La pandemia repuebla la España rural: "Con el dinero del ERTE no me podía permitir vivir en Madrid"

Laura se mudó desde Madrid a Miño de San Esteban, Soria, tras el confinamiento.
Laura se mudó desde Madrid a Miño de San Esteban, Soria, tras el confinamiento.
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Hace poco más de un año, José Antonio Álvarez no se planteaba irse de Madrid. Tras seis años y medio viviendo en la capital, este jienense de 33 años trabajaba en la recepción de un hotel y servía copas los fines de semana. En su mente tenía desde hace años estudiar una oposición, pero no había encontrado el momento hasta que comenzó la pandemia.

"Los primeros meses, estuve viviendo prácticamente de ahorro, hasta que ya empezó a funcionar lo de los ERTE y, como está todo en el aire, justamente al empezar el año dije: 'Me vengo al pueblo y ahorro'", declara José Antonio, ya desde su pueblo, Torre del Campo, donde llegó hace dos semanas.

“Con el dinero de los ERTE no me da para vivir en el centro de Madrid y tampoco podía disfrutar de la ciudad por todas las restricciones”, añade.

José Antonio Álvarez

José Antonio volvió a su pueblo de Jaén para ahorrar y preparar las oposiciones tras entrar en dos ERTE en Madrid.
Volvió a su pueblo de Jaén para ahorrar y preparar las oposiciones tras entrar en dos ERTE en Madrid.
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"Con el dinero del ERTE no me podía permitir vivir en el centro de Madrid"

Aunque aún faltan más datos para confirmar la tendencia, durante el último año, muchos jóvenes han optado por abandonar las grandes ciudades españolas destino a un entorno rural que llevaba décadas sufriendo una pérdida constante de población.

Durante el primer semestre del año pasado, las dos comunidades autónomas con el saldo migratorio más negativo fueron Madrid y Cataluña, según datos del INE. Dentro de la Comunidad de Madrid, 9.000 personas se habrían trasladado a vivir a los pueblos desde la capital, según datos del Comisionado del Gobierno de la Comunidad de Madrid para la Revitalización de los Municipios Rurales.

"Para hablar de un fenómeno de repoblación hay que esperar a analizar los datos de los padrones y del nuevo censo de 2021 y observar si la tendencia se consolida", declara Fátima Gómez Sota, profesora titular de Sociología en la Universidad Europea.

"El incremento del paro y la crisis económica empuja a algunas personas a buscar nuevas formas de emprendimiento en lo rural", señala Gómez Sota, que también identifica otros perfiles como "aquellas personas con posibilidades de teletrabajar, o aquellas que añoraban la vuelta a sus pueblos donde tienen casa familiar".

Laura Puente

Se trasladó desde Madrid a un pequeño pueblo de Soria aprovechando la posibilidad de teletrabajar.
Se trasladó desde Madrid a un pequeño pueblo de Soria aprovechando la posibilidad de teletrabajar.
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"En el pueblo, no sientes que, entre semana, estás solo trabajando"

A este último perfil responde Laura Puente, una madrileña de 32 años que este verano decidió trasladarse al pueblo de su familia, Miño de San Esteban, una aldea de Soria con 40 personas empadronadas.

"En Madrid estás acostumbrado a tener una hora de ida y otra de vuelta al trabajo, si a eso le sumas la jornada partida se te va mucho tiempo", declara esta arquitecta que trabaja en una consultora. "En el pueblo, en cuanto terminas de trabajar, puedes salir y despejarte de todo, no tener la sensación de que de lunes a viernes solo trabajas".

En su caso, el teletrabajo le abrió las puertas a su viejo sueño de vivir en el pueblo al que normalmente solo iba de vacaciones. Durante el verano, el Ayuntamiento habilitó una sala para el teletrabajo donde llegaron a juntarse una veintena de personas. Con el duro invierno soriano la vida se hizo más complicada.

"En el pueblo quedaríamos unas 20 personas. Era levantarse para encender la estufa y estar pendiente de la leña, pero porque las casas no están habilitadas para estar todo el año", declara Laura, que, en cualquier caso, querría quedarse fija el pueblo si el teletrabajo perdurase.

Las ciudades han sido un entorno especialmente hostil durante la pandemia. Las viviendas pequeñas y sin un espacio al aire libre donde poder respirar durante el confinamiento, los transportes públicos abarrotados y las duras restricciones aún vigentes han llevado a muchos a huir hacia los pueblos cercanos y hacia las segundas residencias.

Sin embargo, para la mayoría, la decisión ha sido esencialmente económica. Ciudades como Madrid o Barcelona llevan años con unos precios de alquileres desorbitados que la pandemia ha estabilizado, pero apenas ha reducido.

Anggy Zapata

Se mudó hace cuatro meses de Barcelona a Olot, Girona, por motivos "esencialmente económicos".
Se mudó hace cuatro meses de Barcelona a Olot, Girona, por motivos económicos.
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"Pago la mitad de alquiler que en Barcelona y aquí tengo trabajo"

"Me fui más que nada por el tema económico", admite Anggy Zapata, una colombiana de 32 años que llevaba cuatro viviendo en Barcelona y, el pasado otoño, hizo las maletas para marcharse a Olot, Girona.

"En Barcelona trabajaba en una tienda de cosméticos en un centro comercial, pero nos fuimos al ERTE y teníamos un sueldo base muy bajito, quedamos ganando unos 400 euros", relata Anggy, que ya ha encontrado trabajo en su nueva localidad y, además, ha salido ganando con el precio del alquiler: "Olot es mucho más barato que Barcelona. Pago la mitad de alquiler. Si allí se paga el piso a 1000 euros, aquí se paga a 500".

¿Perdurará esta tendencia en el tiempo logrando devolver algo de vida a la España rural? "A largo plazo, dependerá de cómo evolucione la situación sanitaria y, principalmente, de las políticas que se pongan en marcha por parte del Gobierno y de los ayuntamientos", declara la profesora Gómez Sota. "De no ser así, este fenómeno se convertirá sólo en algo pasajero y los jóvenes retornarán a las ciudades o emigrarán fuera de España de nuevo, cómo sucedió tras la crisis económica de 2008".

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