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La primera ministra británica, Theresa May, regresa a su residencia oficial en el 10 Downing Street, en Londres. Will Oliver / EFE

La conservadora Theresa May, la segunda mujer después de Margaret Thatcher al frente del Gobierno británico y conocida como la "nueva dama de hierro", sorteó este miércoles la moción de confianza presentada por su grupo en desacuerdo con el pacto del brexit, cuya defensa ha estado cerca de hacerla pedazos.

La suya es una historia de supervivencia a todos los obstáculos y es que la fortaleza indiscutible de la primera ministra británica, que se está dejando la piel negociando un acuerdo para la salida del Reino Unido de la Unión Europea, ha impedido que sus propios compañeros del Partido Conservador le arrebaten el poder.

Ganada la moción, su partido no podrá instigar otro desafío durante un año, lo que permitirá a la dirigente seguir peleando por lograr un mayor respaldo al tratado con el que el país dejaría el bloque comunitario el próximo 29 de marzo.

Prevalece la amenaza, no obstante, de afrontar una moción de censura contra su Gobierno por parte de la oposición y el ala dura de su formación, los 117 parlamentarios que votaron contra ella.

May, asediada por euroescépticos y proeuropeos, emprendió las negociaciones del divorcio con Bruselas tras el referéndum de junio de 2016 en el que así lo decidieron el 51% de los británicos, respaldada entonces ampliamente por las filas tories.

Tras superar incontables escollos, se fue quedando sin ejército en la contienda, pero aun así no ha perdido el trono, desde el que intentará mejorar su tratado, con la esperanza de seducir a los parlamentarios británicos y que terminen por darle el visto bueno.

La soledad política de May, de 62 años, se hizo palpable cuando tuvo que suspender este lunes la votación del acuerdo en Westminster.

El liderazgo consiste en tomar las decisiones "correctas" no las "fáciles", advierte May, nacida el 1 de octubre de 1956 en el seno de una familia modesta, donde dicen que heredó la fuerte rigidez moral de su padre, un pastor anglicano.

Arrastrando el revés electoral

Criticada por los líderes europeos y abandonada entre otros por el exjefe de la diplomacia Boris Johnson, que no ha cesado de dinamitarla, y por los ministros que negociaron el brexit, Dominic Raab y David Davis, la primera ministra no se amedrentó, transmitiendo una imagen imperturbable y robótica.

No humanizaron tampoco a esta política "difícil", como muchos la califican, sus bailes con el Dancing Queen de ABBA en el congreso del partido, después de hacerse virales sus rígidos movimientos de brazos y piernas al son de música africana.

La perseverancia de May es patente y sigue convencida de que su acuerdo es el más equilibrado para lograr reunificar un país dividido por la mitad y presume de que, sin ella, es posible una salida abrupta del Reino de la UE o, incluso, que no salga.

Fue tras el referéndum cuando May, que abogaba entonces por la permanencia en el bloque, alcanzó el poder en sustitución de David Cameron, de quien fue ministra del Interior durante seis años.

Limitar la inmigración, uno de las promesas que dio alas al brexit, es la baza que más gusta a esta tozuda política, quien, para reafirmarse en las negociaciones con Bruselas, decidió convocar una elecciones generales arriesgadas en junio de 2017.

El tiro le salió por la culata y perdió la mayoría absoluta, quedando en manos de un partido norirlandés que le da la espalda por el punto más conflictivo del pacto: el carácter indefinido de una salvaguarda que evite una barrera física entre las dos Irlandas, lo que irrita también a los euroescépticos.

Momento histórico

Nacida en Eastbourne, al sureste del Reino Unido, pasará a la historia por haber sido la primera en activar el artículo 50 del Tratado de Lisboa, que regula la salida de un país de las instituciones europeas, el 29 de marzo de 2017.

Estudió Geografía en la Universidad de Oxford, donde conoció a su esposo, el banquero Philip May con el que no tiene hijos, y, tras trabajar en el Banco de Inglaterra, se metió en política en 1986.

Es diputada desde mayo de 1997 y ha sido miembro de los "gobiernos en la sombra" de cuatro líderes conservadores. Cuando presidió el partido entre 2002 y 2003, May ganó protagonismo al instar a los militantes a acabar con la imagen de nasty party (partido antipático) que se había ganado su formación.

Con la victoria de su predecesor, David Cameron, en las elecciones de 2010, fue nombrada ministra del Interior, cargo que simultaneó con el de titular de Igualdad y Mujer hasta 2012.

Ahora, como primera ministra, continúa siendo la cabeza visible de un momento histórico en el Reino Unido: revertir la decisión tomada en 1972, cuando este país se incorporó al bloque europeo.