La lucha de una joven burguesa por formarse en la convulsa y no tan lejana Barcelona de principios del siglo XX

  • El periodista Josep Maria Girona debuta en ficción con la novela 'No me llames loca' (Roca Editorial, 2021).
  • La obra cuenta la lucha de una joven en la Barcelona de principios del siglo XX por formarse y liberarse del yugo familiar: "Es feminista porque quiere vivir de acuerdo con su sentido común".
El periodista y escritor Josep María Girona
El periodista y escritor Josep María Girona
CEDIDA POR ROCA EDITORIAL

"Las circunstancias de la España de principios del siglo XX no eran tan diferentes a las de ahora: se vivía una restauración borbónica, con dos reyes, como ahora; había turnismo político; surgían nuevos partidos; los regionalistas ayudaban al sistema cuando este peligraba; había una crisis del sistema territorial... Todo muy parecido". El análisis lo hace Josep María Girona (Alcover, Tarragona, 1959) periodista de larga trayectoria profesional, al hablar de su debut literario, No me llames loca (Roca Editorial, 2021).

La novela traslada a los lectores a la Barcelona de principios de siglo XX, a los años antes de la Semana Trágica, a través del despertar de una joven burguesa, Julia Queralt-Robuster Sugranyes, la hija de un industrial que descubre que no tendrá herencia y que su destino es casarse con quien le digan. Julia decidirá formarse para tomar el control de su destino y, junto a ella, el lector viajará a un tiempo convulso, lleno de personajes históricos y de procesos como el pistolerismo, la restauración y las luchas sociales.

"Me interesaba hablar del feminismo, que hoy en día se debate, y para hacerlo tienes que ir hacia atrás", explica Girona a 20minutos. "El franquismo y la Segunda República estaban ya muy manidos, y está época ofrecía muchas cosas, sobre todo muchas circunstancias similares a lo que ocurre hoy", asegura.

Feminismo como "sentido común"

"Julia, mi protagonista, no es una feminista como entendemos hoy, no es una activista, pero a partir de tener la oportunidad de formarse toma conciencia y aplica el sentido común. Es feminista porque quiere vivir de acuerdo con su sentido común sin que nadie le diga qué tiene que hacer", explica el exdirector de la Cadena SER en Cataluña. Sentido común que para el autor es la llave para solucionar casi todos los problemas, aunque parece que "actualmente hay muy poco".

Para el escritor, en la emancipación de la mujer y la toma de conciencia del feminismo la cultura es fundamental y lo plasma en el argumento de la novela. La cultura es "fundamental" para cualquier proceso, "una sociedad culta es una sociedad que avanza", asegura. A través de Enriqueta, la abuela paterna de la protagonista, Julia entrará en el mundo de la cultura a través de la real Biblioteca Popular de la Mujer —idea de la pedagoga Paquita Verdaguer, también conocida como Francesca Bonnemaison-. También se muestra la novela la historia de la Escuela Superior de Bibliotecarias y a Consol Pastor Martínez, alumna número uno de la primera promoción.

"Julia tiene que cumplir un destino, pero la formación que recibe le da criterio propio y cuando percibe que los hombres de su alrededor la utilizan, ella se rebela", desgrana el autor de la novela.

No me llames loca
No me llames loca
ROCA EDITORIAL

En la novela, también se muestra una visión transversal de la época porque Julia entrará en contacto con el mundo obrero y sindicalista y verá una realidad diferente a la que ha vivido. 

"Para mí era fundamental que fuera una novela de época que permitiera viajar en el tiempo", explica Girona que reconoce que ese trabajo "ha sido laborioso, pero bonito: bucear en la prensa y los libros ha sido un placer".

Del mismo modo, reconoce el autor que ha disfrutado de los "cameos" de los personajes históricos en la trama. En ella, no solo aparecen mujeres como las antes mencionadas Paquita Verdager o Consol Pastor, sino también el general Miguel Primo de Rivera, antes de dar el Golpe de Estado de 1923, el gobernador Severiano Martínez Anido o el jefe de la inspección general de seguridad, Miguel Arlegui entre otros.

La mezcla de ficción e historia le permite radiografiar al autor una Barcelona que era un polvorín, con tantas similitudes como presenta con el actual siglo XXI.

Girona reconoce que le resulta "difícil separarse del periodismo", pero reconoce que "a través de la ficción es posible acercarse a determinadas realidades más que haciendo periodismo".

Sin embargo, Girona sabe que "es su primera novela y soy humilde". "Escribo para pasármelo bien y hacer que se lo pasen bien quienes me leen", confiesa, "entretener y transportar al lector al pasado, con eso me conformo".

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