Imanol y Jon Arias: "Si quedamos a comer o a ver el fútbol no hablamos de la profesión"

Imanol y Jon Arias posan con motivo del estreno de 'Muerte de un viajante'.
Imanol y Jon Arias posan con motivo del estreno de 'Muerte de un viajante'.
Jorge París
Imanol y Jon Arias posan con motivo del estreno de 'Muerte de un viajante'.

El actor Imanol Arias y su hijo, Jon, coinciden en Muerte de un viajante (desde el 30 de septiembre en el Teatro Infanta Isabel de Madrid) una obra de Arthur Miller sobre la crisis de valores de un hombre y su familia y que ganó un Pulitzer tras estrenarse en 1949.

¿Qué vamos a ver en Muerte de un viajante? Imanol Arias: Es una de las obras cumbres del teatro. Una obra que se escribió en el 48 y que abarca las vivencias de un ser humano desde una dimensión enorme. El fracaso en la vida, la mentira continuada, creer que es más importante a quién conoces que lo que haces, la presencia por encima de la profundidad, la mentira que tergiversa las cosas y las embellece, el fracaso del sistema y de una época…

La historia es muy actual en la forma...    I. A:Miller estaba ya muy en contacto con el cine así que la obra parece clásica pero con una estructura casi cinematográfica, llena de idas para adelante y para atrás.

Jon Arias: La obra contiene flashbacks, lo que la hizo muy novedosa. Ahora los conocemos pero en su día la gente alucinaba y decía "¿qué es esto? Son los mismos personajes pero han vuelto al pasado?".

¿Cuando se interpreta una obra con toda esta crítica social y personajes destruidos, ¿les hace pensar sobre sus propias vidas? J. A: Una de las cosas más bonitas de esta profesión es ponerte en los zapatos de gente que ha tenido otras vidas diferentes a la tuya. No somos actores de método, de estar tres meses conduciendo un taxi para hacer de taxista, pero sí hay mucho de empatizar, de informarte, de leer.

¿Y hacen paralelismos con ustedes mismos? J. A:En las partes de la relación personal de los personajes… no es que te afecte, pero te vas dando cuenta de lo que supondría tener eso en la vida real, lo que podría haber sido tu vida si tuvieras esos problemas o de cuanta gente vive así.

I. A: Uno puede investigar, sentir el personaje y otro puede dejar que el personaje te ocupe. No estamos operando a corazón abierto, estamos actuando. Hay que tener la decisión todos los días de meterte en ese mundo y ser sincero ese día, con todo el amor y la humildad que puedas.

¿Qué les hace sentir salir al escenario? I. A: Me apasiona el vapuleo, el masaje que te da cada vez que te metes y el goce de humildad… sueño con tener 300 personas en las butacas mientras me vapulea la obra y me deja en pelotas. Y es maravilloso disfrutar de eso delante de un actor como mi hijo.

¿Eso interfiere en el trabajo, interpretar a un padre y un hijo?    J. A: Dentro de que nuestra relación padre e hijo es excelente, somos actores a los que nos gusta mucho el oficio y nos lo pasamos muy bien, no somos nada tremendistas. Cuando quedamos a comer o a ver el fútbol no hablamos de la profesión.

I. A: Cuando venimos aquí lo hacemos con ganas de trabajar, de jugar. Es como si nos gustase el tenis y quedáramos para hacerlo y nos preguntaran si hay riesgo de acabar enfadados. Y no, porque no nos va la vida en ello.

¿Se retan en lo actoral y en lo personal?    J. A:Hay situaciones que interpretamos que nunca hemos vivido y hasta nos gusta la caña de decírnoslo, es como vivir una realidad paralela, pero sin llevarnos nada a casa y sin que nos remueva nada.

¿Aún corrige o regaña a su hijo?    I. A: No, lo único que pasa es que él tiene una puntualidad de cinco minutos y yo la tengo de menos cinco y como nos ha educado la misma persona a los dos a mi me extraña (risas).

J. A: Nos decimos siempre todo con naturalidad y transparencia y él es muy respetuoso cuando me quiere decir algo. Los dos nos ayudamos mucho y no hay nunca una figura de padre que me me haga sentir incómodo en el trabajo. La relación es más como de hermanos.

¿Disfruta de ver a su hijo a diario? I. A:Ver a mis hijos me produce buen humor. Siempre sonrío, me río y me siento feliz de encontrarme con ellos. Y cuando más pequeño me voy haciendo, que parece que yo me voy encogiendo y ellos crecen, pues más me río.

El protagonista de la obra trata de inculcar valores a sus hijos, ¿pasa o pasó con ustedes? J. A:Desde muy joven él me ha dado un sitio, con conversaciones adultas. Fue de las primeras personas que me sentó en la mesa y no me trató con un niño.

I. A: Yo no me siento capaz ahora de mandar ningún mensaje a nadie, pero como padre puedo decir que sentir que alguien te cuida en un ámbito profesional ha sido una de las cosas más hermosas que me han pasado, una experiencia que no olvidaré.

Esta es una obra que se ha representado en otras ocasiones, ¿qué vuelta de tuerca le han dado?    I. A:Ante la modernización de las puestas en escena se trataba de encontrar el valor de la palabra, porque lo que hablas define al personaje. Hay que tener precisión en la palabra, que cada una tenga el sentimiento adecuado, que no es que tú lo sientas, sino que lo tenga. Eso es el teatro como arte. Hay veces que depende de como digas las cosas algo te cierra telón o no.

El protagonista no es precisamente un referente, ¿no?    I. A: Esta obra tiene la vigencia de la gran obra, la obra conceptual con un personaje de antihéroe. Porque los antihéroes permanecen mucho más, son mucho más frecuentes.

Ambos hacen tele y teatro, ¿ventajas del teatro?    J. A:    En el cine o la tele vas haciendo cachitos y una vez que lo has rodado lo montan y ya pasa, pero en teatro constantemente estás pasando por las vivencias de los personajes.

Redactor '20minutos'

Redactor especializado en Televisión, Cultura y Espectáculos, con 19 años de experiencia. Locutor, colaborador televisivo y actor. Licenciado en Ciencias de la Comunicación en la CEU. He escrito guiones de cómic de humor, así como blogs sobre realities, además de en otros campos como la Historia y Fuerzas Armadas.

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