La historia del 'Dios Felipe': cuando el Duque de Edimburgo fue considerado una deidad en la República de Vanuatu

El príncipe Felipe, duque de Edimburgo, sonríe durante la entrega de varias medallas en la Royal Society de Edimburgo (Reino Unido).
El príncipe Felipe, duque de Edimburgo.
EFE
El príncipe Felipe, duque de Edimburgo.

Es altamente irónico y trágico que la muerte del príncipe Felipe, duque de Edimburgo, le haya sobrevenido tan cerca (apenas un par de meses, el 10 de junio era su cumpleaños) de alcanzar los 100 años y ser centenario, un número bastante más divino, en la concepción real del término. Porque el marido de Isabel II era considerado un dios en un punto concreto del planeta.

Hay que viajar hasta una remota aldea de la República de Vanuatu, un país insular entre las Fiji y Nueva Caledonia, a más de 1.700 kilómetros al este de Australia, en mitad del océano Pacífico. Se trata de Yaohnanen, un pequeño pueblo en la isla Tanna (donde se yergue el Mount Yasur, un volcán activo), y que está a unos 6 kilómetros al sur de la principal ciudad del islote, Lenakel.

Allí está deificado el duque, puesto que sus aldeanos siguen Prince Philip Movement [Movimiento Príncipe Felipe], una religión que tiene como principal ser celestial al recientemente fallecido consorte de la reina, dado que se le consideraba, basándose en una antigua leyenda local, el hijo del dios de la montaña.

La leyenda contaba que, un día, un "ente de piel pálida" surcaría los mares recorriendo grandes distancias para acabar casándose con una muy poderosa mujer (no hace falta decir quién). Además, este "hijo del Espíritu de la Montaña" regresaría, lo que traería consigo el florecimiento de los jardines así como acabaría con "la pobreza, las enfermedades y las deudas" de la aldea.

El origen de este culto, en el que incluso tenían como celebración el 10 de junio por motivos obvios, está en los años 50, en una visita que realizó Felipe por la zona (en 1949, con la Declaración de Londres, los designios de la Commonwealth o Mancomunidad de Naciones habían cambiado).

Los nativos vieron en el marido de Isabel II a su salvador personificado, tal y como explicó Jack Navia, uno de los jefes de la tribu, fallecido en 2009, e impulsor del culto. "Yo le vi de pie, en cubierta, con su uniforme blanquísimo, y de inmediato supe que era el verdadero mesías", afirmó.

Hay que decir que el príncipe Felipe nunca regresó al lugar donde ha estado casi 70 años venerado como un dios (sí lo hizo, en octubre de 2014, su única hija, la princesa Ana), pero tampoco renunció al título ni mucho menos, sino que se sentía muy agradecido y avivó la religión con varios presentes que los autóctonos tomaron como señales de su deidad.

Estos regalos incluyeron varias fotografías suyas firmadas junto a una Union Jack, el nombre de la bandera de Reino Unido. Estos tesoros son guardados como reliquias en Yaohnanen, cuyos habitantes le enviaron unos aperos para la matanza del cerdo llamado nal-nal en la lengua vernácula.

Ni que decir tiene que la fotografía que se hizo el príncipe Felipe con los utensilios es otra de las piezas más importantes para los nativos de la República de Vanuatu, de los que se espera una reacción a su muerte proporcional al culto que le han profesado durante más de medio siglo.

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