El terrorismo islámico y ETA: las fechas negras en 20 años

  • Antonio M. Utrera, víctima del 11-M, y Maite Pagaza, hermana de Joseba Pagaza, recuerdan lo más oscuro de sus vidas.
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Estado de uno de los vagones, en la estación de Atocha, tras el atentado.
Estado de uno de los vagones, en la estación de Atocha, tras el atentado.
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Cuando caminaba por el campus de Vitoria de la Universidad del País Vasco, ETA hizo estallar un coche-bomba a su paso. Así murió Fernando Buesa en febrero del año 2000. Su caso es otro de los muchos que en estos 20 años (o al menos hasta 2011, cuando la banda abandonó la violencia) perdieron la vida ante el terrorismo. En octubre de hace ahora nueve años, ETA decidía dejar las armas y tardaría todavía otros siete años (en 2018) en anunciar su disolución definitiva. A su paso dejó 829 víctimas. Y algunos de los crímenes siguen sin resolverse. 

Maite Pagaza sabe perfectamente lo que es ETA. Lo sabe porque en 2003 la banda asesinó a su hermano, Joseba Pagaza, que era el jefe de la Policía Local en Andoáin y militante del PSE. Como eurodiputada, de hecho, trabaja ahora para que lo que sucedió entonces "no se olvide". Sabe que una de las claves está en formar a las nuevas generaciones, pero desde un punto de vista más amplio. No se puede olvidar qué fue ETA. Lamenta que ahora todo se haya casi olvidado, normalizado incluso.

Pero la experiencia de España con el terrorismo no se quedó en ETA. El 11 de marzo del 2004 está grabado en la crónica más dolorosa del país. Era temprano. El día estaba amaneciendo y se fue a negro en cuestión de minutos: se produjeron diez explosiones casi simultáneas en cuatro trenes de Madrid. Más tarde, y tras un intento de desactivación, la policía detonó de forma controlada dos artefactos que no habían estallado. Hubo además un tercero que no estalló y a partir del cual se iniciaron las investigaciones. Todo ello dejó 193 muertos y otros 2057 heridos.

Los atentados más sangrientos de la historia de España han dejado un total de 18 detenidos, y las reacciones políticas fueron varias desde el principio: los hechos sucedieron solo tres días antes de las elecciones generales de 2004. El Gobierno de Aznar calculó mal, y acusó a ETA en un primer momento, con las investigaciones sin hacer. Finalmente, Al Qaeda reivindicó los ataques.

Antonio M. Utrera lo vivió en sus propias carnes. Tenía 18 años, y ahora con 34 lo recuerda todo con bastante nitidez. El joven iba en el tren que explota antes de llegar a Atocha. "Se me parte un poco la vida en dos. El atentado para mí marca un antes y un después y me deja como secuela una hemiplesia. No pienso en si mi vida es ahora mejor o peor, sino que es diferente, aunque es verdad que en su momento mis amigos me dieron de lado", cuenta al otro lado del teléfono.

ETA y el 11-M no son los únicos capítulos del horror durante estas dos décadas. También lo es el 17 de agosto de 2017, reivindicado en este caso por el Estado Islámico. Fueron una serie de ataques terroristas que se desarrollaron en Barcelona y Cambrils. Se iniciaron el 17 de agosto de 2017 en el paseo de Las Ramblas de Barcelona donde, en torno a las cinco de la tarde, se cometió un atropello masivo con una furgoneta blanca que recorrió más de 500 metros en la zona central del paseo. Esa misma noche, en Cambrils, los terroristas ejecutaron otro ataque antes de ser abatidos. El juicio contra los cuatro implicados que siguen vivos comenzó hace apenas unas semanas. Esa historia, por tanto, sigue escribiéndose. Tras de sí quedaron 16 muertos y 152 heridos.

Maite Pagaza sabe lo que es vivir en carne propia el terrorismo de ETA. La banda asesinó a su hermano y para ella, después de la ilegalización vino el desarme y tras eso el blanqueo. Lo veía venir y así lo expresa, tratando de dejarlo claro desde su posición de eurodiputada. Es el mensaje que quiere trasladar a Europa: la campaña de legitimación no ha terminado.

¿Cómo vivió el final de ETA?

Recuerdo muchísimas cosas. No fueron unos días. Fue un tiempo bastante largo, duró años. El final de ETA duró varios años. La ilegalización les deja tocados y empieza el declive operativo, y ya el otro final, el final operativo, termina hace poco. Hay que tener en cuenta que al mismo tiempo, sobre todo en 2011 empieza toda una campaña de legitimación y blanqueamiento. Y esa campaña no ha terminado.

¿Ya se preveía esa campaña?

Yo ya lo veía venir. Un gran antecedente de desinformación es lo que han hecho los herederos de ETA. Ellos eran unos grandes generadores de publicidad y propaganda. Durante los años que fueron preparando el final consiguieron mucha publicidad.

¿Se reconoce a las víctimas como se debe?

Hay un intento de privatizar las víctimas del terrorismo como si el terrorismo fuese un tema entre los etarras y las víctimas. Esto no es así. Esto es algo democrático: que a la gente no la persigan y la maten. No es un tema de víctimas. Es un tema de democracia.

¿Hace falta educar mejor a las nuevas generaciones en lo que fue ETA?

Hay un déficit en general en los conocimientos humanísticos. Son elementos clave para ser menos manipulables. Hay que conocer bien el pasado y no solo la historia de ETA.

Antonio M. Utrera habla calmado al otro lado del teléfono. Es víctima de los atentados del 11 de marzo del 2004. Iba en el tren que explota antes de llegar a Atocha. Se siente agradecido porque puede contarlo, y comenta todo con mucha seguridad. Tenía entonces 18 años. Ahora, con 34, explica cómo es su vida y que recuerda de todo aquello.

¿Qué supone para usted el 11-M?

Se me parte un poco la vida en dos. El atentado para mí marca un antes y un después y me deja como secuela una hemiplesia. No pienso en si mi vida es ahora mejor o peor, sino que es diferente, aunque es verdad que en su momento mis amigos me dieron de lado. Yo en el atentado perdí a una amiga, que iba en otro de los trenes. Uno tiene que marcar distancia con los victimarios, pero es cierto que al principio sientes ira y odio. Mantenerse en eso solo hace daño a uno mismo.

¿Qué es lo primero que recuerda?

Yo salgo del vagón y ya sé que es un atentado. Después ya en el hospital, tras haber pasado un coma inducido, sé que no hay vuelta atrás.

¿Qué le diría a las nuevas generaciones?

A las nuevas generaciones –Utrera es docente– es necesario llevarles el testimonio de las víctimas, porque hay una generación que no conoce el 11-M. Se dan cuenta de que la Historia que ellos estudian sucedió de verdad y me preguntan por el odio, la justicia y la venganza y es algo que siempre recalco: quiero que entiendan que el hecho de ser víctima no te da derecho a vengarte.

¿Qué lecciones hay que sacar?

Ahora la lección que debería sacar la sociedad es que tenemos que dejar de tener indiferencia por lo que sucede. No hay que caer en los discursos que nos quieren dividir

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