Algo más que corbatas

Miguel Sebastián, ministro de Industria, que la semana pasada asistió sin corbata a una sesión del Congreso y ordenó que en su departamento se use menos el aire acondicionado, explica en exclusiva para 20 minutos su gesto en el artículo que reproducimos a continuación.
Miguel Sebastián, en una imagen de archivo.
Miguel Sebastián, en una imagen de archivo.
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Japón, año 2005. Estamos en el, entonces, país más conservador en lo que se refiere a la vestimenta masculina. Prácticamente todos los hombres en el entorno urbano llevan chaqueta y corbata, y su ausencia denota una falta de decoro o incluso desaliño. El Ministerio de Medio Ambiente lanza una campaña para reducir el número de emisiones de CO2 y cumplir con los compromisos del Protocolo de Kioto en 2010. Entre otras, destaca la medida de elevar a 28 grados centígrados la temperatura de los edificios públicos refrigerados por aire acondicionado. Se acompaña de una recomendación de uso de vestimenta informal y veraniega, prescindiendo de la corbata, prenda diseñada para proteger el cuello del frío.

La medida despierta una fuerte polémica y enormes resistencias, sobre todo de los sectores más conservadores en el uso de la vestimenta. Pero el primer ministro zanja la polémica y apoya decididamente la medida. La fotografía del primer ministro japonés, Koizumi, recibiendo en mangas de camisa a importantes dignatarios extranjeros da la vuelta al mundo. ¡Qué falta de respeto institucional!, dirían algunos…

Resultados de la medida

Los resultados de la medida no se hacen esperar. No solamente se reducen, como estaba previsto, las emisiones de CO2, sino que se produce un enorme ahorro de energía, en un país fuertemente dependiente de las materias primas energéticas, fundamentalmente petróleo y gas. En el primer año se estima que se dejaron de emitir unas 460.000 toneladas de CO2, el equivalente a la emisión de un millón de hogares en un mes.

No sólo se reducen las emisiones de CO2, sino que se produce un enorme ahorro de energía
En el segundo año los resultados son espectaculares, porque a la medida del Gobierno se suman buena parte de las empresas. En las campañas veraniegas de dos años se ahorran las emisiones de CO2 de todo Tokio durante un mes, un éxito sin precedentes. También resulta llamativo el ahorro de energía eléctrica asociado a la medida. Se trata de 70 gigavatios hora, es decir, el equivalente al consumo de cinco millones de personas durante un mes.

Hay dos semejanzas y una gran diferencia entre la situación de Japón en 2005 y la polémica planteada recientemente en España por la decisión de subir la temperatura del aire acondicionado en el Ministerio de Industria y la recomendación de utilizar vestimenta informal, incluyendo prescindir de la corbata, y que se hizo conocida por la aparición del Congreso de los Diputados del propio ministro sin corbata.

Semejanzas y diferencias

La primera semejanza es la fuerte dependencia energética de los dos países, Japón y España. Nuestro país importa 435 millones de barriles de petróleo al año, diez barriles por español. Subir la temperatura del aire acondicionado no sólo es bueno para la salud, para el bolsillo de las familias, para el presupuesto público y para el planeta. También lo es para la economía del país. Por cada grado que sube la temperatura de nuestro aire acondicionado, sube la renta nacional.

Los sectores más conservadores ven en la corbata un símbolo de decoro y respeto insustituibles
La otra semejanza entre España y Japón en 2005 es la fuerte polémica desatada por los sectores más conservadores, que ven en la corbata un símbolo de decoro y respeto insustituible. Es un problema de mentalidad.

En cuanto a la gran diferencia entre España y Japón, es que en 2005, cuando el gigante asiático tomó la medida, el petróleo costaba 54 dólares el barril. Hoy cuesta más de 140. Lo que está en juego es mucho más que las corbatas.

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