Adicciones
Antonio Soto, es director de Prevención y Nuevas Adicciones del centro Triora MonteAlminara, en Málaga. 20MINUTOS

Antonio Soto dirige el área de Prevención y Nuevas Adicciones del centro Triora MonteAlminara, en Málaga. Por su consulta pasan pacientes enganchados a las nuevas tecnologías, las redes sociales, las apuestas, los videojuegos... Son lo que se conocen como adicciones comportamentales o sin sustancias, problemas que en octubre quedaron por primera vez recogidos en el Plan de Acción que el Gobierno ha lanzado, con vigencia hasta 2020.

El psicólogo valora la sensibilidad de la administración hacia este asunto pero lamenta que las medidas lleguen tarde, así como la normalización de ciertas conductas. Sin demonizar las nuevas tecnologías, Soto aboga por estar atento ante los problemas que pueden acarrear, como es el caso de la agudización de la ludopatía con cuestiones como las apuestas deportivas.

¿Cómo ha evolucionado el mapa de las adicciones en España?
Está en continuo movimiento. Desde la histórica epidemia de heroína, una droga tan destructiva, a todo lo que es la normalización de los consumos de sustancias y otras adicciones en todos los estratos. Cualquier persona puede acceder a algún tipo de adicción. En cuanto a las comportamentales, van evolucionando mucho debido a que hay muchos factores sociales, como el ritmo de vida, el estrés, la ansiedad y otros psicológicos que hacen que las personas usen algunos hábitos de forma compulsiva. Es cuando puede aparecer un mal uso, un abuso o una adicción, que sería el extremo.

Estas adicciones comportamentales, las nuevas tecnologías, los videojuegos…, ¿superan a las sustancias?
No, no tienen la accesibilidad y la tradición que tienen en la sociedad por ejemplo el alcohol, que es una droga legal y social pero la que más daño está haciendo, o el tabaco, que afecta menos a nivel psicológico pero que a nivel físico es destructivo. Y las drogas ilegales, el canabis, la cocaína y un largo etc., llegan a tanta gente, incluso menores, que no se puede hablar de que las nuevas las desplacen. Lo que ocurre es que hay una gran permisividad o una falta de sensibilidad ante ese tipo de problema y notamos que cuando solicitan ayuda ya está muy avanzado. Una persona que se droga, si tiene alguna intoxicación o la familia se da cuenta, a lo mejor pide ayuda. Sin embargo, si tienes un niño que está todo el día con los videojuegos o a una persona que está apostando por internet, tiene que haber una ruina económica o un conflicto de agresividad para que se considere un problema. Aquí también hablamos de que antes de considerarse una adicción hay muchos estadíos.

¿Cuándo deben los padres empezar a preocuparse?
Esa es la gran pregunta. Dónde está el límite. Los profesionales que nos dedicamos a esto nos regimos por los mismos criterios que se utilizan con el resto de adicciones. Es decir, más allá de horas de uso valoramos cómo interfiere en la vida cotidiana. En el momento en el que ese uso les perjudica, por ejemplo en los estudios o les aísla, hay un perjuicio porque la persona se evade de la realidad o escapa de un problema. Analizamos qué hace que no haya un autocontrol o que si la familia interviene, el niño o el adolescente se ponga agresivo. Incluso sin llegar a la adicción, se generan problemas porque con los videojuegos, por ejemplo, los niños más pequeños pueden estar accediendo a contenido inadecuado o a juegos interactivos muy compulsivos. Hay estudios que demuestran que niños que desde muy pequeños tienen acceso a este tipo de dispositivos empiezan a tener problemas de vista, de epilepsia…

¿Cómo afecta a la ludopatía la proliferación de casas de apuestas online y físicas?
La ludopatía no es un problema nuevo, pero el acceso tan fácil que hay ahora y la publicidad tan fuerte que se está haciendo, sobre todo dirigida a jóvenes con el tema de las apuestas deportivas, agudiza un problema cuando lo hay o genera uno nuevo. Cuando hay un problema previo las tecnologías actúan como  catalizador. Y no se da solo con las ludopatía, que es el caso más claro, sino también por ejemplo con el uso compulsivo del sexo. El anonimato de internet a veces provoca que llegue a ser un problema más grave. O el caso de chicos jóvenes con problemas sociales, complejos, inadaptación... que se refugian en las redes sociales, donde les es más fácil tener unas habilidades que no tienen en persona. No hablaríamos de una adicción pero son problemas emocionales, de autoestima, psicológicos… que se les pueden agudizar.

Hay mucha polémica sobre la implicación de famosos en estos anuncios ¿Hay que tomar medidas?
Un marco hay que tener. Las cosas cambian y la ley tiene que hacerlo también, igual que pasó con la publicidad del tabaco. Me llama la atención ver a un actor o un presentador famoso, alguien muy cercano, muy auténtico, anunciando estas cosas. Son figuras sociales importantes, modelos para mucha gente, y esta es una publicidad muy delicada. El tipo de anuncio, la forma de comunicar, es muy compulsiva: juega, gana... Está hecho para captar la atención de las personas que ya tienen un problema. Igual que los anuncios de otras apuestas deportivas en las retransmisiones, que están dirigidos claramente a jóvenes. Es una cosa muy estudiada y se puede delimitar. El tipo de mensaje que se da, la facilidad de uso, que ganes seguro alguna vez al principio… Estamos hablando de un drama de muchas familias. Regular todo esto es necesario pero no la única solución.
 
Hablaba de que no hay un perfil fijo de adicto a nivel general. En estos casos, ¿afecta más a los jóvenes?
No. Ni cuando hablamos de las nuevas tecnologías ni en otros hábitos, como la adicción al trabajo, a las compras... que son más recientes pero están emergiendo. En el uso general que hacemos de las tecnologías todos nos tenemos que mirar. Cualquier persona, de la edad que sea, muchas veces hace un mal uso, nos distraemos, hay accidentes… Sí es verdad que, por nativos digitales, los jóvenes las conocen mejor, para bien o para mal. Tienen más acceso y hay más cultura tecnológica entre ellos que entre las personas de más edad. Pero en general hay un uso descontrolado o poco consciente porque son cosas muy cambiantes y tenemos menos información o sabemos menos usarlas. A la vez es algo muy cotidiano y lo hemos normalizado.

¿Cuál es el tratamiento?
Evaluamos cada situación e intentamos personalizar mucho el tratamiento. En muchos aspectos es como una adicción más. El consumo o el hábito adictivo es un factor más pero entendemos que no es el único problema, trabajamos con la persona de forma integral. Si está enganchada a los videojuegos o a las redes miramos si es porque busca la gratificación en ellas al ser más fácil, porque tiene baja autoestima, por complejos, porque su vida no le satisface y busca estímulos… Tenemos una fase de ingreso pero no siempre es necesario. Y es muy importante asesorar a las personas que están en el entorno sobre cómo actuar y cómo ir cambiando la forma de abordar el problema. Muchas veces las familias tampoco han sabido gestionarlo. También tenemos un área muy importante de prevención y de sensibilización.

¿Qué opina del nuevo Plan de Adicciones? ¿La administración hace lo suficiente?
Sé que hay sensibilidad, se está recogiendo el tema de prevenir estos aspectos, aunque llega tarde. Iniciativas de estas ha habido pero llevamos con estos problemas mucho tiempo. También las asociaciones de profesionales van muy lentas. Muchas veces las instituciones más académicas no terminan de reconocer como adicción algunos de estos aspectos. Los cambios sociales y tecnológicos son muy vertiginosos y vamos siempre a la cola. Pero hay que ver la parte positiva: la gente está aprendiendo, a base de equivocarse, a utilizar estas tecnologías y a veces en los mismos problemas está la solución. Disponemos de muchas aplicaciones de control parental, de autocontrol para los jóvenes… No se trata de demonizar las tecnologías porque también nos aportan muchas facilidades. Lo que hay que hacer es ser realista y no hacer la vista gorda, porque sí hay casos reales.