Ludopatía
David, ludópata en rehabilitación y responsable de la cuenta @NoApuestes. MIQUEL TAVERNA

"Ludópata en rehabilitación. Desde aquí quiero contar mis vivencias pasadas y por supuesto, las futuras. Sin apuestas. Con la cabeza donde realmente importa". Esto es lo que puede leerse en el perfil de la cuenta de Twitter @NoApuestes. Detrás de ella se encuentra David, de 39 años, quien después de algo más de ocho jugando, el pasado mes de abril logró plantarse.

"Un sábado por la noche, sentado en el sofá de mi casa, di con el hilo de un tuitero que hablaba de la ludopatía. Lo estuve leyendo y pensé que no quería verme así. Estaba tocado porque hacía tres días había ganado unos 1.400 euros y me los había vuelto a gastar", relata a este diario al otro lado del teléfono y tras pedir ser identificado solo con el nombre. Así fue como a partir de la mañana siguiente empezó a emplear en algo de provecho todo el tiempo que había estado dedicando a las apuestas deportivas. En ese momento nacía una cuenta que no solo le está sirviendo como terapia, sino también para ayudar a otras personas con el mismo problema. "Puede sonar extraño porque hay gente que ha pasado por esto y ha necesitado tratamiento psicológico o psiquiátrico para salir. Pero cada uno es un mundo. La cuenta va adquiriendo cada vez más seguidores y eso me motiva a continuar y a no recaer", señala.

Atrás quedaba una etapa en la que lo único que le preocupaba era tener dinero para apostar. Daba igual el deporte. Y no importaban las consecuencias. Unos años en los que el círculo vicioso en el que había entrado le llevó a contraer una deuda que aún hoy tiene. Un agujero de entre 40.000 y 50.000 euros, en una economía familiar basada en la paga que él recibe por una enfermedad crónica y el sueldo de su pareja: "Vas pidiendo préstamos, tarjetas de crédito... Cuando te ves apurado acudes a los microcréditos, que son más complicados porque los intereses son muy altos y a devolver en poco tiempo".

Esas circunstancias hicieron mella en el matrimonio y en cierta manera también en sus responsabilidades como padre. David tiene dos hijos y no cree haberlos desatendido, pero sí reconoce que quizás en aquella época no les prestó toda la atención necesaria: "Hubo momentos en los que tal vez estaba con ellos pero no al 100% porque no me despegaba del móvil".

Noches sin dormir

Fueron años en los que podía pasar hasta seis horas al día conectado y noches enteras en vela, atento a los partidos de la NBA, con dificultades para aguantar después el ritmo de la jornada. Años en los que las relaciones con los amigos se resintieron porque prefería consultar las apuestas, las cuotas, los resultados... antes que pasar tiempo con ellos: "Y si quedaba estaba todo el rato atento al teléfono. Lo hacía a escondidas. No quería que los demás me viesen porque en el fondo sabía que era algo que daba vergüenza".

"Consciente de que tienes problemas, sigues. La cabeza no te deja pensar con fluidez y no ves más allá del juego. Piensas que algún día vas a recuperar lo perdido y lo que haces es perder más", continúa. Cuando descubrió las apuestas deportivas, David asegura que desconocía su peligro: "Nunca creí que me podían acarrear una ludopatía". Ni siquiera su mujer pensó que podía tener un problema. Ahora saben que se enfrentaban a una enfermedad, tal y como la tiene reconocida la Organización Mundial de la Salud.

Hoy David, "con la cabeza donde realmente importa", aporta su grano de arena para que su historia no se repita. Desde @NoApuestes se muestra muy combativo contra lo que considera permisividad con las casas de apuestas, online y físicas, y exige "una normativa en condiciones". "Hay una ley del juego pero no ataja los problemas. Existe mucha escapatoria en todos los sentidos. En los locales presenciales no se controla bien el acceso a menores y en las webs tampoco se vigila que la persona que se registra sea la que va a jugar", denuncia.

En su opinión una de las medidas pasaría por la creación en cada casa de apuestas de un departamento que contactase con los jugadores de los que se sospeche que empiezan a tener un problema. "Pero a las empresas no les interesa", apunta. Igualmente aboga no ya por limitar la presencia de famosos en los anuncios sino por prohibir la publicidad de un sector con crecimientos anuales de al menos el 20% y al que cada vez es más fácil acceder.