Eduardo Vegas Ochoa ha concedido bastantes entrevistas a medios de comunicación a lo largo de su vida. Este madrileño de 40 años, con autismo y con un 65% de discapacidad intelectual ha ganado diez veces seguidas el campeonato de España de golf adaptado y una medalla de oro y una de bronce en los mundiales Especial Olympics de Atenas y Abu Dhabi, además de otros torneos de golf adaptados y normalizado, pero jamás había podido votar en unas elecciones hasta este 28 de abril. 

Este deportista de élite, al que le encanta también la música y coleccionar vinilos, ha acompañado todos los años a sus padres y ha tenido que conformarse con ver cómo ellos ejercían su derecho al voto hasta estos comicios, históricos para las personas con discapacidad intelectual y para todos aquellos que luchan por sus derechos. 

Estas elecciones generales son las primeras en las que podrán votar casi 100.000 personas, la gran mayoría adultos con discapacidad intelectual que estaban incapacitados judicialmente a petición de sus tutores legales para protegerles en otros aspectos, como la gestión del patrimonio.

"Hoy es mi primera vez y me hace muchísima ilusión poder votar", comenta el deportista con una sonrisa.  Asegura haber visto todos los programas y también los debates, "aunque no enteros".  A título particular, le interesa "muchísimo" lo que opinen los políticos sobre los deportes.

Eduardo trabaja como jardinero en la Fundación A la par, que presta distintos tipos de servicios un millar de personas con discapacidad intelectual y que también se estrena este año como colegio electoral.  "Para nosotros es un momento histórico. 100.000 personas con discapacidad van a poder votar y además para nosotros es un día muy especial porque somos colegio electoral por primera vez", explica Alberto Alemany, Director de Calidad y Transparencia, "la fundación intenta ser siempre un punto de encuentro, pero un día como hoy nos introduce muchísimo más dentro de la comunidad".

En la fundación han estado trabajando con todas las personas a las que acompañan "para garantizar que su derecho al voto no esté condicionado",  "un proceso muy largo en el que hemos puesto todo nuestro esfuerzo. Hemos traído a representantes de todas las fuerzas políticas para que les formularan sus dudas.

"Vinieron todos los partidos políticos, nos respondieron todas las dudas, pero no me han hecho cambiar de idea".  ¿Qué fue lo que Eduardo comentó a esos representantes de los principales partidos que se acercaron a la Fundación A la par: "solo les dije que  cuando les veo en el Congreso y su señoría tiene que llamarles la atención por cómo protestan y hablan cuando no tienen la palabra se portan mal, todos".

Alemany explica que en A la par "también hemos trabajado para que ellos sepan cómo es el momento de ejercer su derecho al voto mediante una serie de simulacros en los que hemos ensayado cómo llegar al colegio electoral, cómo llegar a su mesa, seleccionar la papeleta que quieren, introducirla dentro del sobre y entregarla para meterla en la urna. Así conseguimos que la persona sea lo más independiente posible en el momento de ejercer su derecho al voto"

Blanca María Olmedo no deja de sonreir en ningún momento, salvo cuando se emociona recordando lo mal que lo pasó en su etapa escolar por tener discapacidad intelectual y lo mucho que la defendió su hermana. Tiene 40 años, es carpintera en la fundación desde hace unos doce y le encantaría encontrar un trabajo en "una carpintería normal".

Blanca sí que había podido votar, pero tras la incapacitación cuando tenía unos 23 años se vio privada de ese derecho, lo que la hizo sentirse "mal, como un bicho raro, porque los discapacitados tenemos derecho a votar y a que se nos vea".  Tras la entrevista irá directamente a votar y está muy lejos de formar parte de ese grupo de indecisos que pueden ser clave en estas elecciones. "Lo tengo clarísimo, incluso antes de que vinieran aquí a darnos su versión. Se portaron fenomenal pero yo ya sabía a quién votar" y se declara "muy contenta de poder hacerlo".

¿Qué le pediría al nuevo Gobierno que se forme?. No lo duda, más trabajo: "Las personas con discapacidad intelectual necesitamos trabajar, porque los hay que valemos para eso". "Dentro de poco no estará aquí mi madre. ¿Y dónde voy a ir yo entonces?", reflexiona, "vivo con mis padres y si me faltan el día de mañana, pues porque tengo aquí a mi hermana, pero mi hermana no tendría que mantenerme toda mi vida. Un trabajo te da independencia".  

Javier Rubio Hernández tiene 42 años, una discapacidad del 65%, vive independizado con otras dos personas, trabaja "en manipulación" y casi lo primero que deja claro al comenzar la entrevista es que lo que va a votar "es secreto",  que vota "para intentar que el país tenga una mejoría" y que el hecho de que las personas con discapacidad no pudieran votar antes suponía que "nos estaban discriminando". 

Javier, cuyo voto es otro de los 96.418 votos entrarán en las urnas y que antes habían tenido prohibido, tiene una buena lista de peticiones para el nuevo Gobierno, como que haya "una tarjeta azul para Renfe, una pensión, más ayuda domiciliaria sobre todo y que  pongan a las personas con discapacidad intelectual las ayudas que necesiten cuando las necesiten".

Entre sus peticiones también está el que haya más trabajo para ellos. Una solicitud que a Alberto Alemany no le extraña que sea recurrente: "Las personas con discapacidad intelectual están haciendo un esfuerzo muy grande por participar en todas las esferas de la sociedad y el empleo está siendo una de estas conquistas. Es lógico que reclamen un mayor acceso a la empresa ordinaria".

¿Qué más diría este experto de A la par que sería vital que estuviera en la agenda política durante la próxima legislatura?. "También es importante que se les pueda dotar de los apoyos necesarios para que puedan tener una vida independiente, aspectos como el derecho al voto y que no se siga pensando que es una medida dudosa; es decir, que los gobiernos impulsen un cambio en la manera en que la sociedad percibe a las personas con discapacidad intelectual, que transmitan que son ciudadanos de pleno derecho".

"Ahora que puedo votar me siento bien, me siento mejor. Me quitaron ese derecho por tener discapacidad", explica María Gallego Huertas, que tiene 31 años y trabaja en A la par en el manipulado de los sellos que enviamos para enviar cartas. Precisamente en la fundación también han estado echando una mano para que las personas que votan por correo puedan ejercer su derecho limpiando las sacas. 

"Que nos ayuden en más cosas", pide María al nuevo Gobierno, pero también que piense en cómo ayudar a las personas con otro tipo de discapacidad, no solo intelectual, "hay gente que es ciega, que no oye bien... a todos hay que ayudarnos".

María reconoce que para elegir a quién votar ha mirado "que lo hagan bien", pero también "que me caigan bien". 

"Una persona con discapacidad intelectual va a votar porque determinado partido político le ha enganchado con determinadas cuestiones, o por tradición familiar o porque le cae bien esa persona y le resulta más simpática. Al fin y al cabo así es como me ocurre a mí o a cualquiera", cuenta el Director de Calidad y Transparencia de A la par, que añade que " muchas personas con discapacidad han estudiado los programas electorales".

Luis Miguel Díaz Gómez tiene 23 años, trabaja en la huerta, igual que Eduardo, y tampoco había podido votar antes. "Estoy un poco nervioso es demasiada responsabilidad, pero me apetece". Ríe afirmando que el voto es secreto y no va a contestar a qué partido vota, aunque en el colegio electoral había dejado intuir previamente sus preferencias saludando con entusiasmo a uno de los interventores.  

También Luis Miguel, que tiene un 68% de discapacidad, se expresa con absoluta facilidad y vive de manera independiente en una vivienda tutelada de la Comunidad de Madrid, pide "que haya más trabajo para gente como nosotros".

Todos ellos, Blanca, Luis Miguel, Javier, María y Eduardo, viven este día histórico en el que se abren las puertas de la participación democrática a las personas con discapacidad intelectual con ilusión, tomándose muy en serio el derecho recién adquirido.  No obstante, sigue habiendo personas que creen un error haberles reintegrado el derecho al voto, por la sospecha de la manipulación del voto o de la incapacidad de ejercerlo en base a sus propios criterios.

¿Qué le diría Alemany a todos ellos?. "Creo que subyace en su cabeza la idea de que el ciudadano con discapacidad intelectual es un ciudadano de segunda. Está poniendo su criterio para ejercer su derecho al voto por debajo del suyo y cada ciudadano y ciudadana tenemos unos criterios diferentes para ejercer su derecho al voto y las personas con discapacidad intelectual también tienen sus criterios que son igualmente válidos".

FOTOS: ELENA BUENAVISTA