Un sarcástico guiño a Maradona en una ensalada ofende a Chicote en 'Pesadilla en la cocina'

  • El presentador viajó a Barcelona para salvar el restaurante napolitano La Tarantella.
  • Su paso por el local le supuso al chef algunas arcadas y varios momentos de tensión.
Alberto Chicote visita La Tarantella en 'Pesadilla en la cocina' (La Sexta).
Alberto Chicote visita La Tarantella en 'Pesadilla en la cocina' (La Sexta).
ATRESMEDIA

La nueva entrega de Pesadilla en la cocina se desarrolló este jueves en el restaurante napolitano La Tarantella, un negocio regentado por Nicola y Carmen. El matrimonio le pidió ayuda a Alberto Chicote para salvar el local que, desde hace un año, se encontraba de capa caída y estrangulado por las deudas.

En este sentido, Nicola atribuyó la mala gestión a su mujer y a sus dos hijos, Salva y Christian, que les ayudaban en el servicio. Según explicó el propietario, este enfermó meses atrás y, durante su ausencia, el negocio empezó a "fallar". En cambio, su familia opinó que Nicola era el principal culpable, ya que no aceptaba las críticas, se sentía "mayor" a sus 47 años y no tenía "ánimos".

Arcadas y humor negro

Por ello, Chicote se puso manos a la obra y lo primer que hizo fue probar la carta, que le decepcionó tras la pobreza de las ensaladas o la poca calidad de las pizzas, que salían quemadas, como la mayoría de platos del restaurante. Asimismo, el mayor susto se produjo cuando visitó la cocina, donde se encontró con sartenes en mal estado, suciedad o comida que le produjo arcadas.

A este malestar se sumó la decoración del local o el nombre de algunos platos, como la ensalada Maradona: “Se llama así por el toque blanco que lleva encima [el queso], el fallo que tenía Maradona: tanta cosa que no tenía que tomar...”, confesó el dueño a Chicote, que, disgustado, no salía de su asombro. "Esto es una desorganización de categoría romana", valoró el chef de La Sexta.

Empieza el caos: "Diles que se vayan o les echo a patadas"

Chicote estuvo presente en dos servicios de La Tarantella, donde comprobó la dejadez de Nicola y el estrés que vivía la familia habitualmente. Carmen lo pasó especialmente mal, ya que suele sufrir un gran cansancio en las piernas: "Lo que yo tengo es esperanza, no fuerzas", afirmó. A pesar de ello, Nicola siguió trabajando con lentitud y criticando a los clientes que rechazaban su comida.

“¿La burrata no les ha gustado? Les meo en la cara. Yo vendo millones de burratas. Diles que se vayan o les echo yo a patadas a esta gente”, se quejó en italiano. A raíz de este comportamiento, el presentador reunió a la familia para darles un toque de atención y se citó a solas con el propietario.

La familia vivía una crisis a causa de las deudas que tenían que afrontar (les llegó una carta de desahucio durante el programa) y la actitud del italiano no les hacía ningún favor. Así, Chicote le abrió los ojos a Nicola, que, entre lágrimas, admitió que su papel era crucial. Este reconoció que debía reconducir el negocio y asumir las críticas para mejorar.

La familia salva el servicio "a contracorriente"

El equipo del programa reformó La Tarantella y actualizó la carta. La familia vivió muy entusiasmada estos nuevos retoques, aunque el primer servicio tras la reapertura empezó con mal pie: el padre de Nicola había fallecido la noche anterior y, además, Christian no acudió a trabajar.

A pesar de los bajos ánimos, la familia consiguió sacar adelante el servicio, lo que sorprendió gratamente al chef: "Me siento muy orgulloso con el trabajo que habéis hecho. Me he quedado con la boca abierta. Espero que sigáis haciéndolo así de bien. Demostrad que estáis aquí para quedaros, por lo menos, 13 años más”, sentenció el presentador, que se despidió con buen sabor de boca.

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