano, al borde de una nueva guerra civil.
EFE/EPA/WAEL HAMZEH

Treinta y un años después, los tambores de guerra resuenan en Beirut como el eco de un pasado muy reciente. Los enfrentamientos entre facciones políticas en el Líbano, unido a una crisis económica sin precedentes (la moneda se ha devaluado un 90%), presagian un futuro incierto para el país árabe, donde únicamente las heridas de una guerra civil todavía muy frescas (1975-1990) parecen frenar un nuevo estallido bélico.

La división de la sociedad libanesa no se ha superado tres décadas después del traumático conflicto civil que les enfrentó. Las movilizaciones de 2019, que exigían (entre otras cosas) la creación de un Estado libanés que no fuera determinado por las distintas facciones religiosas, no ha terminado de calar, y el empeoramiento del país en todos los aspectos ha culminado en la tensa situación en la que se encuentra ahora.

La manifestación convocada por grupos chiíes el pasado 14 de octubre, para pedir la destitución del juez a cargo de investigar la explosión del puerto de Beirut en 2020, desembocó en fuertes disturbios en la capital libanesa, después de que varios francotiradores (todavía sin identificar) asesinaran a siete manifestantes. Esta situación ha elevado el tono y las amenazas entre grupos políticos, en un país con un sistema político único en el mundo donde las facciones religiosas se reparten el poder.

"El país paga las consecuencias de la corrupción, de la mala gestión política y del interés en preservar su equilibrio de poder (…). No se veía una situación que recordara tanto a la Guerra Civil como la de la semana pasada y estos enfrentamientos con francotiradores se produjeron en una localización de la ciudad que también tenía un significado simbólico de la Guerra Civil", explica a 20minutos Lurdes Vidal, directora del área Mundo Árabe y Mediterráneo del Instituto Europeo del Mediterráneo (IEMed).

¿Cómo se ha llegado a esta situación?

Este episodio sangriento se produce en medio de un malestar popular debido al bloqueo por parte de algunos grupos políticos de las investigaciones sobre la explosión del puerto de Beirut, que causaron más de 200 muertos, 6.500 heridos y una gran devastación de la ciudad.

El juez Bitar, a cargo de la investigación, ha comenzado a citar y relacionar con el caso a algunos cargos políticos y de la administración, lo que generó cierto malestar en el seno del Gobierno.

"Que ese depósito de nitrato de amonio mal almacenado estuviera en el puerto de Beirut durante seis años, y que al final acabara estallando, evidentemente es producto de la negligencia de alguien, que lo dejó allí y se desentendió del tema", reconoce Vidal.

La manifestación del 14 de octubre fue convocada por Hizbulá y Amal, que son dos grupos políticos (en el caso de Hizbulá también tiene brazo armado) con gran influencia dentro del país. Estos dos partidos, que son parte del statu quo libanés, buscan de alguna forma no verse manchados por esta investigación.

"En la manifestación aparecieron unos francotiradores cuya identidad no resulta clara, no es el Ejército libanés, sino que son francotiradores que según Hizbulá son de las Fuerzas Libanesas, un grupo político y antigua milicia que representó a las facciones cristianas libanesas de ultraderecha durante la Guerra Civil", afirma Vidal.

Samir Geagea, líder de Fuerzas Libanesas, ha negado que su partido estuviera involucrado, aunque todavía la investigación está en curso y no se ha esclarecido quiénes fueron los autores del tiroteo.

Militares en el lugar donde francotiradores asesinaron a siete manifestantes.
Militares en el lugar donde francotiradores asesinaron a siete manifestantes.
EFE/EPA/NABIL MOUNZER

Crisis económica y sanitaria

Lo ocurrido durante las protestas está indudablemente vinculado la explosión de 2020, que fue un evento traumático para la sociedad libanesa, pero también se enmarca en un periodo de dos años en el que la situación económica del Líbano es preocupante.

"Esta crisis política no es consecuencia directa de la situación económica, pero desde hace dos años el país está en caída libre. La libra libanesa se ha devaluado el 90% en dos años", recuerdan Lurdes Vidal, que añade que existe "una escasez de productos y las necesidades básicas no están cubiertas. También hay escasez de combustible, con lo que hay cortes de electricidad constantes en medio de la crisis sanitaria del coronavirus, con lo que se ha juntado la tormenta perfecta".

Esta crisis económica se agrava por las diferencias políticas dentro del propio Gobierno libanés, que ha cambiado de manos en varias ocasiones en los últimos meses. La comunidad internacional condiciona la entrega de ayudas a reformas económicas, pero la falta de acuerdo interno impiden su llegada, por lo que se agrava por momentos la crisis y aumenta el desasosiego popular.

"El Banco Mundial dice que es una de las tres peores crisis que se han producido en el mundo desde el siglo XIX. La gente está yéndose; el que puede se va del Líbano", explican desde el IEMed.

Marcas de bala en la fachada de un edificio en Beirut.
Marcas de bala en la fachada de un edificio en Beirut.
EFE/EPA/WAEL HAMZEH

El sistema político libanés: de la solución al problema

El miedo a que todo esto derive en una nueva guerra civil tiene también mucho que ver con la fragmentación política libanesa, dividida por cuotas basándonos en las diferentes confesiones religiosas del país. Esto hace que según se pertenezca a una u otra comunidad puedas llegar a un cargo u otro: el presidente tiene que ser un cristiano maronita, el primer ministro un musulmán suní y el presidente del Parlamento un musulmán chií.

Acabar con este sistema, que en su momento ayudó a dar poder a las facciones que estaban enfrentadas, ha sido en los últimos años una petición de las nuevas generaciones. "El sistema confesional es cuestionado, de hecho en las manifestaciones de 2019 una de las reclamaciones era la superación del Estado confesional, la creación de un Estado libanés que no fuera determinado por las distintas facciones religiosas o confesionales", reconoce la directora del área Mundo Árabe y Mediterráneo del IEMed.

No obstante, de continuar las acusaciones entre líderes de las diferentes comunidades, no es descartable el regreso a la violencia sectaria en una sociedad tan marcada por la pertenencia identitaria a un grupo, por encima incluso del sentimiento de Estado. "Probablemente cuanto más tensionado esté el contexto la poblacional recurrirá a quien identifican como el que tiene más capacidad para defender tus intereses", explica Vidal. "Cuando el sistema político está tan marcado desde el punto de vista confesional es muy difícil que la sociedad se reconstruya con una visión no sectaria".

Las facciones políticas tensan la situación

Lejos de apaciguar las aguas, Hasán Nasralá, líder del partido-milicia Hizbulá, ha acusado al partido Fuerzas Libanesas de querer "iniciar una guerra civil" y le ha advertido que su partido tiene "100.000 combatientes armados y entrenados".

Las distintas facciones están empezando a sacar cabeza y a elevar el tono. Según Vidal "el hecho de que las Fuerza Libanesas vuelvan a salir a escena no es sino un oportunismo, el momento en el que pueden actuar como fuerza confrontacional y situarse a un lado de la tensión y ahondar la fractura".

Militantes de Hizbulá sosteniendo el ataúd de uno de los asesinados el pasado jueves.
Militantes de Hizbulá sosteniendo el ataúd de uno de los asesinados el pasado jueves.
EFE/EPA/NABIL MOUNZER

La crisis económica y política, la tensión con los refugiados que vienen de Siria, que todavía sobrecargan más unos servicios básicos muy cargados, la pandemia, con hospitales que no siempre funcionaban por los cortes de energía... todo esto se va sumando y agravando aún más la situación.

"Esperemos que sepan desescalar, pero ahora mismo todos van levantando el tono de las declaraciones, más amenazador y más confrontacional, que lo único que hace prever es más tensión y más leña al fuego", sentencia Lurdes Vidal. Desde el sangriento episodio de hace tres semanas parece que la tensión ha disminuido levemente, aunque cualquier acontecimiento podría devolver la violencia a las calles. El devenir del Líbano pende una vez más de un hilo y, como ocurrió hace escasas décadas, el murmullo que sobrevuela las calles de Beirut no son un buen augurio.

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