Dogspital
La presentación de Dogspital, en el hospital de Can Misses de Ibiza. EFE

Lentamente pero con paso firme los perros están entrando en los hospitales españoles en pro de la humanización de estos lugares cuya estancia siempre es algo obligado.

Los que abrieron camino fueron los perros guía, que pueden acompañar a sus dueños desde hace décadas y sobre el papel a cualquier lugar que no sea un quirófano. Esa normativa se ha ido ampliando por Comunidades Autónomas al resto de personas con discapacidad que tienen perros de asistencia y, en menor medida, a los perros de alerta médica, que ayudan a sus propietarios en caso de hipoglucemias o episodios de epilepsia. También están entrando los canes de terapia, aquellos que trabajan junto a profesionales formados para iluminar con esa alegría pura que comparten niños y perros las estancias hospitalarias.

En el último lugar del escalafón estarían los perros de compañía, que no han sido adiestrados ni pasan controles tan exhaustivos como los anteriores, pero cuya visita puede ser fuente de consuelo. Los profesionales de la salud saben que abundan los pacientes que extrañan y se duelen por no ver a ese animal al que consideran un miembro de su familia, que no es raro que se asomen al límite exterior del hospital para saludar o despedirse para siempre de ese fiel compañero.

"Nos consta que ha pasado y que todavía sigue sucediendo. Me han comentado que hay pacientes saliendo a la puerta para dar un par de caricias a su perro y volver para dentro", comenta Pablo Frutos, portavoz de Dogspital, iniciativa pionera en España en permitir las visitas de perros a sus dueños en el Hospital Can Misses del área de salud de Ibiza y Formentera. 

El proyecto, "que tuvo un coste cero porque parte de colaboraciones altruistas",  nació en 2017 tras un trabajo coordinado con la Unidad de Seguridad del Paciente, el colegio de Veterinaria de Baleares y expertos caninos.

Los pacientes interesados tienen que  solicitar la visita de su animal  a su enfermera de referencia, es preciso contar con aprobación médica, hay que acreditar unas medidas de higiene, desparasitación y vacunación del animal, se comprueba su carácter y comportamiento, y el encuentro se produce en un espacio designado a la entrada del centro salvo que el paciente no pueda trasladarse, en cuyo caso podría ser excepcionalmente en la habitación. Los perros, además, van identificados como visitantes aceptados.

En estos dos años apenas ha habido cinco casos, que se han traducido en unas quince visitas. Pocos, pero es que tiene que darse que el paciente esté en una estancia larga, tenga perro y haya con él un vínculo estrecho. Además hay que cumplir con el protocolo. "No lo habíamos pensado porque hubiese una gran demanda", cuenta el portavoz, que recalca que están "muy satisfechos". "Los pacientes estaban muy desanimados antes de recibir la visita y ha habido una mejoría anímica  indudable que era lo que se perseguía; ha sido muy emotivo ver estos encuentros".

Poco más tarde que el hospital ibicenco, ese mismo año, el Hospital Universitario Rey Juan Carlos de Móstoles arrancó con una iniciativa similar. En este caso los niños hospitalizados podían jugar durante una hora a la semana con sus perros, que acuden con la cartilla al día, bien cepillados y acompañados de un adulto en todo momento. Sus tutores lo solicitan al servicio de Información y atención al paciente, también requiere el visto bueno médico y los perros de razas potencialmente peligrosas tienen vetado el acceso.

Hay más. También desde ese año en Madrid es pionero en permitirlo el Hospital de Guadarrama "con un número muy reducido de visitas" y un resultado "muy positivo". El Hospital La fe de Valencia, con el programa 'Can de la mano' para pacientes de oncología pediátrica y pediatría, el Hospital Materno Infantil Virgen de la Arrixaca de Murcia, centros del grupo Ribera Salud, el Hospital de Guadarrama, en Menorca o el de Navarra han implementado este tipo de visitas o están estudiando cómo hacerlo.

La última noticia al respecto viene de la mano de Ignacio Aguado, candidato por Ciudadanos a la presidencia de la Comunidad de Madrid, que ha prometido una sanidad madrileña "mucho más humanizada" en la que, entre otras medidas, permitirá que "las mascotas puedan acceder a los hospitales públicos a ver a sus familiares" cumpliendo con "las normas de higiene y seguridad" y previa autorización de un facultativo pensando en los pacientes tanto "desde un punto de vista terapéutico" como "emocional".

"Es un entorno delicado"

Begoña Morenza es la fundadora y directora de Yaracán, que lleva desde 2012 trabajando con sus perros de terapia en el Hospital de Torrejón, en las unidades de neurología y psiquiatría. Empezaron como una prueba, con muchos interrogantes por parte del personal médico, pero cuenta que "los resultados fueron tan buenos que hoy por hoy seguimos  y hay activo otro programa para mayores con depresión, en el que ha habido altas y reducciones de medicación, y en marcha uno para entrar en neurorehabilitación pediátrica del Hospital 12 de Octubre".

Morenza no duda de los potenciales beneficios de recibir las visitas de los perros de compañía: "por mucho que nosotros trabajemos con nuestros perros de terapia, son perros que aparecen, les estimulan mucho y se van. Pero al final tu propio perro, aunque no forme parte de un proceso terapéutico como tal, sí que proporciona beneficios terapéuticos". 

Eso sí, recalca que le parece muy positivo siempre que "se organice bien" y con "restricciones". Morenza explica que los perros de terapia "siguen un protocolo muy estricto sanitario y de comportamiento. Tardamos dos años en tenerlos preparados y les hacemos analíticas cada seis meses. Es un entorno delicado, no por ir a ayudar con un animal a una persona podemos perjudicar a otro por transmitir una zoonosis o porque gruña o moleste. Sería una estupenda medida pero tiene que estar muy acotado e incluso con supervisión".

Nuria Máximo, responsable de la Cátedra Animales y Sociedad de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Rey Juan Carlos coincide en sus apreciaciones: "siempre y cuando se regule y se haga bien a nivel zoosanitario, puede ser muy positivo para los pacientes. Emocionalmente les aporta ganas de superar esa situación clínica en la que se encuentran". No obstante, Máximo recuerda que también hay que pensar en el animal, en que la situación "no sea demasiado estresante para él".

Nada apunta a que vaya a ser de otra manera. Absolutamente todas estas iniciativas, vinculadas a los planes de humanización de la asistencia sanitaria, están supervisadas y sujetas a cuidadosos protocolos. Es decir, que nadie espere a familiares entrando libremente en los hospitales con el perro.

Solo perros

En esto de dejar entrar perros a los hospitales los verdaderos pioneros están en Australia, Canadá y Estados Unidos; en este último país ya había en 2016 más de un centenar de centros hospitalarios que permiten visitas controladas de estos animales. 

Este creciente interés en permitir a los pacientes poder saludar o despedirse de sus perros dio lugar a que, en 2015, la SHEA (Society for Healthcare Epidemiology of America) publicara unas recomendaciones sobre cómo deberían ser esas visitas basadas en la evidencia disponible sobre la transmisión de patógenos.

Esta sociedad recomienda que evitar que los hospitales sean espacios abiertos a las visitas de animales, pero asume que hay casos en los que hay beneficios asociados. Por eso esas visitas deben tener lugar solo cuando el equipo médico lo valora oportuno. Recomiendan que  las visitas se restrinjan únicamente a perros y que el paciente se lave las manos inmediatamente antes y después del contacto con el animal.