Ramón García: el hombre detrás del presentador

El presentador Ramón García disfruta de la madrileña feria de San Isidro, en 2018.
El presentador Ramón García disfruta de la madrileña feria de San Isidro, en 2018.
GTRES

Ramón García se ha separado de Patricia Cerezo tras veintisiete años de relación sentimental. Una noticia que publicaba la revista Semana y que convierte al vasco en el personaje de la semana. Aunque no es una decisión reciente, pues Ramón y Patricia están separados desde principios de año, la historia de otro amor caído ha hecho temblar los cimientos de esta famosfera carente de romanticismo. 

A pesar de que la noticia ha sorprendido a muchos, los más cercanos eran conscientes y supieron guardar el secreto en este mundo rosa en el que la traición se cotiza al alza. Sin exclusivas, comunicados a destiempo, han acertado al enfrentarse a la nueva realidad con normalidad.

Patricia ha sido el gran amor de Ramón. De hecho, le resulta tan imposible imaginarse un futuro sin tenerla cerca, que reconoce que seguirán alternándose para que sus hijas sufran lo menos posible un desapego que no será total. Se respetan, valoran y ensalzan en un divorcio que ya es ejemplar. Padre por encima de todo, protege a los suyos con una firmeza en la que no caben escándalos ni enfrentamientos.

No resulta sorprendente el talante tranquilo, pues Ramonchu -nombre con el que le llamaba cariñosamente Ana Obregón en sus múltiples proyectos compartidos- nos resulta familiar, como de casa. Es de esos presentadores dotados de telegenia que convence igual ante una vaquilla que despidiendo el año desde la puerta del sol. 

Afable, divertido y tremendamente discreto, caló entre la audiencia con una espontaneidad que en la época del imbatible Qué Apostamos resultaba exótica. Entre tanto guión forzado, verle disfrutar con las pruebas imposibles del formato era algo parecido como la ducha final en la que se mojaba en semanas alternas.

Multidisciplinar y exigente, aunque actualmente presenta el magacín vespertino En compañía de la televisión autonómica de Castilla la Mancha, no cabe duda de que Ramón (y su capa) será, sine die, el mejor conductor de las Campanadas de fin de año. Hasta en dieciséis ocasiones hemos celebrado con él la salida y la entrada entonando la canción de Mecano

Además, los veranos ya no son lo mismo sin que una noche a la semana, García reúna a la familia en aquel Grand Prix en el que los bolos se alternaban con patatas calientes y repasos acertados por los pueblos de una España que parecía, por aquel entonces, más unida. La tele tampoco es la misma. Tal vez por eso, y a pesar de que hubo intentos de recuperarlo, el formato parece ahora una utopía entre gritos y reproches.

Ramón también es un hombre de radio donde ha presentado en diferentes emisoras y en diversos horarios programas de todo tipo que le han hecho obtener importantes distinciones entre los que se encuentran los premios Protagonista o el Micrófono de Oro.

A sus 59 años y con un apabullante éxito, se enfrenta ahora a un renacer, el despertar de una nueva vida en la que seguirá habiendo tiempo para disfrutar junto a los suyos y quién sabe para abrazar un nuevo amor.

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