Le Parody
La artista Le Parody, en una imagen promocional de su disco 'Porvenir'. NICKIE DIVINE

Si una de las cosas que más caracterizan a Sole Parody (Granada, 1985) es su forma de conseguir, por el camino de la experimentación, una obra muy personal y reconocible, su nuevo disco autoeditado Porvenir es una prueba más de ello.

Después de lanzar su primer álbum (Cásala, 2012), y de regresar con otro bajo el brazo de una multinacional (Hondo, 2015), Le Parody presenta esta "bola de cristal": atisba un futuro que suena a tecno y cante jondo, a electrónica de club y a los cantos populares de su tierra, Andalucía. Pero también es un viaje sonoro a la noche "desde dentro", al amor "desde atrás" y a la guerra "desde lejos".

Han pasado cuatro años de su halagado Hondo, el tiempo suficiente para plantarle cara a "la imposibilidadde traducir en palabras todas las cosas del mundo que no son palabras" o, lo que es lo mismo, enfrentarse "al miedo". En su segundo disco, se aisló en el campo para recoger inspiración. Esta vez ha cambiado la soledad por la reunión, por el calor de los clubs. Durante dos años, jugó con la máquina analógica y dio directos improvisados. Fue un proceso, confiesa, "sanador": "Ahora, toda la energía está en el beat".

La máquina analógica, un arma de empoderamiento

La granadina se ha metido "de lleno" en la electrónica:  "Al principio, pensé en hacer un disco puramente instrumental, usando las máquinas para hacer directos improvisados". Porvenir es un disco "radical", de hecho, el que más: la fuerza no solo está en el beat, ya que la granadina también afila las letras y su manera de cantarlas.

La artista explora "el cancionero típico andaluz" y, aunque para ella los textos no sean primordiales, los trata con mimo. "Acudí a letras antiguas de flamenco, las cogí tal y como estaban e hice calcos con mis propios temas; después probé combinaciones", explica.

A la productora no le gusta el ordenador, prefiere "los cacharros, toquetear botones". La máquina analógica es su otra voz en los directos: "Cuando empecé, la usaba tímidamente, no tenía referencias de mujeres", se sincera. Y defiende que es un arma de empoderamiento: "Sería más fácil que alguien hiciera las bases mientras yo actúo, pero ver a una mujer en un directo rodeada de máquinas y cantando a la vez, impresiona".

Un viaje hacia la noche, la guerra y el amor

El tercer disco de la granadina son "tres viajes". Para empezar, hacia la noche –exenta de los clichés sobre consumismo–, su otra "habitación". "Es fiesta, baile y los cuerpos que se funden en él" y es esa danza hedonista la que pone, durante la nocturnidad, la esperanza al "pesimismo" de las otras dos travesías: la del "desamor" –"existen dinámicas románticas muy nocivas", opina– y la de "la guerra".

"Nuestro continente está herméticamente cerrado a lo que nuestros gobiernos están provocando desde aquí". Para ella, la política "es inseparable de la vida", algo de lo que hablan Alepo y Europa. "Me enganché a ver vídeos subidos por chicas jóvenes de las milicias de mujeres. Las relacionaba conmigo y pensaba que, si esto ocurriera aquí, igual estaríamos mi amiga y yo montando una milicia para que no pasara el Isis. Siento una empatía intuitiva desde la lejanía, aquí no vivimos lo mismo".