Estudio sobre la soledad en València
Lidia, de 86 años, recibe la ayuda de una voluntaria de Cruz Roja, Begoña, cuando lo demanda. EDUARDO MANZANA

La soledad en las grandes ciudades es un problema creciente para quienes sufren este fenómeno de forma involuntaria. En el caso de València, el sector de la población más vulnerable lo forman mayoritariamente mujeres viudas con pocos recursos económicos. A este perfil se suman otros como el de los hombres separados, personas en riesgo de exclusión social, con diversidad funcional o en situación de dependencia.

Estos datos se desprenden de los primeros trabajos realizados en el marco del proyecto europeo Healthy Loneliness, que desarrolla el centro municipal Las Naves con el Instituto Itaca-Sabien de la Universitat Politècnica de València (UPV).

Pero, ¿cuáles son las principales causas de esta atomización de la población? La principal, según el documento, es de carácter transversal, y está relacionada con un sistema -el capitalista actual- en el que las personas "son valoradas por su capacidad de producir", apunta el estudio. Otras tienen que ver con el desarraigo familiar, la capacidad adquisitiva, el machismo, la brecha digital, los niveles educativos e incluso las barreras arquitectónicas de la propia vivienda y de la ciudad.

Una vez elaborado este punto de partida de diagnóstico, el proyecto entra en una nueva fase en la que impulsará recursos y propuestas que eviten y combatan el impacto de la soledad y aislamiento social, con el objetivo de mejorar la calidad de vida de las personas mayores, el principal colectivo víctima de esta nueva tendencia social.

De hecho, en València, si se toman los datos de la Oficina de Estadística del Ayuntamiento, hay 43.124 personas mayores de 64 años que viven solas -un 5,4% de la población total de la ciudad-, de las cuales el 76,2% son mujeres. También de la cifra total de personas que están solas, un 36% son mujeres de más de 79 años. Por distritos, se concentran mayoritariamente en l’Olivereta, Extramurs, Poblats Marítims y Quatre Carreres.

Entre las primeras propuestas que abordará la investigación se encuentran estrategias colaborativas de detección con la familia, el vecindario y el personal sanitario, de servicios sociales y de ayuda domiciliaria, que están en contacto más frecuente, continuado y directo con las personas que viven solas. Además también se desarrollarán talleres grupales en los que han participado colectivos como Cruz Roja, Amics de la Gent Major o Cáritas, entidades dedicadas a la atención de mayores como Atenzia, Gesmed o Iniciativa Social Integral, técnicos en servicios sociales de barrios como Nazaret, Orriols y el Cabanyal, y profesionales sanitarios.

Este estudio es fruto de varios talleres en Las Naves, en los que, durante dos días, personas mayores, agentes de ámbitos como el sanitario, las ONG, los servicios sociales o representantes de colectivos, participaron para identificar entornos, causas, consecuencias y necesidades frente a la soledad.

"Vivo sola porque no les puedo dar faena a mis hijos"

Lidia tiene 86 años recién cumplidos y vive sola en la casa en la que se casó, la de toda la vida. Es viuda desde hace 23 y tiene una hija y un hijo: "Vivo sola porque ellos tienen su vida: tienen que trabajar, pagar casa, coches, mantener a sus hijos… yo no les puedo dar faena", cuenta. No obstante, reconoce que necesita "ayuda", sobre todo para hacer las tareas del hogar.

Cocinera, vendedora, costurera… muchos fueron los oficios que Lidia ejerció de joven. Pero cuando su marido falleció dejó de trabajar para "ejercer de padre y de madre". Con una fuerza de voluntad apabullante, pese a sus dolencias físicas y las muchas operaciones por las que ha pasado en los últimos tiempos, intenta no depender de nadie. "Me administro bien con mi pensión" –cobra 'lo mínimo' por viudedad–, pero quisiera ayudar a mis hijos y no puedo. Ellos tampoco pueden ayudarme a mí porque tienen sus problemas". No obstante, los voluntarios de Cruz Roja le proporcionan, sobre todo, acompañamiento.

A cada usuario que acude a esta institución humanitaria se le asigna un voluntario que se encarga de interesarse por él y ayudarle con lo que pueda. Begoña es quien está pendiente de Lidia. "La persona mayor está muy sola e intentamos sacarlos de su casa", detalla esta mujer sobre sus funciones en Cruz Roja. De Lidia, explica que lo que más demanda es "compañía y que estén con ella, porque es muy agradable, muy cariñosa y le gusta mucho el contacto con las personas", además de ser "muy coqueta". Pese a que Lidia ahora sufre bastantes mareos debido a la medicación que está tomando, cuando sale a la calle "no quiere llevar bastón. Va con un carrito de la compra al que le mete una garrafa de agua dentro" para que su peso la estabilice mientras camina.

Desde hace un tiempo está "de bajón, más tristona" y quiere sentirse más acompañada. Aunque se va a comprar, va al médico y se das sus paseos, necesita con quién hablar y relacionarse. "Ella se encuentra con la soledad de cada día cuando va a casa. Yo hablo mucho con ella, nos mandamos wasaps: tenemos un grupo del voluntariado y ahí estamos en contacto", cuenta Begoña.

Aparte de esta voluntaria, a casa de Lidia acude una persona del Ayuntamiento de València todos los lunes y los miércoles para limpiarle la casa y hacerle la compra semanal. Ella también pertenece a la Orden de Malta, a la que antes de que le empezaran los mareos iba para hacer manualidades, que después vendían en un rastro, y dar clases de informática.

Este tipo de talleres también los dan en Cruz Roja. "Les ayudamos a usar el móvil, el correo, Whatsapp, Facebook... Todo esto les proporciona entretenimiento y es fundamental, porque así no le dan tantas vueltas a la cabeza", finaliza Begoña.

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