Santiago Requejo, director de la película 'Abuelos': "La edad la fijan las ganas de vivir"

Programa dedicado a aquellos empre
Participantes del acto 'Somos Seniors'
Elena Omedes

Los expertos dicen que los 'millenials' son la generación de los emprendedores. Los nacidos entre 1982 y 1995 son conocidos por ser nativos tecnológicos y por ser la generación más preparada, con más estudios y títulos universitarios.  No obstante, esa formación les obligó a tener que emigrar durante la crisis, siendo uno de los sectores más castigados por la recesión económica. 

Otro colectivo que también fue muy castigado por la crisis fueron los Baby Boomer (1945-1964) que además tuvieron que adaptarse a los innumerables cambios que vinieron con los avances tecnológicos y que, a pesar de haber vivido una posguerra y una dictadura, se caracterizan por su positividad, conciencia social y responsabilidad cívica. Se trata de una generación que acumula experiencia y sabiduría, y que, a pesar de los años, sigue con una gran inquietud por poner en marcha nuevos proyectos.

“Vivimos en una sociedad que penaliza la cana y se centra en lo joven, lo atractivo y lo efímero", dice Santiago Requejo. El joven director acaba de terminar su primera película, ‘Abuelos’, que da visibilidad al "millón y medio de personas que fueron excluidos del mercado laboral como consecuencia de la brutal crisis económica". El largometraje cuenta la historia de un jubilado que decide montar su propio negocio, una guardería, junto a dos amigos. “La experiencia ha sido impresionante”, confiesa, asegurando que “este país no puede permitirse el lujo de desaprovechar el talento Senior”.

 “La vida es una aventura que vale la pena vivir”

Un ejemplo de emprendimiento es el de Georgina Regàs, una mujer de 87 años que ha impulsado el proyecto "Cooperativa de madres Zinguichor" en Senegal, donde enseña a las mujeres a hacer confituras, mermeladas y jaleas para que tengan la oportunidad de ser autosuficientes y puedan pagar la educación de sus hijos. Georgina se dio cuenta de que le interesaba África por “la injusticia que todos los países del mundo hemos tenido con ellos. Hemos colonizado estos países y los hemos partido sin tener ningún respeto por sus costumbres o sus etnias”.

Para entender el origen de este proyecto hay que remontarse a muchos años atrás, cuando compró una casa en el Ampurdán con un limonero en el jardín. La visita de una amiga inglesa que le dio una receta de mermelada de limón hizo que descubriera su pasión por las confituras de todos los colores y sabores, y decidiera crear lo que ahora es su seña de identidad, el Museo de Confituras. “Estos proyectos me aportan una satisfacción que es una cosa que no creo que den ni la fama, el dinero o el éxito. Es una satisfacción que uno tiene de hacer algo en lo que cree y que nadie te puede quitar”.

“Yo he aprendido más de ellas de lo que les he enseñado” confiesa asombrada por la actitud de estas mujeres africanas que “siempre están contentas y nunca se quejan por nada”. Una positividad de la que es partidaria, incluso en sus días más oscuros. “No hace mucho caí en un ‘pozo negro’, y pensé ¿Qué hago? De repente se me ocurrió que si me quedaba ahí abajo no iba a ver nada y que era mejor ‘subir’, ya que, aunque estuviera muy enfadada y disgustada algo pasaría”.

Regàs asegura que siempre hay que ir con “la antena puesta” para no perder ninguna oportunidad que pueda cruzarse en nuestro camino y “cogerla al vuelo”. Su consejo es que siempre tengamos un incentivo, cualquier cosa, que nos saque de la cama por las mañanas, “porque eso es lo que os dará una sensación de que estáis disfrutando de la vida. La vida es una aventura, y si la sabemos llevar bien es una aventura maravillosa. Lo que pasa es que estamos demasiado preocupados por el futuro…no tenemos futuro, tenemos presente y debemos aprovecharlo para ser felices. La felicidad es un camino de rosas y espinas y hay que seguirlo”.

A Georgina no la dejaron ir a la Universidad por ser mujer en una época en la que estaba mal visto querer estudiar, por lo que trabaja desde muy joven, y ha llevado a cabo desde entonces numerosos proyectos. “En realidad yo no creo que sea una persona jubilada, no me he jubilado nunca”, declara, asegurando que la edad no es lo importante, sino “cuidar el cerebro”, pensando y manteniéndonos activos. Aunque sí que confiesa que “lo que aprendes cuando eres joven te marca de una manera definitiva” y que, gracias a una curiosidad instintiva por los temas que le apasionan, ha conseguido llevar a cabo cada actividad con la mayor perfección posible.

Regalar tiempo

El 19,2 % de la población española es mayor de 65 años, de los cuales una cuarta parte (el 24%) viven solas. De estas personas que viven solas, el 59% sienten soledad, lo que conlleva problemas como depresiones, tristeza o abatimiento. Con el objetivo de disminuir esos porcentajes nació la ONG de voluntariado ‘Desarrollo y Asistencia’. Mar Garrido, directora de proyectos en la organización se considera afortunada de formar parte de este proyecto. Decidió dar un vuelco a su vida con 30 años, cuando su padre, ya jubilado le dio la noticia de que iba a hacer un voluntariado en el Hospital Clínico de Madrid. “La voluntaria de la casa era yo”, declara confesando que admira profundamente a su padre por abrir un camino, junto con un grupo de 50 personas que se plantearon muy seriamente seguir en activo en la sociedad “desde la entrega al otro, desde la ayuda a los más enfermos”.

En 25 años, ya cuentan con 2.000 voluntarios de todas las edades que se encargan de regalar su tiempo a personas que se sienten solas. Mar asegura que la ONG sigue adelante gracias a las personas mayores de 65 años que “le dan un estilo muy especial, muy sabio”, y que una de las cosas que ha aprendido es que no es cierto que las personas mayores sean cerradas ni aferradas a sus ideas. “He visto como un almirante retirado se pone a hablar con una señora que ha trabajado siempre de camarera, o uno con estudios superiores con otro de estudios elementales. Cada uno ha aportado a esa coordinación, y entre todos han enriquecido el programa”, declara.

Pepe Jiménez fue uno de los primeros en participar en este proyecto. A pesar de que siempre le han aterrado las enfermedades y la sangre. Economista, tuvo que prejubilarse hace 15 años por razones de salud, pero no se sentía preparado para parar dejar de hacer cosas y halló la solución cuando se encontró con un amigo por la calle que le habló del voluntariado. “Lo que hay que hacer es no jubilarse nunca”, asegura. Ahora es coordinador de la organización y lleva un grupo de 20 parejas, que junta en función de sus perfiles para que se lleven bien y conecten entre ellos. Confiesa que también sufren en ocasiones, porque se encariñan de las personas, muchas veces muy mayores, a las que consideran “nuevas familias”.

Jiménez confiesa emocionado que sólo ha llorado dos veces en los últimos años. Una fue cuando un hombre al que estaba acompañando le dio las gracias por ser tan cercano, por ponerle la mano en el hombro. “Me impresionó mucho ver que una persona necesitara que yo le pusiera mis brazos en el hombro”. La segunda fue hace 15 días, cuando su hija, orgullosa de él, le dijo que cuando ella se jubilara haría lo mismo.

Pintar con el alma

Ataulfo Casado fue el copista más joven de la historia en el Museo del Prado con apenas 14 años. Su talento innato ha sido reconocido durante toda su trayectoria profesional con numerosos premios y reconocimientos. Por razones inexplicables de la vida, una enfermedad degenerativa le quitó la vista con 41 años. Tres días después de que el oftalmólogo le anunciara su enfermedad fue cuando se dio cuenta de que estaba empezando a perder la vista a un ritmo vertiginoso. Miró su reloj para ver la hora, y al levantar la vista lo veía todo borroso. Había empezado el principio del fin del que era su medio de vida. “Es un varapalo durísimo”, dice el pintor, aunque asegura con optimismo que “la vida sigue, pase lo que pase. La vida es dura, pero aún así es bella y hay que vivirla”.

A pesar de que todos le dijeron que se le había ‘roto’ la vida profesional, Ataulfo reaccionó “con activismo” y diez años después decidió retomar su pasión y volver a pintar, guiado por los colores e imágenes que permanecen en su memoria. Para ello cuenta con la ayuda de una persona a la que indica qué colores seleccionar, en qué cantidad, cómo mezclarlos e incluso con qué intensidad hundir la brocha “para obtener matices”. Así, logra sorprender a todos con sus cuadros, que hacen inconcebible la idea de que los haya hecho alguien que no ve absolutamente nada.

“Pinto por una razón: para hacer felices a los demás”, declara. Y es que precisamente ese fue el motor principal del nacimiento de su pasión. Cuando tenía tres años su madre le dijo que escribiera una carta a los Reyes Magos a quienes les pidió un cuaderno y una caja de lápices de colores. La mañana del 6 de enero se la pasó pintando, y al ver cómo sus padres se alegraban de ver que lo hacía tan bien, decidió empezar a pintar para hacerles felices. 

'Somos Seniors'

La Fundación Botín ha presentado 'Somos Seniors', una iniciativa que se lanza desde el programa 'Talento solidario', en colaboración con la Fundación mashumano, que tiene el objetivo de fortalecer el tercer sector en España. Con el objetivo de dar visibilidad a los más mayores, decidieron crear un espacio en el que contaran con testimonios para que todos puedan conocer la labor que se realiza desde este sector. 

Los emprendedores anteriormente citados dieron su testimonio en la tercera conferencia que se lleva a cabo con 'Somos', y es también la última después de las dos anteriores que representaban las tres fases fundamentales del ciclo vital, que se expusieron bajo el nombre 'Chiquisomos' y "Somos Jóvenes'. Con la última etapa, hoy en día mucho más larga, quieren poner en relieve esta fase de la vida.

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