Entrevista | Espido Freire: "La madurez me parece interesante, creo que la juventud está sobrevalorada"

  • La escritora publica una nueva novela sobre la depresión, 'De la melancolía' (Planeta).
  • ​La protagonista es una mujer, Elena, que trata de salir adelante después de divorciarse.
  • ​Hace 20 años fue la autora más joven en ganar el premio Planeta con 'Melocotones helados'.
La escritora Espido Freire
La escritora Espido Freire, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.
JORGE PARÍS

De la melancolía (Planeta) es la nueva novela de Espido Freire, quien fue la premio Planeta más joven hace 20 años. En ella cuenta cómo una mujer supera la depresión. "No sabes en qué momento gira el gusto literario o hay un recambio generacional. Estoy en un punto muy bueno, esperaba respuesta pero nos ha sobrepasado", confiesa la escritora, que ha concedido muchísimas entrevistas tras el lanzamiento.

¿Por qué nos ha citado en el Círculo de Bellas Artes, donde también acaba su novela? Está protegido por una diosa y no cualquiera: Atenea, la diosa del conocimiento y de la guerra. No se suele asociar con Madrid, pero aquí se crea un triángulo mitológico muy interesante con la Victoria y la Cibeles. Es uno de los lugares donde de forma emblemática se ha cuidado del conocimiento, todo lo contrario a la barbarie que el protagonista Lázaro asociaba con Madrid. El rastro de belleza o delicadeza lo encuentra aquí, bajo el manto de una diosa, cuando vuelve a la ciudad.

Ha elegido la palabra 'melancolía', más poética, para referirse a algo tan duro como la depresión. Hay dos razones. Una de ellas es la sonoridad. Las palabras importan, son el material de trabajo de un escritor, como para un fotógrafo la luz. Por otro lado, algunos intentamos rescatar el conocimiento clásico y la melancolía nos lleva a la definición que los clásicos habían hecho de la depresión: el humor negro, la bilis. Hubo un tiempo en el que se creía que estábamos divididos por caracteres y por humores y que la melancolía era el más propicio para la creatividad, por eso se relacionaba con el artista. He querido desmontar en cierto modo esa creencia.

¿Cómo? En el libro hablo de depresión, que no es un estado creativo en absoluto, es de una seriedad enorme y afectará a muchos de mis lectores, o a gente cercana, en algún momento de su vida. En ello está sumida Elena, la protagonista.

La portada tampoco evoca la depresión, da a entender que es una novela romántica. La composición es mérito del equipo gráfico. La imagen me pareció perfecta porque podría ser Elena antes de la novela, en ese momento de su pasado en el que parece que todo encaja. Y por otro evoca los años 30, el momento de la Gran Depresión con el que se están buscando vínculos desde la situación actual. Esta es una historia de crisis y por eso está bien que haya un guiño a esa gran crisis.

Elena ha vivido mucho tiempo en una burbuja, su padres eran mayores y ha estado aislada de la vida real. Su concepto del mundo, que se hará mil pedazos, encaja bien con esta imagen.

¿Cree en el poder curativo del amor, como sucede en la novela? Sí, siempre que comience por el amor propio y continúe con un concepto desmitificado del amor. La novela romántica nos hace pensar casi al instante en el amor de pareja, apasionado, que tiene que sortear una serie de dificultades para florecer y que el héroe y la heroína tengan un final feliz. Es bonito de creer, sobre todo a ciertas edades...

Pero no es real. Claro, si escribes una novela más cercana a la realidad es complicado que eso te pueda sacar de casi nada. Sin embargo, el redescubrimiento de otro tipo de afectos que Elena no había vivido antes sí es una ayuda imparable en un proceso que ella ha empezado ya, con su propia terapia y sus propias fuerzas. No podía volver al mismo entorno ni a la misma gente, nada hubiera cambiado ni hubiera aprendido, y su vida regresaría al mismo punto. Es un error que cometemos casi todos: queremos que cambien las circunstancias sin que cambien las circunstancias.

Aquí la apuesta era otro tipo de amor y, sobre todo, un afecto intergeneracional en el que entraran desde los jóvenes a un anciano nonagenario y todos los puntos intermedios.

En 'De la melancolía' coincide la crisis social y económica con la personal, pero es una historia de esperanza.  Como ese amigo que te dice: “Tranquila, esto pasará”. Esa melancolía y la crisis externa e interna es el punto de partida, las primera páginas, pero a partir de ahí llega un camino más o menos rápido a una realidad más luminosa. Y sí, es un amigo que te dice: “Continúa, aguanta, hay esperanza, todo esto pasará, tú puedes”. Frases que a veces repite Lázaro pero sin buenismo ni filosofía rosa; él es una fuerza arrolladora que nos dice: “Esfuérzate, inténtalo, la vida no es lo que pensabas”. Y, sobre todo: “Tienes derecho al sufrimiento”.

Si algo puede hundirte más cuando estás deprimido es el mensaje de optimismo tonto de que todo cambiará

Lázaro dice: “No hay dolores más grandes que otros”. Me llama mucho la atención el monopolio del dolor. Sea más o menos grande y esté o no magnificado, se vive igual de niño que de adulto, con amargura, sin esperanza. Si algo puede hundirte más cuando estás deprimido es el mensaje de optimismo tonto de que todo cambiará. ¿Pero cómo? En esos momentos te sientes sin poder ni posibilidad de cambio, ¿de qué te sirve esa frase hecha? Intento huir de ellas porque Elena ya ha vivido bastantes en su vida.

También habla de la familia que se elige, con la que no compartes genes. Es un concepto que en España a veces cuesta defender. En momentos de extrema tensión, como en la crisis, la familia ayudó y rescató de mejor o peor gana, aunque se paguen luego deudas incluso emocionales. Para quien tiene suerte, la familia está ahí. Para quien no, se producen dos inadecuaciones: que la familia no está y que encima todos te dicen que debería estar. Así que te sientes doblemente desgraciado. Y en las nuevas generaciones no hay familias tan extensas...

Estos nos ocurre a quienes llegamos a ciudades donde no tenemos a nadie, como yo a los 27 años. Terminamos creando una familia con vínculos y enlaces azarosos que tienen que ver con lo que tienes en común, no con la sangre ni la imposición. Esta familia creada de Elena no es para siempre, hay gente que entra y sale en el tiempo, el vínculo es menos fuerte pero es un concepto interesante. La idea de ser apreciado sin juicio muchas veces pesa a favor. Si todos están heridos, ¿qué más da que llegues tú con una herida o debilidad nueva?

Ha pasado con la reacción al divorcio, por ejemplo, que ha cambiado en una generación. Ahora, pensamos que hay diversas oportunidades de pareja y de amor. Esto ha aliviado de responsabilidad muchas de las decisiones personales que tomamos. Pero claro, ¿cuántos fracasos podemos llevar a cuestas?

Hablemos de gatos, ¿están siempre en sus novelas? Yo tengo tres... En el libro hay dos animales importantes que sirven como metáfora: el perro Duque, anciano y malhumorado, representa la vida anterior frente a una gatita casi recién nacida; el perro es todo aquello que ella deja atrás y la gatita Gloria es la esperanza de una nueva vida.

Desde el punto de vista terapéutico, la relación que entablamos con un animal muchas veces nos enseña una vía nueva para relacionarnos con los humanos. Elena desconfía y se siente reacia a crear nuevos vínculos; un animal hace que puedas volcar con toda confianza ese afecto y te devuelve un apego que no puedes controlar y una compañía que generalmente no exige tanto. Ella tenía que pasar por la experiencia de volver a confiar y, de paso, olvidarse del valor material: ¿qué quieres más, tus cortinas o el gato? ¿Dónde está de verdad tu prioridad? Mi conclusión suele ser que un par de enganches en un vestido compensan, pero es la mía, hay mucha gente que no los quiere…

¿Y qué opina de la gente que trata mejor a su perro que a otras personas, cómo en el caso de los padres de Elena en el libro? Eso es un desplazamiento excesivo del afecto (y probablemente patológico en algunos casos). A ver, con esa proyección tampoco se hace daño a nadie... hay gente a la que le resulta más fácil darse a un animal que a un humano. Sin entenderlo, intento comprenderlo. En mi caso mis gatas están humanizadas pero no son niños, ocupan otro lugar en el rango familiar. Pero bueno, hay que tener en cuenta que la visión de Elena es subjetiva y debemos tomar cierta distancia. A mí me encantan los narradores mentirosos.

¿Y los animales? Han formado parte de mi vida siempre que he podido. Creo que en España todavía hay que hacer más campaña por que se les trate bien, más que para que no se les mime en exceso o se les consienta. Estamos muy lejos de ese fenómeno japonés o chino. Primero tenemos que centrarnos en tratarlos bien y luego ya pondremos límites, pero tener un animal supone un compromiso mucho más serio que ponerles ropita.

¿Ha volcado experiencias propias en esta historia? El único elemento biográfico es la depresión. No he vivido el exilio ni la infertilidad, que aparezcan no van más allá de un interés teórico. La depresión, sí. Esta novela se empezó a configurar de una manera bastante distinta a lo que tenía pensado en inicio cuando yo superé mi propia depresión. 

¿Qué le motivó? Vi la reacción y la sensación de alivio de la gente (de lectores, en conferencias...) cuando alguien de la esfera pública hablaba abiertamente de la depresión. Me pareció una oportunidad preciosa de aprovechar una experiencia que para mí fue muy dura pero también muy determinante.

El sufrimiento propio solo tiene un sentido: aprender de él y comunicarlo a los demás. A mí me ha servido

Siempre he pensado y he dicho que el sufrimiento propio solo tiene un sentido: aprender de él y comunicárselo a los demás, intentar que quien venga detrás (sea más joven o mayor) pueda contar con mi experiencia, porque a mí me han servido las de otros. En este caso, quería que Elena hablara de la depresión, de una manera muy distinta a la que yo lo haría, que la visibilizara y que ojalá pudiera ayudar a alguien, que fuera una señal de esperanza.

Mi compromiso con la salud mental viene de muy atrás porque yo viví de jovencita un trastorno de la alimentación. En novela, no lo había abordado de una manera tan clara. El resto de temas son como desmenuzar y hacer un corte sincrónico a la sociedad en la que me encuentro.

La infertilidad es un problema muy de hoy. El conflicto actual con la maternidad es evidente. Ese momento en el que, con 37 años, te dicen que eres vieja y que tus óvulos ya no valen… ¿Cómo no me lo dijeron antes? Porque con 20 estabas preocupada por estudiar, con 30 por trabajar… Para quien lo ha experimentado la angustia es enorme y la sensación de falta de valor, también. La relación entre la emoción y el cuerpo de la mujer es estrecha. Otra de las áreas que no se tratan con normalidad es la incompatibilidad de una vida igualitaria y una maternidad responsable; paternidad también, pero la carga sobre la mujer continúa siendo desigual. Esa idea de que alguien tiene la culpa me parece terrible. Hay mucho por hablar.

¿El libro ha sido una catarsis? En 2015, cuando aún me encontraba mal y recuperándome de mi depresión, estaba trabajando en el ensayo Para vos nací sobre Teresa de Jesús. Mi evolución personal estuvo muy ligada a la búsqueda de su voz y la escritura de ese libro. Yo creo que la escritura es catártica pero la literatura, cuando se está escribiendo, no siempre lo es. La lectura, sí, pero son tres procesos diferentes.

La escritura no siempre buscar trascender o ser hermosa, pero puede ser catártica o terapéutica si tienes palabra. Porque hay veces, cuando estás enferma o sufriendo, que no te puedes comunicar con la palabra. Leer sirve para proyectar emociones y llegar a esa catarsis. Pero crear una obra muchas veces requiere una distancia y una elaboración, al menos en mi caso, que si no se ha superado lo anterior no funciona bien. En mi caso voy siempre con retraso: primero experiencia, después tamización y mezcla de alimentos y luego lo que yo pretendo que sea literatura. Si no, escribiría un ensayo.

¿’De la melancolía’ podía haber sido un ensayo? Esta historia debía ser claramente una novela. Dudé si sobre un hombre, después pensé que Elena me iba a permitir abordar la maternidad y una cierta impotencia ante la vida, de esa chica a la que siempre le han dicho cuál debía ser su lugar (esto le pasa también a ellos, pero sobre todo a las mujeres). Hay una imposición mucho mayor para que, desde niñas, las mujeres hagamos todo lo que tenemos que hacer. Ahora es inabordable: trabajo, casa, estilo, conocimientos, apoyo… Creo que, aún estando muy sometidos los varones, hay determinados espacios de libertad de los que las mujeres carecen.

Habrá que conquistarlos poco a poco o crear los propios. Será mejor que sea a buen paso. De la carga mental de las mujeres no se habla porque no es épico y la épica se ha impuesto como la narración única. Por eso es muy interesante que surjan voces diversas de mujeres, de minorías, de hombres... que dirigen la atención a otras realidades menos grandilocuentes pero mucho más importantes.

Este año también ha publicado un libro juvenil sobre mujeres “Pioneras” (Anaya). ¿Qué opina de la actual ola feminista? Con 22 años participé en el libro Vidas de mujer (1998) con Rosa Montero, Rosa Regás, Laura Freixas… Para mí el compromiso con la mirada femenina era consustancial al hecho de escribir y, por supuesto, eso implicaba una cierta mirada sobre el feminismo. En mi caso no he querido militar nunca en áreas politizadas del feminismo. Hay quién dirá que todo es política pero para mí no todo es politizable. Me parece que una visión comprensiva, en el sentido de inclusiva (que recorra las distintas generaciones e incluya por supuesto a los hombres), será lo que nos permita mejores resultados.

Pero es mi visión y es muy interesante que conviva con otras más radicales o suaves y todo el mundo se sienta incluido. Tiene que haber retaguardia, avanzadilla y lo de en medio. No siempre es fácil mantener la coherencia y se exige mucha integridad que en otro terreno no se pide… Las nuevas generaciones tiene que hacer su parte. Por suerte cada vez podemos contar con más hombres y un apoyo institucional mayor. La sociedad tiene que transformarse y la sociedad no somos solo las mujeres. Esto tiene que cambiar de raíz que para eso hace falta que se involucren todos.

Hace 20 años de su premio Planeta. ¿Lo ve muy lejos? Sí y no. He evolucionado mucho en todos los sentidos, obviamente. A veces me siento y pienso, ¿en estos 20 años, qué he hecho? Con todo lo que quería hacer… y hecho cosas y cosas muy públicas. Pero qué rápido ha pasado y, sobre todo, ¡cuántas cosas se han ganado y cuántas perdido a nivel de sociedad e individual!

¿Qué ha perdido? Esa fuerza de los 20 años…

La vejez está infravalorada, para mí es un territorio inexplorado muy interesante

¿Y qué ha ganado a cambio? La prudencia, la flexibilidad, mucha más comprensión. ¡He aprendido a callarme! Igual no parece relevante pero requiere una disciplina importante, quien me conoce desde niña sabe lo que digo… no es tanto que no supiera escuchar a los otros sino callarme yo. La madurez es interesante, la juventud está muy sobrevalorada. Ya de joven me parecía que aquello no era para tanto en realidad y ahora, a los 45, creo que efectivamente lo está.

¡Pero qué bien se pasa! Uy, pero se sufre mucho. Todo es un drama, todo es definitivo.. No, déjate. La vejez, que está infravalorada, es para mí un territorio inexplorado muy interesante. A ver si llego.

BIO

  • Espido Freire nació en Bilbao, en 1974. Elogiada por su debut 'Irlanda' (1998), en 1999 se convirtió en la ganadora más joven del premio Planeta con 'Melocotones helados'. Este año ha publicado también el libro sobre mujeres 'Pioneras' y ha cerrado una trilogía juvenil histórica con 'La suerte está echada'. Ademas, dirige un máster de creación literaria en la VIU.

La siguiente novela es la décima… No había caído, qué presión el número redondo. Tengo ideas y algún tema pero quiero ponerme otra vez con un ensayo y estoy muy centrada ahora en el máster que dirijo en la VIU [Universidad Internacional de Valencia]. Tengo más de 30 profesores, escritores de fama nacional e internacional y muy buenos pedagogos. Es la segunda edición, la primera me costó sangre y ya está mucho más asentado. Al ser online me permite conectarme desde cualquier lugar y tenemos un 20-30% de estudiantes extranjeros. Dotar de contenido esa apuesta y no solo ser mejor escritora, sino entender y hablar de literatura de la manera más sólida posible, ha sido una gran preocupación para mí. He tenido siempre la parte de comunicación, con las redes sociales y la prensa; la parte estrictamente literaria y la académica. He explorado desde lo divulgativo y superficial, con un tuit, hasta la parte más docta que tiene que ver con la universidad.

¿Cuáles son sus próximos proyectos? Ensayo y novela juvenil, quizás algo que tenga que ver con mi interés por la Historia, que me gusta mucho y completa la educación de los chavales. Ahora empiezo en tabula rasa y esta primavera iré decidiendo, ociosa no voy a estar porque tengo el máster y también ocho viajes temáticos ya cerrados para el año que viene: Irlanda del Norte con ‘Juego de tronos’, Madrid mitológico, el Bloomsday de Irlanda, Rusia con la última zarina, Kenia con Karen Blixen, los de Jane Austen y las hermanas Brönte y seguramente otro a Cornualles. Es importante hacer otras cosas, las novelas tienen que respirar, no quiero que pase mucho tiempo porque tengo ideas pero no pasa nada, no hay prisa, mientras los lectores me esperen...

¿Aún canta? Qué va… llegué a cantar bastante bien, según decían, pero no cuidé la voz ni nada. En mi cabeza continúa el registro de cuando lo hacía muy bien y ahora sería un horror… las comparaciones son odiosas, déjate. Ahora prefiero escuchar música, esa parte queda para mis primos que muchos de ellos son músicos.

Mostrar comentarios

Códigos Descuento