Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battenberg
Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battenberg ARCHIVO PERSONAL DE RICARDO MATEOS SÁINZ DE MEDRANO

El 31 de mayo de 1906, España y su monarquía pusieron todos sus esfuerzos en convertir el enlace del rey Alfonso XIII con la princesa inglesa Victoria Eugenia de Battenberg, conocida como Ena, en lo que hoy tildaríamos sin rubor como la boda del siglo. Tenía que ser un espectáculo, la espléndida carta de presentación de España ante las grandes monarquías presentes. Nadie podía suponer que aquel día supondría el canto de cisne de una época y de un mundo: la Corona española mostró su auge en el cortejo camino de los Jerónimos y en el camino de vuelta, tras el atentado fallido contra el monarca perpetrado por el anarquista Mateo Morral, mostró su ocaso. "A partir de ahí, todo fue a peor en España y en Europa", asegura Ricardo Mateos Sáinz de Medrano que ha contado la historia de aquella jornada en su última obra Alfonso y Ena. La boda del siglo (Esfera de los libros, 2019).

Mateos Sáinz de Medrano, historiador, traductor y gran experto en las casa reales europeas, ha escrito esta obra tras encontrar en Palacio las cartas de cuando Alfonso y Ena eran novios. Este investigador se adentra en aquel "gran amor fracasado" con la intención de "rellenar huecos" y con la sorpresa de descubrir que, pese a lo que pensaba, "no todo estaba contado". El autor se afana en matizar tópicos mil veces repetidos -"como que Ena lloraba al abjurar de la fe anglicana y aceptar la católica, cuando a ella no le supuso ningún trauma y conocía bien el catolicismo"- o adentrarse en cómo las familias reales de la época funcionaban y trataban entre ellos -"al ver como cotillean o como se critican entre sí", afirma, "uno se da cuenta de que, en el fondo, eran personas normales"-. Sorprende cómo uno de los grandes dramas de aquella familia, la hemofilia que portaba Ena y que tantas desgracias traería, era despachada como "la enfermedad de la que hablan y es un pellejo de menos".

También entre las páginas hay espacio para pequeñas intrigas -como la competitividad en la corte inglesa o "las mentiras" de las princesa Eulalia- y de jugosas anécdotas, como la que protagoniza el príncipe Alberto de Prusia, al "desmayarse a las 9 de la mañana ante una parada militar en Carabanchel, con un calor demencial, y ser revivido a base de tragos de brandy".

Boda de Alfonso XIII: la carroza desfila hacia Los Jerónimos.

Más allá, aquel enlace también tenía una función política. "Alfonso XIII era joven y se creía irresistible", explica Mateos, "y quería hacer un despliegue ante las monarquías acorde con la Belle Époque". Sabían que, ya entonces, muchos de sus familiares europeos pensaban en España como en un "país africano" o un lugar sacado de Carmen de Mérimée. Debió ser todo un espectáculo: "Habría sido muy bonito de ver en color", asegura este autor.

Un amor truncado

Y con esa pasión entre Alfonso y Ena, con ese amor elegido, ¿cómo pudo acabar tan mal esa pareja? "El amor entre ellos no era consumado, estaba muy sublimado. Era una sociedad muy reprimida sexualmente y Ena, a la que nadie había tocado en su vida, se encuentra con aquel rey español, quijotesco que la va a sacar de su aburrida vida en Windsor. Y se casan sin haber tenido ninguna intimidad. Estaban realmente enamorados, pero eso durará poco: el año que nace el Príncipe de Asturias enfermo de hemofilia todo revienta. Él la culpara a ella y empezará a encadenar amantes".

Ricardo Mateos Sáinz de Medrano (Foto cedida por el autor)

Bodas reales de entonces y hoy

Teniendo las bodas reales actuales en mente -la última, quizá, la de Meghan Markle y el príncipe Harry- ¿tienen algún parecido con aquellas? "Nada que ver", responde seguro este experto que afirma categórico que "ese mundo murió". Y utiliza una metáfora muy visual para comparar las monarquías de hoy, con una imagen "tan deslavazada", con las entonces: "Es como una prenda que te compras en la India y la vas lavando, pronto empieza a perder color y textura".

Las monarquías de hoy son incomparables porque han perdido ese cierto "elitismo necesario", "su propio metalenguaje" y su "familiaridad y consanguinidad", ahora finiquitada por la cantidad de matrimonios desiguales.

"Solo la casa Real Británica mantiene algo de todo aquello porque mantienen sus ceremoniales tan medievales", explica y recuerda la reciente imposición de la Orden de la Jarretera a Felipe VI. "Los británicos han sido muy listos y han sabido comercializar una tradición casi perdida en el resto del mundo y así la han monopolizado y sacado dinero", explica Mateos Sáinz de Medrano.

La monarquía española

"Quitar el boato y la ceremonia hace débiles a las monarquías", afirma este experto en Casas Reales que asegura que en España la institución "se ha desvestido tanto que se convertido en algo pequeño burgués que no genera institución ni ceremonial". "Ahora todo recae sobre la figura", explica y ejemplifica, para bien y para mal, en el rey Juan Carlos.

Y aún así, pensando que "lo de abaratar la monarquía nunca es bueno", este experto valora positivamente a los reyes Felipe VI y Letizia. "Tienen una imagen, que mejor o peor y con la que tienen encima en este país, van generado algo de dinastía, aunque tibiamente y con mucho miedo a la prensa", explica y asegura que "con su dimensión política, tenemos con Felipe VI, rey para rato". "Y más nos vale que nos dure: se podrá decir cualquier cosa de él, pero es pulcro", apostilla. Sobre Letizia, Mateos cree que "tiene mucha bondad e inteligencia que no se valora", aunque quizá tenga un estilo "demasiado técnico".

¿El futuro de la monarquía más allá de Felipe VI?

"Eso es más problemático", analiza sobre el futuro de la Casa Real más allá del actual monarca. "A un rey o una reina lo tienes que educar como tal, no como a un pequeño burgués; no posee un título, lo encarna", explica y afirma que "cuando por una parte de la familia desciendes de Carlomagno y, por otra, de gente normal es más difícil de transmitir". "Si se educan como personas normales, pierden su dimensión simbólica, que es fundamental", asegura. "El rey Juan Carlos y la reina Sofía, con sus virtudes y defectos, nunca dudaron lo que son, pero para sus nietas será más difícil", vaticina.