La historia de Ana: de hacer vivir un infierno a sus padres a cambiar su actitud gracias a la terapia psicológica

  • La joven ha explicado que maltrató a su padres durante dos años y gracias a la terapia pudo cambiar.
Ana tiene 18 años y ahora puede hablar sin reparo del infierno que les ha hecho pasar a sus padres. “Nunca he hecho lo que me han dicho mis padres siempre… han sido muy buenos conmigo y muy permisivos y entonces yo, claro, yo al final acababa jugando con eso”.
Ana tiene 18 años y ahora puede hablar sin reparo del infierno que les ha hecho pasar a sus padres.“Nunca he hecho lo que me han dicho mis padres siempre… han sido muy buenos conmigo y muy permisivos y entonces yo, claro, yo al final acababa jugando con eso”.
Ana tiene 18 años y ahora puede hablar sin reparo del infierno que les ha hecho pasar a sus padres.“Nunca he hecho lo que me han dicho mis padres siempre… han sido muy buenos conmigo y muy permisivos y entonces yo, claro, yo al final acababa jugando con eso”.

Ana tenía 14 años cuando su comportamiento superó los límites de ser una adolescente rebelde: insultó y golpeó a sus padres durante dos años. Un infierno que ahora han conseguido dejar atrás.

Cuatro años después, con 18 años, la joven ha explicado lo mal que se lo hizo pasar a su padres: "Chillaba, he empujado a mi madre, me he pegado con mi padreA mi madre le he dicho de todo, de empujones, de pegarme...", ha asegurado muy arrepentida.

Sus padres no entendían el motivo de su actitud. "Ella tenía una rabia hacia mí que yo no entendía y se me fue de las manos", ha dicho su madre. "Hubo una discusión brutal, se acabaron pegando [su padre y ella] y tuve que separarles", ha contado entre lágrimas

"Era una batalla de yo contra mis padres, que no les aguanto... y dije me voy de casa, porque yo así no puedo", ha narrado la joven sobre su comportamiento, basado en insultos, golpes y continuas fugas de casa.

Ana ha manifestado también que siempre ha sido difícil de tratar: "Nunca he hecho lo que me han dicho mis padres, siempre han sido muy buenos conmigo y muy permisivos y entonces yo, claro, al final acababa jugando con eso".

Cuando tocaron fondo, decidieron acudir a terapia con Irene de la Fundación Amigó, donde han tratado a 20.000 adolescentes en toda España con el mismo problema. En 2019 hubo 4.000 denuncias, un número reducido dado que se trata de únicamente el 10% de los casos. El resto quedan silenciados.

Con ayuda del trabajo psicológico, Ana ahora puede ver la vida de otra manera: "Por fin estoy a gusto en casa y puedo decir que soy feliz".

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